El síndrome Stendhal

Nuestro especialista en hamburguesas, Marcello Lara, asegura que sufre de algo parecido al síndrome de Stendhal —experimentar emociones extremas ante la belleza del arte— cuando come hamburguesas, y nos invita a seguir su cuenta de Instagram para saber cuáles son.

Texto de 20/11/20

Nuestro especialista en hamburguesas, Marcello Lara, asegura que sufre de algo parecido al síndrome de Stendhal —experimentar emociones extremas ante la belleza del arte— cuando come hamburguesas, y nos invita a seguir su cuenta de Instagram para saber cuáles son.

El señor Henri-Marie Beyle, también conocido como Stendhal, además de ser uno de los escritores más importantes del realismo en el siglo XIX, era, como uno podría esperar de un prolífico e importante escritor, un tipo extremadamente sensible. Tanto así que sufría de una condición psicosomática que, con el paso de los años, sería diagnosticada como un síndrome que hoy lleva su nombre: el síndrome Stendhal. Cuenta la historia que, ante la presencia de obras de arte que él, en su sensibilidad, consideraba como bellas, sufría de una emoción sobrecogedora que le nublaba la vista, lo mareaba y lo dejaba completamente inmóvil. Técnicamente, según una rápida revisión en Wikipedia, el síndrome Stendhal “causa un elevado ritmo cardíaco, vértigo, confusión, temblor, palpitaciones, depresiones e incluso alucinaciones cuando el individuo es expuesto a obras de arte, especialmente cuando estas son particularmente bellas o están expuestas en gran número en un mismo lugar. El síndrome Stendhal se ha convertido en un referente de la reacción romántica ante la acumulación de belleza y la exuberancia del goce artístico”. No quiero presumir, querido lector, pero me ha pasado lo mismo, y no sólo con obras de arte.

Yo me pregunto si alguna versión de tal síndrome existe para cuando uno está en contacto con una obra de arte culinaria. ¿Se puede considerar a la cocina como un arte formal? Podría ser, sin duda. Tal vez alguno de ustedes que sea psiquiatra, terapeuta, psicoanalista o psicólogo, podría ayudarme a corroborar esto. Lo pregunto porque yo sufro de ese síndrome cuando pruebo una buena hamburguesa. No siempre, no regularmente, pero sí me ha sucedido en incontables ocasiones. Es un estado de éxtasis casi absoluto donde el paladar manda y un servidor cae rendido ante la belleza y la perfección. Mis ojos se ponen en blanco, la sonrisa hasta duele, me falla la respiración y siento que se me va la vida. Aunque suena como una situación no muy agradable, es una experiencia increíble.

¿A qué viene esta reflexión?, se preguntará usted. A que me ha estado sucediendo en fechas recientes. No sé si es por el estado anímico alterado en el que he estado desde marzo pasado, con la llegada del encierro por la pandemia; no sé si es porque, con la edad, me he vuelto más sensible; no sé si es porque en fechas recientes he probado muchas nuevas y maravillosashamburguesas. Como ya lo expuse en la columna del mes pasado, y contrario a lo que uno pensaría, aunque el encierro por la contingencia sanitaria ha significado una temporada complicadísima para la economía de los restaurantes, la hamburguesa ha prevalecido e, incluso, crecido entre el público. Tan sólo en los meses de septiembre y octubre pasado yo probé cerca de doce hamburguesas nuevas. ¡Increíble! En medio de la pandemia han nacidoburger joints. Y, lo más increíble, es que, de esas doce, probablemente diez estuvieron muybuenas, cuatro estupendas y dos de ellas, sí, dos, me generaron la respuesta romántica y sobrecogedora que se produce por el síndrome Stendhal.

“Soy un tipo sensible. Puede sonar muy trillado y curioso que lo mencione; sangrón, inclusive. Lo siento. No lo puedo negar ni evitar. Pero las hamburguesas producen eso en mí.”

Me gusta constatar que, antes que nada, soy un tipo sensible. Puede sonar muy trillado y curioso que lo mencione; sangrón, inclusive. Lo siento. No lo puedo negar ni evitar. Pero las hamburguesas producen eso en mí. Por lo visto no soy al único, porque el simple hecho de que haya tantas nuevas hamburguesas y hamburgueserías, tan sólo en la CDMX, atestigua el enorme crecimiento que este platillo tiene en la vida moderna. Y ya ni les digo lo que sucede en Monterrey, Guadalajara, Querétaro y Mérida. En fin, en toda la República Mexicana. En segundo lugar, es un testimonio de cómo la pandemia nos ha mostrado un nuevo modo de acceder a las cosas y al mundo. Yo quiero el mundo postcovid lleno de hamburguesas para todo el mundo. ¿Quieren saber cuáles hamburguesas me han producido la respuesta Stendhal? Vaya a mi cuenta de Instagram y admire. Tal vez usted también caiga ante el embrujo. EP

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