Adelantos: Alas

En Adelantos les traemos fragmentos de novedades editoriales. Alas es la primera novela rusa que narra un amor romántico homosexual, y lo hace de una manera bellísima, con la delicadeza y la inteligencia que cabría esperar en un autor como Kuzmín, a través de una historia con ciertos tintes autobiográficos, en apariencia muy sencilla pero que, bajo una superficie tranquila, esconde el océano turbulento de cualquier ser humano en sociedad.

Texto de 23/01/20

En Adelantos les traemos fragmentos de novedades editoriales. Alas es la primera novela rusa que narra un amor romántico homosexual, y lo hace de una manera bellísima, con la delicadeza y la inteligencia que cabría esperar en un autor como Kuzmín, a través de una historia con ciertos tintes autobiográficos, en apariencia muy sencilla pero que, bajo una superficie tranquila, esconde el océano turbulento de cualquier ser humano en sociedad.

PRIMERA PARTE

En el vagón, que se había vaciado un poco al despuntar el día, comenzó a clarear. A través de las ventanas empañadas podía verse, aunque ya era el final de agosto, el verdor brillante e incisivo de la hierba, los caminos encharcados, las carretas de las lecheras ante las barreras cerradas de los pasos a nivel, las garitas de los guardias y las veraneantes de paseo bajo sus sombrillas de colores. En las estaciones, numerosas y monótonas, se juntaban en el vagón nuevos pasajeros del lugar con carteras, y se veía que el vagón y el recorrido no eran para ellos ni una época ni un episodio de sus vidas, sino una parte habitual de su programa diario. El banco en el que iban sentados Nikolái Ivánovich Smúrov y Vania1 parecía el más serio e importante de todo el vagón. Las maletas fuertemente atadas, las correas con almohadas, el anciano señor de pelo largo sentado enfrente con su bolso, pasado de moda al hombro… Todo hablaba de un largo viaje, menos rutinario y más descubridor de una época. 

Vania observaba un rojizo rayo de sol que centelleaba con resplandor parpadeante a través de los torbellinos de vapor de la locomotora, y miraba el rostro atontado de Nikolái Ivánovich dormido. Vania recordó la voz estridente de esta especie de hermano que le decía allá lejos, en la antecámara, en casa: «Ya no te queda ningún dinero de tu madre. Sabes que no somos ricos, pero estoy dispuesto a ayudarte como a un hermano. Todavía te quedan muchos años de estudio, y yo no puedo acogerte en mi casa. Por eso te enviaré con Alexéi Vasílievich e iré a visitarte. Es un sitio alegre y allí puedes conocer a gente importante. Debes hacer un esfuerzo. Natasha y yo estaríamos encantados de acogerte, pero eso es totalmente imposible. Serás más feliz con los Kazanski: allí siempre hay gente joven. Yo pagaré por ti. Cuando nos separemos, te descontaré los gastos». Vania le escuchaba sentado en la ventana de la antecámara, mientras contemplaba cómo el sol iluminaba la esquina del baúl, los pantalones a rayas grises y violetas de Nikolái Ivánovich y el suelo barnizado. No se esforzaba por comprender el sentido de aquellas palabras. Pensaba en cómo murió mamá, en que pronto la casa se llenó de mujeres, antes desconocidas y ahora increíblemente íntimas, y recordaba el ajetreo, los funerales, el entierro y el súbito vacío y la soledad después de todo aquello. Y, sin mirar a Nikolái Ivánovich, sólo decía maquinalmente: «Sí, tío Kolia». Aunque Nikolái Ivánovich no era su tío, sino su primo hermano.

Y ahora le parecía extraño tener que viajar con esa persona totalmente ajena a él, estar tanto tiempo a su lado, hablar de negocios, hacer planes. Vania estaba un poco desilusionado, aunque ya lo sabía desde antes, de no entrar en Petersburgo bajo un gran arco directamente hasta el centro, atestado de palacios y enormes edificios, rodeado de gente, de sol y de música militar, sino que, tras el humo y el hollín, se extendían huertas inmensas al otro lado de empalizadas grises, cementerios que parecían desde lejos románticos bosques y apestosas casas de seis pisos para obreros situadas entre cabañas de madera. «¡Y así es Petersburgo!», pensaba Vania con desilusión y curiosidad mientras miraba las caras de pocos amigos de los mozos de cuerda. EP


1Hipocrístico de Iván, como también lo son los Ivánushka o Vanéchka, que aparecerán a lo largo de la novela.

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