Blog de la casa: Ya lo dijo Chaplin: un día sin risa es un día perdido

Durante varios años, “Poliedro” fue la sección principal de las centrales de la revista Este País. Con el propósito de honrar a esa tradición impresa y renacer como EP en línea, hemos nombrado “Poliedro Digital” al blog semanal de la Redacción que, al tener diversos colaboradores, es como ese cuerpo geométrico de “muchas caras”.

Texto de 13/09/18

Durante varios años, “Poliedro” fue la sección principal de las centrales de la revista Este País. Con el propósito de honrar a esa tradición impresa y renacer como EP en línea, hemos nombrado “Poliedro Digital” al blog semanal de la Redacción que, al tener diversos colaboradores, es como ese cuerpo geométrico de “muchas caras”.

Porque a veces dan ganas de ponerse en plan un tanto académico, he aquí un rápido vistazo al significado que en tiempos remotos se le daba a la risa.

En un ensayo de título “La risa ritual en el folklore”, Vladimir Propp explica que, en el pasado, la risa poseía un determinado sentido religioso, ritual: “Nosotros no nos reímos como se reía en otros tiempos. Por eso sea tal vez imposible ofrecer una definición filosófica general de lo cómico y de la risa; una definición así sólo puede ser histórica”.

De acuerdo con el folclorista ruso, hay varias categorías de la risa propias de determinado periodo del desarrollo económico y social de los pueblos. Es decir que hay una conexión entre los tipos de risa y la situación que se está viviendo en ese momento en la sociedad en cuestión.

Antiguamente se creía que la risa poseía una fuerza mágica, gracias a la cual se podía contrarrestar la influencia de las fuerzas del mal. La forma más temprana de la naturaleza mágica de la risa se basaba en la idea de que los muertos no ríen, sino que sólo lo hacen los vivos, de ahí el motivo de la prohibición de la risa en varios mitos. Quien en vida entraba al reino de los muertos debía ocultar que estaba vivo, ya que, de lo contrario, provocaría la ira de sus moradores por haber atravesado el umbral de lo prohibido, y dado que reír lo delataría como alguien vivo, debía evitar hacerlo. Como explica Propp, prohibiciones de este tipo se encuentran no sólo al entrar al reino del más allá, sino que, en general, no se puede reír en el Otro mundo. Esto tiene que ver con la idea de la oposición entre la vida y la muerte, pues a la risa “se le atribuye la facultad no sólo de acompañar, sino también de suscitar la vida”. Es por ello que el retorno a la vida, el momento del nuevo nacimiento, va acompañado de la risa, pues a ésta se le consideraba un procedimiento mágico para crear vida, de ahí que se le atribuyera una fuerza mágica. En el folclore de ciertas culturas se tenía la creencia de que ríe la divinidad que crea el mundo, así como ríe la diosa de los partos, ríe la madre o la embarazada y ríe el joven que renace simbólicamente en este mundo. Así pues, reír es realizar el acto mágico más ancestral que contribuye a la creación de la vida.

Esta antigua visión que se tenía de la risa sufrió un cambio muy drástico con la llegada del cristianismo, pues según éste quienes ríen son la Muerte y el diablo, ya que el dios cristiano nunca ríe.[1]

Los religiosos medievales tenían una apreciación negativa de la risa, a la que relacionaban con la culpa. De ahí que en el universo de la cristiandad, el no reír aparezca muchas veces como indicio de santidad.

Fue así que, con el cristianismo, la risa perdió su originario y atractivo valor mágico. EP

[1] Vladimir Propp, “La risa ritual en el folklore”, en Edipo a la luz del folklore y otros ensayos de etnografía, Bruguera, Barcelona, 1988, pp. 85-138.

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