El racismo no se destruye, se transforma: entrevista con Jumko Ogata Aguilar

Conversamos con Jumko Ogata Aguilar sobre su más reciente libro, “¡Quiero ser antirracista!”.

Texto de & 30/09/25

Conversamos con Jumko Ogata Aguilar sobre su más reciente libro, “¡Quiero ser antirracista!”.

¡Quiero ser antirracista! Un manual práctico (Grijalbo, 2025) de Jumko Ogata Aguilar es una guía que busca desmantelar la estructura del racismo sistémico en México y Latinoamérica. El manual aborda conceptos clave como racialización, blanquitud. Busca que el público se cuestione y asuma la responsabilidad individual necesaria para construir una realidad distinta.

Jumko Ogata Aguilar es una escritora, traductora y divulgadora, licenciada en Estudios Latinoamericanos por la UNAM, originaria de Veracruz. Ha enfocado su trabajo en la identidad, la racialización y el antirracismo. La autora ha impartido talleres sobre estos temas en diversos espacios y es conocida por su trabajo de traducción de obras afrofeministas al español mexicano, como Hermanas del ñame de bell hooks.

Gina Velázquez (GV): El título es una afirmación y una declaración de intenciones: ¡Quiero ser antirracista! ¿Qué mensaje buscas transmitir con esta elección y por qué era esencial el subtítulo “Un manual práctico”?

Jumko Ogata Aguilar (JOA): Cuando estábamos pensando en los posibles títulos, lo que sí era seguro era incluir “Un manual práctico”, porque quería que fuera interactivo, que fuera una experiencia de reflexión; que si le quieres rayar al libro tus respuestas —al final de cada capítulo hay una sección de preguntas— pudieras hacerlo. A mí me encanta cuando la banda manosea, dobla, interviene en el libro. Creo que eso enriquece el proceso de lectura, sobre todo con un libro como este que apela al pensamiento crítico.

Me costó muchísimo decidir el título. Siempre me cuesta: es lo último que hago. El espíritu era no afirmar que ya soy la máxima pensadora antirracista ni juzgar a quienes lean, que han sido parte de este sistema racista o han dicho o pensado cosas racistas. La idea era: ¿cómo invitar a las personas, desde la curiosidad, a conocer más y a participar?

Por eso me gusta ¡Quiero ser antirracista! Reconoce que es un proceso constante de aprendizaje. Es un recordatorio para mí misma: “Eso es lo que quiero, entonces, ¿qué voy a hacer para ir hacia ese lado?”. Y también para los demás. Incluso me gusta esta onda de manifestar: si dices lo suficiente “quiero ser”, puedes dirigir tu conciencia hacia allá. Que sea una invitación para que las lectoras y lectores aprovechen este espacio como introducción.

Muchas personas me preguntaban: “¿Y cómo empiezo?”. Este libro es esa respuesta, un punto de partida. No es lo único ni lo definitivo.

GV: En un contexto donde el racismo tiene pocos años que se empieza a nombrar en México, ¿cuál fue tu proceso personal para conceptualizar el problema, más allá de la teoría académica?, ¿qué panorama ves ahora, desde que empezaste a abordar el tema hasta hoy?

JOA: Creo que mucho de mi pensamiento antirracista viene de mis experiencias y de escuchar a personas de mi familia, amistades, seres queridos. Entender que esas cosas que les pasaban no eran azar, sino la forma en que se despliega un sistema.

Los cambios que he visto desde que empecé hasta ahora son que parece que ya no hay tanto racismo o que no es tan evidente. La clave está en que los sistemas se adaptan, se transforman, se hacen más difíciles de identificar. Tenemos que estar a las vivas para reconocer esas formas de violencia y detenerlas antes de que empeoren.

También quise meter preguntas en el libro porque, desde que empecé en 2023 hasta su publicación, han salido informaciones nuevas: sobre inteligencia artificial, sobre la representación de comunidades. En dos años hemos visto el primer escándalo con el Papa vestido con Balenciaga, hasta ejemplos más graves como pedirle a un generador de imágenes un retrato y que, dependiendo del género o la raza, te sexualiza. La lección ha sido que el racismo no se destruye, se transforma. Para oponernos tenemos que entender cómo.

GV: ¿Qué recursos o estrategias utilizaste en la escritura para abordar un tema tan denso y doloroso, y evitar que la reflexión se sienta abrumadora para quien te lea?

JOA: Mi idea fue usar un lenguaje accesible. Cuando uso términos especializados, explicarlos enseguida. Me inspiré en teóricas como bell hooks o Paulo Freire, que escriben de forma comprensible. Quería que fuera en clave de diálogo, como una conversación. Lo escribí pensando en que algunas personas lo leerán en una tarde, pero otras necesitarán pausas. Pueden sentirse sobrecogidas como en terapia, cuando entiendes por qué te pasaron cosas. La sociedad dice que “no es para tanto, que era broma”, y terminas interiorizando eso. Yo quería que el libro acompañara en ese proceso.

GV: ¿Cómo equilibraste esa voz amigable con el rigor de usar los términos adecuados y no endulzar el tema como si fuera superficial?

JOA: Lo pensé como si escribiera un taller. He dado muchísimos, en comunidades indígenas, afromexicanas, contextos urbanos, con personas blancas. Aprendí qué funciona y qué no. Es el resultado de años de ensayo y error. Uso métodos pedagógicos que invitan a la conversación y la curiosidad. También aprendí de colegas como Mohamed Amjahid, en Alemania. Una vez, en un evento, alguien dijo cosas racistas y yo me alteré. Él, en cambio, respondió con calma y datos, no desde lo visceral. Eso me enseñó a elegir batallas y a no justificar constantemente la humanidad, como dice Toni Morrison.

En el libro intento eso: aportar datos y experiencias, pero no desgastarme convenciendo a quien insiste en negar la realidad. Prefiero enfocarme en quienes tienen un interés sincero, porque desde ahí se crean cambios sustanciales.

GV: ¿Has pensado en cómo tu libro podría incidir, tal vez, en políticas públicas o en la educación pública? 

JOA: Es algo que tengo presente. Sé que un libro no va a cambiar el mundo ni crear una revolución; pero valoro la calidad sobre la cantidad. Quizás no llegue al secretario de Educación, pero sí a docentes que lo usan en sus clases de formación cívica y ética.

Eso es valioso, porque permite que estudiantes tengan acceso a un conocimiento que yo tuve hasta los veintitantos. También escribí un capítulo sobre educación, porque ahí vivimos muchas primeras instancias de violencia racista y también donde podemos cambiar algo.

GV: Si tuvieras que escribir una secuela, ¿en qué te gustaría enfocarte?

JOA: En la tecnología. En otros países ya se discute cómo los algoritmos reproducen sesgos racistas y toman decisiones que afectan vidas. Aquí aún no con la fuerza suficiente, pero ya avanza. Lo vemos en el arte, la escritura, la publicidad. También en ejemplos como la jueza que usó inteligencia artificial para felicitar el Día de la Mujer Indígena rodeada de imágenes falsas de mujeres indígenas, o en TV Azteca con un video de Benito Juárez manipulado. Eso es racista, porque pone palabras en boca de un presidente indígena y además lo blanquea. Si no regulamos, va a empeorar.

GV: ¿Algo que quieras añadir?
JOA: Hablar de estos temas puede ser doloroso, pero el libro también está arraigado en la esperanza. No siempre fue así y podemos deshacerlo, aunque tarde siglos. Lo importante es no olvidar que las cosas pueden ser distintas y que podemos contribuir a esos cambios. EP

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