Líneas perdurables | Miradme, al menos

En estas Líneas perdurables, Jaime Septién nos cuenta, a partir de un famoso madrigal, un par de leyendas sobre el poeta sevillano Gutierre de Cetina.

Texto de 11/07/25

En estas Líneas perdurables, Jaime Septién nos cuenta, a partir de un famoso madrigal, un par de leyendas sobre el poeta sevillano Gutierre de Cetina.

¿Puede un poeta ser recordado como el autor de un solo poema? ¿De un solo verso? Sí y no. Sí, porque ese poema, quizá ese verso, se ha popularizado en las aulas y en los concursos de declamación —tortura a la que éramos sometidos en la primaria—. No, porque hace tabula rasa de toda la demás producción del autor.

Del primer caso, el de un solo poema, viene a cuento el poeta-soldado sevillano Gutierre de Cetina (c.1520-c.1560) Mal se sabe si murió emboscado en Puebla de los Ángeles por un despechado don Hernando de Nara, luego que Gutierre le hubiese llevado serenata a doña Leonor de Osma, o si falleció en su ciudad natal por las heridas de los duelos a los que era tan proclive.

Del segundo caso, el recuerdo popular una sola línea, pues ahí está el primer verso del poema de amor número XV de Pablo Neruda: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente…”

Como el de Cetina, muchos caballeros sevillanos habían “hecho las Américas” en busca de fortuna y de aventuras románticas. ¿Habrá sido doña Leonor de Osma la musa a la que le dedicó su célebre composición de diez versos entreverados de siete y once sílabas llamado madrigal? Ella o cualquiera otra de su corta y donjuanesca vida.

Lo cierto es que este juego poético de tema amoroso que había iniciado en Italia (un puzzle melódico, de rimas consonantes que si se toman de dos en dos y se revuelven dicen lo mismo, pero con otra estructura…, etcétera) ha sido calificado por la crítica como un madrigal perfecto.  Y a fe que lo es:

Ojos claros, serenos,
Si de un dulce mirar sois alabados,
¿Por qué si me miráis, miráis airados?
Si cuando más piadosos,
Más bellos parecéis a aquel que os mira,
No me miréis con ira,
Porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay, tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
Ya que así me miráis, miradme al menos.

Corre otra leyenda de don Gutierre. Que murió encerrado en los muros de un convento. Que de tanto y tanto batallar porque lo miraran al menos, se hizo sacerdote y cambio las artes del espadachín por los humos purificantes del incienso. Todo puede ser. EP

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