Tutti a casa, c’è il coronavirus! Entrevista a Cynthia Rodríguez, mexicana en cuarentena en Italia

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP

Texto de 08/04/20

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP

La periodista mexicana Cynthia Rodríguez cumple dos meses de encierro en Milán. Junto a su esposo, un funcionario público nacido en Sicilia, emigró de México en 2006. Hoy, con sus dos gemelos de seis años y un hijo de tres, la creadora del blog Radio Italia, donde narra su aislamiento, resiste dentro de su pequeño departamento del norte de Italia. Con 135 mil contagios y 17 mil muertos, ese país es el epicentro mundial de la pandemia. ¿Cómo vive la familia de esta mujer de 46 años una cuarentena que se sigue prolongando? ¿Qué pasa por la mente de sus hijos ante el miedo por el coronavirus, el enemigo invisible? ¿Qué observan desde su ventana, único acceso hacia el exterior? La egresada de la UNAM nos cuenta.

Aníbal Santiago (AS): ¿Cómo era tu barrio antes de la cuarentena?

Cynthia Rodríguez (CR): Lorenteggio es un barrio vivo, popular y periférico, a 20 minutos del centro. Hay un chorro de migrantes: aquí está el Barrio Hebreo (Quartiere Ebraico), el Colegio Japonés (Scuola Giapponese di Milano), y hay muchos árabes, latinos. 

AS: ¿En qué momento las noticias del coronavirus empezaron a preocuparte?

CR: Al principio veía las noticias y estaba despreocupada, pero empecé a tomar atención a mediados de enero, cuando llegaron dos ciudadanos chinos que se enfermaron. Entonces sí, el escándalo: “¡Ya llegó el coronavirus!”.

Pero el termómetro fue cuando avisaron que cerraban las escuelas de Lombardía (Milán es capital de esa región) y sus cinco regiones colindantes: se había localizado un foco de infección una hora al norte de Milán, en el Basso Lodigiano. Al principio pensamos que los niños podían seguir yendo a natación, a música, al futbol, pero inmediatamente fue: “cerrado todo”.

AS: ¿Cómo estaba entonces tu ánimo?

CR: Nos avisaron y puse en Facebook: “tengo más miedo a mis tres niños que al coronavirus”. Ese era el tono: pensábamos que sería una semana o algo así, pero pronto iniciaron las compras de pánico.

AS: ¿Qué otras medidas se empezaron a tomar?

CR: Lo primero, cerrar el Basso Lodigiano (viven ahí 90 mil personas). Militares y carabineros lo cercaron con 35 puntos de control: nadie salía. Y después (las autoridades) avisaron “Se cierra la Lombardía completa”. Ahí dijimos, “Híjole, ¿en serio?”. Eso dio mucho miedo a la gente que vive aquí pero nacida en el sur de Italia. Dijeron: “nos van a encerrar, salgamos”. Tomaron los trenes por asalto: en dos días bajaron 100 mil habitantes: un tsunami. La gente de Apulia, Nápoles o Sicilia llegó a enfermar a sus familias, que ahora estaban en el hospital. Las autoridades dijeron “Por eso Italia se cierra y ya no se muevan”. Si eso estaba pasando en el norte donde la sanidad es de excelencia, imaginemos lo que pasará en el sur donde la sanidad siempre ha sido muy escasa. (La cuarentena) se ha ido alargando: la noticia era que ya no regresaríamos una semana después sino hasta el 15 de marzo, y después que el 3 de abril. Y después ya no se sabe…

AS: ¿Qué efectos del encierro ves en tu departamento?

CR: Baja tu ánimo: te enteras por las noticias pero el sonido de la ambulancia te recuerda que algo está pasando. Hablo con amigos y los escucho preocupados: conocen personas que murieron. Al inicio de la emergencia mis post de Facebook eran jocosos. Hoy no encuentro espacio para eso. 

AS: ¿Ha tenido momentos distintos esta nueva vida en el departamento?

CR: Antes venía una señora que nos ayudaba y ya no. Aunque con tres niños el orden te dura 5 horas, sí se notaba. Mi casa es un caos (ríe). Desayunamos, tratamos ordenar, limpiamos y después hacemos la tarea, pero eso también ha sido para ellos cada vez más pesado. Tenían una disciplina en la escuela y la van perdiendo. Me dicen, “¿por qué tenemos que hacer la tarea aquí?”, “¿te crees la maestra o qué?”, o en burla me llaman “maestra”. Cada vez que nos mandan más tareas voy perdiendo la esperanza de regresar este año. 

AS: ¿Qué causa el aislamiento en ellos? 

CR: Preguntan por qué no salimos y les explicamos que hay una enfermedad que no se conoce, el coronavirus. Cada vez es más estricto el no salir y sienten más la necesidad de hacerlo porque hay días muy soleados. Nos dicen “vamos al parque” y es “no, ahí está el coronavirus”. Como oyen esa palabra 100 veces al día, me pidieron mostrarles unas imágenes en el teléfono, y entonces dibujaron al coronavirus como un círculo con tentáculos, como pulpo. Lo ven como alguien malo que los tiene encerrados, no los deja ir a la escuela, y que nos interrumpió la vida. 

AS: ¿Se asoman por la ventana?

CR: Un entretenimiento es ponernos en la ventana a ver la calle, nada más. El otro día el chiquito me dijo “¿por qué hay gente en la calle’” y ahí le dije, “no sé, no deberían”. Les empezó a gritar: “¡Todos a casa, ahí está el coronavirus!” (“Tutti a casa, c’è il coronavirus!”). Para todo están gritando. Pasan del juego, de estar súper contentos, a llorar y gritar. Los veo y no les digo nada. Pero el otro día llegó mi marido y les dijo: “ya no hagan ruido, van a molestar a la gente”, y yo le dije: “no, espérate, se tienen que desahogar”. Cada quién tiene su catarsis. Un día estábamos aquí cocinando, y a uno le salió lo reflexivo. Se volteó y me dijo: “oye, ¿cuándo acaba esto del coronavirus?”, y luego el más chiquito me preguntó para qué servía el coronavirus. Se han portado bien, están resistiendo.

AS: ¿Cómo está la disciplina con las salidas? 

CR: Quien tiene perro puede sacarlo, los perros son ahora muy preciados. Digo, “¿cómo no se nos ocurrió? (ríe)”. Tener uno hubiera sido buen pretexto para salir. En Cerdeña le preguntaba un señor al alcalde, “¿puedo sacar a mi perro?”. Y él le decía, “siempre y cuando esté vivo”, porque una persona había salido con un perro de peluche. Al principio veía la ida al súper como una oportunidad para salir, por eso no exageraba en las compras para regresar en cuatro días. Ya no. La última vez que necesitaba hacer compras le dije a mi esposo “ve tú” y me dijo: “no, es tu única oportunidad de salir”. Lo haces con un certificado declarando que no estás en cuarentena médica, que no has estado cercano a alguien con coronavirus, que estás enterado de todas las reglas y que sales solo por algo permitido, como el súper o la farmacia. Llevo guantes de látex, una mascada en la boca y alcohol para manos.

AS: Háblame del espacio de Milán que más extrañas en esta cuarentena.

CR: El Parque Sempione, donde está el Castello Sforzesco. Vamos todos: es muy grande y siempre hay exposiciones, y cuando empieza el calor hay conciertos todo el tiempo, en cada rinconcito. Llega la gente y se pone a tocar lo que sea. Los italianos son muy musicales, muchísima gente toca un instrumento y les gusta mucho cantar. Mis hijos son súper alegres, expansivos, bailan y platican con todo mundo. Pasé al parque al inicio de la emergencia y lo vi solito: raro.

AS: ¿Algún conocido tuyo ha enfermado?

CR: Una amiga. Está en su casa aislada, no hay lugar en el hospital; ya tiene amigos a los que se les murieron sus papás. La gente se está muriendo sola y sin la posibilidad de ver a sus familiares, con esa angustia: eso me pone muy triste. En Bérgamo llegaron (camiones militares) de madrugada al panteón por cadáveres: ya no cabían en el panteón.

AS: ¿Conoces hospitales de Milán donde se esté viviendo la emergencia?

CR: El San Carlo (Borromeo), que está atendiendo a pacientes COVID, y que como todos está a full, con trabajo forzado y sin suficientes médicos. Están enfermando: van 3500 médicos contagiados. El coronavirus bloquea el sistema respiratorio y no puedes respirar autónomamente. El problema es que no hay respiradores para todos y que no ves al enemigo. Los doctores lo dicen: al enemigo los vemos en la cara de los pacientes. Esto sigue avanzando como una mancha voraz y no se pueden bajar ni los contagios ni los muertos, pero lo que está haciendo la sanidad pública es heroico. 

AS: Dado el drama que vive Italia, ¿percibes que hubo omisiones del gobierno?

CR: Ya se detuvo casi todo, ¿qué más cerrar? Pero falta conciencia, mucha gente parada por la policía no tenía motivo para estar en la calle. Hacen su vida como si nada. Todavía hay gente que recuerda la (Segunda) Guerra (Mundial) y lo han dicho: “a nuestros abuelos les pidieron sacrificarse e ir a la guerra para salvarnos: a ti nada más te están pidiendo que te quedes en casa. Es tu oportunidad para cambiar al mundo desde el sillón”.

Esta entrevista —aquí presentada de manera casi íntegra— se realizó originalmente para el sitio de podcasts Así Como Suena. EP

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