Si a los triciclos los atendieran edecanes

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP

Texto de 19/08/20

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP

La alcaldía Miguel Hidalgo amanece en sus calles arboladas, residenciales, fragantes y ostentosas con una sorpresiva estrategia de venta de Nestlé. En triciclos flamantes de manufactura italiana, recién pintados de luminosos blanco y azul y el logo de la trasnacional de las aves en el nido perfectamente estampado, su población puede adquirir lácteos en la puerta de su casa, o en sus senderos afrancesados de aire campestre. 

Los comerciantes recorren los bulevares rebosantes de plantas al estilo de los jardin du château de Versailles. Y cuando los vecinos que hacen jogging o están bajo los portones de hierro de sus mansiones se acercan a ver qué ofrecen esos vehículos limpios y simpáticos (de los que ignoran si hay permisos que los autoricen), se topan con una sorpresa: los vendedores no son señoras y señores de Iztapalapa, Neza o Azcapotzalco. Es decir, no son morenas ni morenos vestidos con lo que pueden, alimentados con lo que hay, procedentes de los sórdidos confines del Valle de México, cansados y sudorosos por el pedaleo incesante durante horas en sus vehículos oxidados y viejos. No, resulta que a los lindísimos triciclos los tripulan vendedores que son edecanes: chicas esculpidas en mallas, chicos de tríceps de gimnasio marcados por playeras ceñidas, todos de pieles blancas y muchos ojos claros, por supuesto, tan exóticos en estos lares.

—Buenos días, alcaldía Miguel Hidalgo.

—Si es tan amable con el doctor Hegel Cortés Miranda, director de Gobierno y Asuntos Jurídicos.

—Con él tiene el gusto.

—Gracias. Soy una vecina de la calle Monte Ararat. Quería denunciar que unas chicas y chicos guapísimos de Nestlé están vendiendo productos en nuestras calles en unos cochecitos súper cool. Es inadmisible.

—Muchas gracias por su denuncia. En esta demarcación, ante la ilegalidad la tolerancia es cero. Procedemos de inmediato al operativo de decomiso y destrucción de dichos vehículos.

¿Podría suceder todo lo anterior? Imposible. En nuestro México siempre serán bienvenidos tanto lo “bello” y occidental como el poder empresarial, legal o no. 

Como sabemos, hace días Hegel Cortés hizo público en Twitter que su gobierno había hecho el “registro” de multitud de triciclos. O dicho sin vueltas, había arrebatado los vehículos a los vendedores (que, desde luego, ni en el más ridículo de los sueños podrán vivir jamás en la Miguel Hidalgo), y que los volverían chatarra. “Durante el recorrido por el almacén de Vía Pública de @AlcaldiaMHmx, se realizó el registro de 140 triciclos resguardados que se han retirado en #Polanco y Granadas, posteriormente se procede a su destrucción”, informó.

“A su destrucción”, fue su expresión, como si hablara de toneladas de drogas de un cártel y no del modo de vida de mexicanos —su único modo—, desesperado recurso para vender pan, atole, chilaquiles, fruta, luego de viajar kms y kms desde el conurbado usando solo la locomoción de sus piernas y en plena pandemia, y así dar de comer a sus familias en estos días de sufrimiento, hambre: según INEGI, 25.6 millones de mexicanos pertenecen hoy al empleo informal. Una locura.

Aunque las redes sociales se organizaron en un conmovedor tsunami contra la injusticia y lograron que se revirtiera la decisión gubernamental, ante las críticas el funcionario insistió: “se lleva a cabo un proceso apegado a la normatividad administrativa”.

MORENA, el partido de los pobres, ¿orilla a los pobres a qué? ¿Qué haces si el gobierno no te da trabajo, la iniciativa privada tampoco, y cuando te autoempleas para tú hallar el sustento sin depender de nadie el gobierno te dice “no te autoemplees, es ilegal, y si lo haces destruiré tus medios laborales”? ¿Cuál es la cuarta salida válida?, ¿mendicidad? ¿Y la quinta?, ¿delincuencia?

Pero no confundamos. No es que la crueldad política de esa izquierda quiera gente desempleada. Eso ni les va ni les viene. Lo que busca es despigmentar, blanquear la realidad: desaparecer a todas esas personas con rasgos que a ellos les molestan, sacar de sus calles esos cacharros de tres ruedas que simbolizan el desamparo, inmunizar a Masaryk de toda esa presencia humana que los incomoda y avergüenza (porque no les gusta mirar lo que somos) para que la alcaldía parezca Beverly Hills y sus habitantes reproduzcan su mundito de fantasía con sus shopping, paseos en autos de alta gama y caminatas.

A meter la pobreza bajo la alfombra. O mejor, a echarla a patadas de regreso a sus ciudades perdidas. Y es que está mal que haya pobreza, y eso seguro lo reconocen, pero también lo toleran. 

Lo que es intolerable, insoportable, inadmisible, es que la pobreza se vea: otra cosa sería si los triciclos fueran italianos y edecanes los manejaran (aunque no tuvieran permisos). EP

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