Pase Ud: Hay aguas frescas, gorditas y pruebas de COVID-19

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP

Texto de 15/07/20

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP

Tiempo de lectura: 4 minutos

“Laserdent”, dice el rótulo gris empotrado en una fachada casera de  cemento viejo y texturizado. A esas nueve letras se las has ido comiendo lo que lo rodea como una bacteria que avanza: la humedad verde negruzca, los cables retorcidos, el cochambre del exterior de este cubil sórdido que parece ser un consultorio cubierto por rejas. Sobre ellas, sujetada con masking y unos cordones, una cartulina avisa: “Pruebas COVID–19 en minutos. Wats 5540083158 CEL. 5545522740”.

El cartel, elaborado en 5 minutos, podría decir “aguas frescas” o “gorditas” o “se reparan teles”, como cualquier changarro de colonia popular chilanga, y no pasaría nada: sería parte de ese encanto de la improvisación nuestra para ganarnos la vida como sea. Pero no, el cartel informa que ahí dentro, en ese rincón de miedo en avenida Miguel Ángel de Quevedo 320 del que ya publicó una foto Reforma, se hacen pruebas sobre la enfermedad que ha matado 36 mil mexicanos, y que al avanzar sin freno nos colocará en días en el podio mundial de cadáveres por coronavirus.

Pronto solo nos superarán Brasil y Estados Unidos. De los 194 países del mundo, solo ellos dos nos ganarán. Abajito, México con su vocación de sufrir. 

Y si digo vocación es porque desde marzo hemos ido a contrapelo de la ciencia, voluntariamente. Con tropiezos, uno tras otro, como prueban los números del horror. Es cierto, como enarbolan a gritos los defensores del sistema, no somos epidemiólogos (y asumen que por eso no tenemos derecho a pensar ni hablar), pero aún atesoramos sentido común. 

Cuando la pandemia asomó a nuestro país apareció un médico que muy pocos conocían, Hugo López-Gatell, que casi asumió el rol de vicepresidente porque su superior, el primer mandatario, se desdibujaba con su criminal irresponsabilidad pidiéndonos que saliéramos, sobre todo a comer platillos típicos, nos abrazáramos y tocáramos, confiáramos en las estampitas religiosas de nuestros bolsillos para matar a ese monstruo farsante al que le veía dimensiones de chiste.

No dudemos que, dada la veneración que causa, multitudes que ya están en urnas vueltos cenizas o bajo tierra con cruces arriba le hayan hecho caso. No les sirvió de mucho para sobrevivir salir a comer delicias mexicanas, abrazarse con su gente ni darle besitos a las estampitas de la Virgen Morena y San Juditas.

López-Gatell, agradable y buen orador, se volvió un figurón, un ser gigantesco que nos protegía con su sonrisa impecable. No solo era simpático, alegre, esbelto, carismático, sino guapísimo, celebraban las redes. Cuando el monstruo del virus avanzaba, el presidente le echaba porras al subsecretario en plena rueda de prensa (“¡No estás solo, no estás solo!”) y buena parte de la opinión pública se rendía ante él por sus dotes intelectuales y hasta físicas. 

“El problema no es que el funcionario ignore cuándo acabará esto (nadie en el planeta lo sabe); el problema es que se aventure a lanzar a la sociedad plazos temerarios que no tienen asidero a la realidad porque no tiene la más remota idea de lo que afirma, y sistemáticamente derrumbe en lo emocional al país.”

“Tranquilos, nos salvaguarda el hombre perfecto”.

Pero pronto López-Gatell empezó a fallar. “El riesgo hoy de transmisión de coronavirus en México es considerablemente bajo”, dijo el 2 de marzo. El riesgo era alto. Falló. “El 19 de abril vamos a poder salir de la gravedad”, dijo el 26 de marzo López Obrador y, visiblemente atemorizado por su jefe, ante los medios Gatell agregó “más o menos”. Falló. “Lo que está previsto es que, posterior a la primera semana de mayo, hacer este proceso de descongelamiento, en donde empecemos a liberar la movilidad de las personas”, dijo el 7 de abril. Falló. “(El confinamiento) nos permitirá que a partir del lunes 18 de mayo (mil municipios) recuperen la normalidad”, dijo el 20 de abril. Falló. “Ya no es conveniente mantener una intensidad de confinamiento generalizada porque existe una importante disparidad entre las zonas en su intensidad de transmisión”, dijo el 12 de mayo. Así estamos.

El problema no es que el funcionario ignore cuándo acabará esto (nadie en el planeta lo sabe); el problema es que se aventure a lanzar a la sociedad plazos temerarios que no tienen asidero a la realidad porque no tiene la más remota idea de lo que afirma, y sistemáticamente derrumbe en lo emocional al país. 

Ya es un meme su frase de “estamos en el punto máximo de la curva de contagios”. Siempre surge un punto más alto que el punto máximo, y entonces la sociedad se derrumba al advertir que el punto máximo no era tal. Está bien: riámonos un poco.

Lo que no tiene gracia es que el 2 de marzo, cuando sumábamos cinco muertos (sí, cinco) dijera que los cubrebocas “no sirven para protegernos”, y que el 11 de julio, 36 mil muertos después, reculara y sugiriera “utilizar el cubrebocas como un instrumento auxiliar de la prevención, particularmente en espacios cerrados, como un mecanismo para que la persona que tiene los virus no los proyecte”. 

¿Por qué no tiene perdón? Porque si el monumental López-Gatell del 2 de marzo, guapo y sabio, le hubiera dicho al país “use cubrebocas”, no dudemos que las cifras de muertos serían otras, muy distintas y menos pavorosas.

Y lo que tampoco tiene perdón es que la Organización Mundial de la Salud establezca “las personas sin síntomas pueden transmitir el virus” (https://bit.ly/38QLAet), y nuestros asintomáticos sigan por la vida tan campantes, sin ser aislados. Contagian a otros, sin saber que portan el virus porque López-Gatell y el gobierno insisten en que las pruebas masivas son “un desperdicio de tiempo, de esfuerzo, de recursos”. En ese monumental vacío informativo y de atención a la salud salen al paso penosos changarritos barriales como Laserdent y su triste cartulina: “Pruebas COVID–19 en minutos”.

“No se trata de encontrar culpables, no lo considero útil”, dijo el jueves López-Gatell.Ya entendemos por qué lo dijo. EP

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