¡Paren las prensas, de nuevo!

La moronga es el blog de La Murci y forma parte de los Blogs EP

Texto de 19/03/20

La moronga es el blog de La Murci y forma parte de los Blogs EP

Creo que alguien toca a la puerta.

No puede ser, ni tengo puerta. Es una cueva. Qué extraño. Total, que vuelvo a extenderme larga como soy sobre mi acolchado sarcófago, y sigo con mi lectura a la luz de la vela que descansa sobre el cráneo de mi tío lejano, Vlad. Dice el libro: “En la calle de Gorojovaia, en una gran casa cuyo número de vecinos hubiera sido bastante para poblar una pequeña ciudad de provincias, estaba una mañana en su piso, acostado en un sofá que servía de cama, Ilia Illich Oblómov”.

Esperen.

¿Qué es eso?

A veces, si una presta atención, como escribió Kafka convaleciente en Zürau, puede escuchar cómo se desenrosca el mundo.

Podría jurar que…

Pero no, es sólo el viento. ¡El viento del tiempo!

Sigue el libro: “Era un hombre de treinta y dos a treinta y tres años, estatura mediana, exterior agradable y ojos de un color gris oscuro; pero en sus facciones, faltas de expresión, se notaba la ausencia absoluta de una idea determinada”. ¡Esto va bien!

Pero, carambas, ¿quién? ¿¡Quién osa perturbar mi actividad predilecta?! ¡Y a estas horas! Odiosa, oscura, eterna, he decidido desde tiempos inmemorables darle la espalda al mundo que no es mi cliente o mi amigo, así que, ¿qué es esto que ocurre? ¡Osa la humanidad abrir su boca y emitir un estertor! ¿Ha llegado ya su momento final? No lo sé, pero igual alguien llama a la puerta (a la entrada de la gruta, pues).

Así que dejo el libro excelente sobre mi excelente mesa, me pongo mis pantuflas de conejo, mi batita rosa, y salgo furiosa a la calle.

Como un relámpago, un brevísimo relato de Fredric Brown me cruza por la mente…

Total, que salgo, ¡y no hay nadie!

La calle, desierta. Las jacarandas, como si fueran criaturas del espacio exterior, en flor.

Finalmente, ha ocurrido.

¿Y mis amigos? ¿Y mis clientes? ¿Y mis clientes que encima son amistosos? Les marco con mi celular: ahí siguen (por ahora). Pero, ¿y entonces? ¿Qué ha pasado? Difícil saberlo, pero si es lo que temo… No hay manera, realmente, de asegurarlo pero tal vez, finalmente, ante una catástrofe o una idea aterradora, la mayoría finalmente decide copiarme y darle la espalda al mundo para tomar una pausa y dedicarle tiempo a su vida interior. A leer, incluso.

Nada mal, si me lo permiten.

Pero tampoco les pido permiso.

Son situaciones así, francamente, en que, como dice el libro que estoy leyendo, ahora que vuelvo al sarcófago-sofá, que veo cómo el pensamiento, como un pájaro libre, se pasea por la cara, vuela por los ojos, se posa en los labios semiabiertos (se me asoman los colmillos), se esconde en las arrugas de la frente y desaparece por completo, y entonces por todo mi rostro se extiende una expresión de apatía que desde la cara pasa a la postura del cuerpo y hasta los pliegues del patagio.

Mundo, parece que has desacelerado.

Mundo, muere en paz.

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