¿Para qué?

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP

Texto de 01/07/20

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP

En los manuales de periodismo, en las clases de la facultad, cuando tu jefe en la redacción sermoneaba, te lo repetían hasta grabar la idea en tu mente: la información sirve para que la gente, el ciudadano común, tome decisiones. Es decir, si alguien informa es porque sus datos servirán como una carta de navegación para la vida. 

Ambiciosa la aspiración, quizá excesiva, pero no está mal. Así como la información por sí misma no cura enfermos, ni alza edificios, ni elabora declaraciones fiscales, al menos guía en algo la conducta individual y social, hace que la gente viva mejor (o eso pretende) porque lo que le fue informado orienta sus actos. Ergo: si tu información de nada sirve, no informes.

El jueves, en la mañanera, miraba la explicación que el secretario de la Defensa Nacional, Crescencio Sandoval, por orden del presidente daba a la población sobre el mapa de los cárteles de la droga en el Valle de México. “Aquí vemos en la gráfica la actividad delincuencial, los grupos: cártel Jalisco Nueva Generación, Guerreros Unidos, Caballeros Templarios y La Familia”, inició, como el mesero que te lleva al bufet para que observes las viandas y abre tu apetito. Y siguió. “Aquí en La Familia ustedes ven en color anaranjado la presencia en la parte sur, principalmente en dónde están operando los Caballeros Templarios”. Vistosos y abundantes todos esos platillos. “Aquí hay una alianza entre estos dos cárteles para poder evitar que opere o que tenga influencia en la parte sur del estado, Guerreros Unidos”, especificó, dándonos los condimentos de tantas delicias.

Y entonces el secretario complementó su discurso con la sazón del espanto, como si nos dijera “ricamente enchilada la cecina”, “jugosos nuestros chiles rellenos”, “frescas nuestras verdolagas”. Sus palabras terminaron de estremecernos: “robo a transportistas”, “extorsiones”, “violaciones”, “homicidios dolosos”. Terminó su participación con un priista “Muchas gracias, señor presidente”.

¿Gracias de qué? ¿De exponerlo a él, a otros funcionarios que tienen la misión de combatir a los cárteles como el secretario de Seguridad Pública de Ciudad de México, Omar García Harfuch? ¿Gracias de dejarlos a merced de la venganza de los grupos criminales de los que el gobierno anda divulgando “están aquí, se mueven hacia acá, sus cuates son esos de ahí, hacen estas cosas horribles allá”? Suponemos que la divulgación de esos datos no puso felices a los grupos criminales, que ante la certeza de que el gobierno ya sabe dónde están tienen de dos: trasladarse a otros lugares y/o contraatacar. 

Jamás vi un uso de información extraída con labores de inteligencia tan poco inteligente. La transparencia fue una mañana de junio de 2020, casi un crimen, o un crimen.

Cuando el funcionario concluyó, como tantos me dije, “¿esto para qué?”. Pensé en la gente, los que aquí vivimos. No entendía las razones de un gobierno para informar a más de 20 millones de habitantes del Valle de México que a la vuelta de su esquina, en su colonia, municipio, en la casa de enfrente, acechan monstruos gigantes capaces de hacer con nuestras vidas lo que se les plazca. “Mexicano, te informaré quién es tu vecino. Y yo que tú temblaría”.

“¿Y eso de qué sirve?”, me repetí. ¿Qué decisión pueden tomar con esta información las familias de Ecatepec si saben que sus manzanas, donde quieren ser felices, son un territorio en llamas? ¿Se van a vivir a Versalles, a Marsella, a las playas de Bora Bora? ¿Salen a atacar a los delincuentes con cuchillos de cocina?

Y tampoco podía entender la torpeza e insensibilidad oficial en este momento durísimo. El gobierno nos regaló el mapa del terror justo dos días después de un terremoto que evocó tragedias recientes, y cuando vamos hacia los cuatro meses de una cuarentena a la que no se le ve el fin por una pandemia que en México roza ya los 28 mil muertos. Sumamos dolor tras dolor, y nos gritan en la cara: ahí tienen más dolor. Como si su trabajo de inteligencia no debiera servir para reducir el dolor, y no para amplificarlo con datos que agravan el sufrimiento de una sociedad más asfixiada que nunca. ¿Para qué?

Justo al día siguiente, sí, al día siguiente del anuncio, el hombre responsable de luchar contra el narco en la capital, García Harfuch, sufrió un atentado de película en las Lomas: murieron dos guaruras y Gabriela Gómez Cervantes, vendedora de antojitos de 26 años con dos hijas: cada mañana viajaba desde su comunidad, Xalatlaco, al Auditorio Nacional, donde tenía su puesto. Pasaba en un auto y una bala la atravesó.

Nos quedará en la memoria la imagen de sus hermanas, con las que Gabriela viajaba esa mañana, partidas por el llanto, abrazadas y con sus cubrebocas. Y también nos quedará una pregunta: ¿para qué? EP

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