Norteando: A casi más de un año…

Norteando es el blog de Patrick Corcoran en Este País y forma parte de los Blogs EP.

Texto de 29/07/19

Norteando es el blog de Patrick Corcoran en Este País y forma parte de los Blogs EP.

A más de un año de su elección, persisten muchos de los males que Andrés Manuel López Obrador prometió abolir. En gran medida, es porque la realidad es terca. Es fácil—y durante una campaña, hasta lógico—prometer que la violencia baje, que la corrupción desaparezca y que la economía crezca a una tasa de 6 por ciento.Sin embargo, crear las condiciones para que surjan tales cambios requiere muchísimo esfuerzo, paciencia, y suerte.

Pero en el caso de la libertad de la prensa mexicana, una mejoría del estatus quo no se ha dado sobre todo porque el presidente no lo desea.

La frustración que manifestó el presidente contra la revista Proceso ofrece el ejemplo más reciente de sus opiniones retrogradas sobre la función correcta del periodismo. Durante una de sus conferencias de prensa, López Obrador se quejó de que Proceso “no se portó bien” con su administración, y además confesó que ya no la lee tanto como antes, después de la muerte de Julio Scherer. El pecado de la revista ilustre fue simplemente seguir publicando artículos que avergüenzan la administración, tal como hacía durante el sexenio de Peña Nieto, Calderón, y Fox.

Sobresale el tono de decepción en las palabras de López Obrador, como si esperara más de Proceso. Marca un contraste con sus reproches hace unos meses contra Reforma, en que la herramienta principal fue el insulto y la emoción más destacada fue el coraje. Pero la creencia básica es igual, aunque arremeta contra una publicación de la izquierda o la derecha. Es decir, ni ideología ni cualidad periodística entra en el cálculo del presidente; el periódico que no le halaga, que no toma partido para favorecerle, le traiciona.

Desde luego, la función de una revista no es portarse bien con los líderes políticos. Al contrario, la revista que sigue el modelo que articulo López Obrador practica relaciones públicas más que periodismo.

Existe una larga historia de líderes democráticos quejándose de la cobertura mediática que reciben. Es una parte inseparable de cualquier puesto elegido, y sus preferencias en sí no distinguen a López Obrador de la gran mayoría de los políticos. Pero una cosa es quejarte de un reportaje individual; otra cosa muy distinta es abogar por una filosofía en que los periódicos sean subordinados al poder político.

Además, cabe destacar el contexto en que López Obrador lanza sus comentarios. México lleva una cuenta de siete periodistas asesinados en lo que va del 2019, más aún desaparecidos. Durante el sexenio pasado, 47 periodistas fueron víctimas de asesinato. Tales cifras califican al país como uno de los más peligrosos en el mundo para ser reportero. Apenas la semana pasada, la periodista Lydia Cacho sufrió un ataque brutal contra su hogar: varios desconocidos saquearon su casa, mataron a sus dos perros, y se llevaron su laptop y un montón de documentos digitales. Más difícil aún de medir es el impacto no visible de este entorno: Los periodistas que se censuran, los artículos que no se publican, y los crímenes que no se les desnudan.

La respuesta de López Obrador a este ritmo de horrores no ha sido ofrecer su solidaridad, ni reconocer su labor vital a la democracia, ni mucho menos utilizar los recursos del estado para poner en marcha un plan para reducir la vulnerabilidad de los periodistas. Para él, el gran problema que el periodismo enfrenta no es que están matando a los periodistas, sino que éstos no le son suficientemente fieles a su causa.

Así pues, es difícil imaginar una mejoría en el ambiente periodístico. En este tema por lo menos, la transformación de López Obrador es más bien un retroceso. EP

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