No estamos para payasadas

La moronga es el blog de La Murci y forma parte de los Blogs EP

Texto de 20/02/20

La moronga es el blog de La Murci y forma parte de los Blogs EP

¿Qué nuevas noticias hay en el mundo de los libros y librerías? Veamos. Tenemos que sí procederá la demanda de 25 millones de dólares contra Netflix por su peliculita tipo “escoge tu propia aventura”; que de nueva cuenta la administración de Trump intentó no darle fondos a las bibliotecas (cosa que me recuerda revisar si en México hay bibliotecas); sigue el trabajo de ya siete años de la Reading Agency en el Reino Unido que promueve la lectura con distintos programas, cosa que está muy bien. A ver, un momento. Me asomo por la ventana y parece que ¡acá también se promueve la lectura! ¿Cómo? ¿Desde un consejo de artes independiente? Me temo que no, lo hace la siniestra voz de las empresas a fuerza de espectaculares. Salen los de OV7 promoviendo leer revistas. Y creo que un piloto de carreras. Ah, y también están los espectaculares de un supermercado de libros, con su ya famoso tono perdonavidas. Pero peor aún: también salen, debajo de todo tipo de piedras y columnas de opinión, intelectuales y promotores de la cultura que se oponen a leer o quienes aseguran que leer no es tan importante. Maravilloso. Pero vuelvo a mi periódico, MurciLeaks, y leo que una librería de Denver lanzó un proyecto “chido”. Se llama BookClubHub (Publisher Weekly señaló que tuvieron que cambiar el nombre original, ReadTribe, porque la palabra “tribe”, o “tribu”, no fue bien recibida entre parte de la población; en fin, siglo XXI). ¿En qué consiste el programa? En ayudar a los lectores a encontrar un club de lectura adecuado a sus intereses.

¡Esto me interesa! Recién estoy entrando al mundo de los clubes de lectura. Básicamente la gente se reúne y habla en torno a un libro que todos han leído. Parece poco, pero no lo es, por razones que discutiré más adelante. Por ahora diré que estoy por abrir una especie de club de lectura (mañana miércoles, escribí esto el martes), dedicado a la deconstrucción masculina (la idea, muy a tiempo, es de Pablo Rendón y apenas se me van a organizar los muchachos). Pero también albergo otro, dedicado a las personas no humanas. Ese lo organizaron mis amigas Mónica Nepote y Carla Faesler, a partir de varios libros, pero con mucha atención a Lobo negro: historia de una amistad salvaje de Nick Jans, cuya versión en español publicó Errata Naturae pero que no se encuentra en México. Y debo apuntar, por ahora, que sí son benditos los clubes de lectura. Digamos que un puñado de gente pudo leer ese libro pero mucha más está interesada, y no lo consigue. Si es guiado, ese grupo, por una persona que conoce bien los temas en cuestión, como mi amiga Nepote, ¿pues qué más se puede pedir? Básicamente es una clase.

Pero bueno, sigo con mi Ted Talk sobre clubes de libros para mencionar otro más. De naturaleza un poco más esforzada e itinerante, los amigos de la editorial Herder, a veces en compañía de la traductora y en conversación con libreros y otros “agentes culturales” (así les dicen) han estado leyendo, en grupo, El hacha de Wandsbek de Arnold Zweig, que tiene unas 800 paginitas. Los lectores de este novelón se han reunido, hasta ahora, en la Biblioteca del Instituto Goethe; en Casa Tomada; en la librería Bodert; y lo harán de nuevo, hasta mediados de marzo, en la Librería del Ermitaño; la Librería del Burro Culto; la Librería Herder; y de nuevo en el Goethe. Pueden conseguir los datos en las redes de la editorial Herder. Ah, por cierto, en Casa Tomada también tienen otro club del libro dedicado, principalmente, a literatura mexicana contemporánea. Tiene la gracia de que, el último viernes de cada mes, se reúnen a platicar con el autor o con un editor involucrado en la publicación del libro. Ese lo organizan los amigos, ya dije, de Casa Tomada, y un monigote a quien no voy a mencionar porque luego se le sube.

Podría seguir: hay clubes de lectura de todo tipo. Los hay pequeños, informales, feministas, satánicos, dedicados sólo a la ciencia ficción, burgueses, y pues, ¿para qué le sigo? Ese es uno de sus atractivos: que hay para todos, si uno le busca. Si no hay para uno, ¿entonces qué? Pues muy fácil: se lo inventa. ¿Cuánto tienen que durar? Lo que quieran. ¿Qué se tiene que hacer? Pues leer. A veces ni platicar, uno puede nomás ir a escuchar. ¿Y cómo se debe uno comportar? Esto ya me arroja al mundo de la prescripción, ni sé por qué saqué el tema. Estaría chistoso que aquí me pusiera a escribir la etiqueta del asistente al club de lectura, pero no estamos para payasadas. Lo que sí quiero decir es que cuando Hitler subió al poder le pidieron a Karl Kraus que diera una conferencia al respecto. Karl Kraus, enemigo de la opinión, que tanto sobra, dijo que no inventaran, pero que algo se le ocurriría. Y lo que hizo fue organizar un club del libro en el que leyeron, en voz alta, a Shakespeare. EP

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