Hablar español

Ayuujk es el blog de Yásnaya Aguilar Gil y forma parte de los Blogs EP

Texto de 17/08/20

Ayuujk es el blog de Yásnaya Aguilar Gil y forma parte de los Blogs EP

Hablamos una lengua. Aunque esta aseveración no resulta del todo cierta. Una persona que dice hablar español habla en todo caso una variante específica de una lengua que adquiere tintes muy contrastantes dependiendo del lugar en el que la ha adquirido. Los lunes al sol es el título de una película española dirigida por Fernando León de Aranoa. La historia transcurre en Vigo, una ciudad de Galicia en la que los trabajadores de los astilleros han sido despedidos a causa de la reconversión industrial. Aun cuando se indica y puedo reconocer que el idioma original de la película es la misma con la que ahora escribo, comprender las interacciones lingüísticas de los personajes me fue en gran parte imposible. Tuve que reconocer que necesitaba de subtítulos, sí, subtítulos para una película hablada en español. Lo mismo me sucedió con la película La virgen de los sicarios, pensé en un primer momento que mi imposibilidad se debía a ciertas deficiencias en mi adquisición del español como segunda lengua, pero pronto pude constatar que lo mismo sucedía con hablantes nativos. 

Una persona que dice hablar español o castellano no habla todas las manifestaciones posibles de la lengua que es nombrada así. Más allá de los deseos de la Real Academia de la Lengua Española, lo que nombramos como español o castellano es el modo de hablarla en el puerto de Vigo, la manera en la que se habla en el barrio de Tepito, el modo en el que se articula en Mazatlán Sinaloa, incluye las palabras particulares utilizadas en Medellín, Colombia, en Tierra de Fuego, Argentina o en San Juan de Puerto Rico. Ningún hablante de español habla todas estas variedades y es común que, en más situaciones de las que solemos reconocer, la comprensión mutua se complica hasta el grado de necesitar subtítulos en producciones audiovisuales. Lo que llamamos “castellano” o “español” en realidad es una olla burbujeante en el que todos los días surgen nuevas palabras, pronunciaciones particulares, sintaxis innovadora, entonaciones novedosas, recursos expresivos inéditos que escapan a nuestra percepción porque es imposible estar en contacto permanente con todos los actos de habla en lo se utiliza esta lengua. Además de las diferencias motivadas por la geografía, en una misma sociedad la variante particular de una lengua también cambia por la clase social a la que se pertenece. Ciertos elementos fonológicos, patrones de entonación, sintaxis o léxico sirven como marcadores de clase. Los movimientos sociales también dejan su huella sobre la lengua como la lucha contra el patriarcado que enarbola una causa lingüística que impacta en el uso de los morfemas de género en español. A todo esto, habrá que agregar el cambio en el tiempo, el español de nuestros tatarabuelos, si es que hablaban español, era con seguridad bastante distinto al español que hablamos ahora y que, sin embargo, llamamos igual. Más allá, reconocemos y nombramos como la misma lengua aquella en la que fue escrita la Grande e general Estoria que, bajo la dirección de Alfonso X “El sabio” comenzó a redactarse en la década de 1270. Por esta operación mental de reconocimiento, hermanamos el sistema lingüístico utilizado para componer el Cantar del Mío Cid, con el que es utilizado en la Ciudad de México para narrar un partido de fútbol en algún canal de televisión o con el que se comunican migrantes mexicanos hispanohablante en Los Ángeles. Las palabras del español provienen en una gran parte de palabras evolucionadas del latín, pero como un animal hambriento, ha incorporado y va incorporando a su sistema digestivo léxico nuevo que toma de las lenguas con las que, a lo largo de su espacio y tiempo, ha tenido contacto. Todo eso es castellano o español y nadie lo habla entonces por completo. Todas esas variantes hacen de esta lengua que es el castellano un animal vivo, cambiante, impactable. Pensar la lengua como un fenómeno en constante burbujeo, en constante cambio y en un proceso dinámico imparable puede curarnos contra los prejuicios lingüísticos que la desean cerrada, controlada, estática y encorsetada, como una escultura inamovible a la que es posible fijar, abrillantar y dar esplendor.  

“Son los sistemas que los atraviesan los que los cambian, pero, al final, forman parte de esto que llamamos hablar castellano o español: una lengua-vida, en transformación y movimiento.”

El español es en realidad un organismo vivo en constante transformación, un animal que extiende, modifica o contrae sus rizomas que también se modifican en el espacio, en el tiempo y en contacto con otros sistemas lingüísticos. La escolarización a la que, en la actualidad, una gran parte de hablantes del español es sometida intenta que todos podamos acceder a una variante del español que se utiliza para los medios de comunicación, para la academia, los periódicos y la escritura. Adquirir esta variante no significa necesariamente abandonar la que hemos adquirido en la comunidad lingüística en la que hemos sido socializados a lo largo de nuestra vida. Aun cuando esa variante de lengua es la que utilizo para redactar estas líneas, es verdad que no utilizo ni este léxico ni esta sintaxis para mi vida cotidiana, jamás utilizaría la frase “es verdad que no aun no adquiero información sobre los últimos acontecimientos de tu existencia” cuando me acerco a una querida amiga hispanohablante a la que no he visto en mucho tiempo y con quiero ponerme al corriente sobre su vida. 

Esta variante propia de la escritura, sin ser inherentemente más rica o compleja que las demás, tiene mayor prestigio social. El acceso a ella está, en gran parte, mediado por las posibilidades para exponerse a cierto tipo de escolarización que, a su vez, se encuentran condicionadas por la clase social y las categorías racializadas a las que las personas hayan quedado adscritas. Mientras que, para ciertos sectores, acceder a esa variante particular del español que tiene prestigio social, se vuelve complicado por los altos índices de deserción escolar, materiales o tipo de escuela, para otras es más sencillo. Hablar español en una variante se vuelve entonces una marca de clase sobre hablar español en otra variante que se halla marcada. En los hechos, ambos sistemas lingüísticos son igual de complejos y completos. Son los sistemas que los atraviesan los que los cambian, pero, al final, forman parte de esto que llamamos hablar castellano o español: una lengua-vida, en transformación y movimiento. EP 

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