“Cuando uno espera un huracán”

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP

Texto de 22/04/20

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP

Drástica, rígida, innegociable, la cuarentena que Argentina vive desde hace un mes impactó al resto del continente, donde las medidas han sido, en contraste, más flexibles. “Prematuro”, fue la palabra que sonó en otros países cuando el presidente Alberto Fernández obligó a 45 millones de habitantes a aislarse en sus casas para frenar el contagio, so pena de castigo policial. 

Esteban Rubinstein, un destacado médico de esa nación, autor del libro Los nuevos enfermos y especialista en medicina familiar en el Hospital Italiano de Buenos Aires, visitó México días antes que la pandemia llegara a nuestro país. El porteño de 55 años recorrió por tierra Oaxaca, Hidalgo, Ciudad de México y Querétaro, y observó un país donde la injusticia dramática, estima, vuelve muy complejo un confinamiento total.

Tajante, duda del valor de las estadísticas globales sobre COVID-19, ilustra al aislamiento argentino “como cuando uno espera un huracán” y analiza las desigualdades que observó en su estadía en México y que podrían complicar las estrategias del gobierno para frenar al coronavirus.

Aníbal Santiago (AS): ¿Qué tan fiables son las estadísticas mundiales sobre COVID-19?

Esteban Rubinstein (ER): Para testear hay que buscar una persona, sacar una muestra de su cuerpo y obtener datos. Ese proceso es complejo: hay que tener el kit de testeo, los equipos de protección, procesar esa información y obtener respuestas. Hay expectativas sobre la incidencia de la infección que son excesivas porque es incomparable (el volumen de pruebas) en un país como Reino Unido con un sistema sanitario alucinante y súper desarrollado, con países como India, México o Brasil. No tiene sentido que diga “En México hay 400 infectados y en España hay 5 mil” por (la variabilidad de) los diagnósticos.

AS: ¿Cuál ha sido la política argentina ante el coronavirus?

ER: La Argentina tomó una decisión particular que comparto, cerrar (negocios, calles, oficinas, aeropuertos, escuelas), y la tomó en forma muy precoz. En esta cuarentena el país está en su casa y el temor social es el virus. Pero a los médicos no nos preocupa tanto la infección como el colapso del sistema sanitario, que todos se contagien a la vez, como le pasó a España e Italia. Miles y miles de personas con tos, fiebre, llegan a un sistema incapaz de responder esa consulta masiva.

La mayoría de los casos son asintomáticos o con síntomas leves, y es poco probable que requieran terapia intensiva o respirador. El tema es que los pacientes con síntomas leves colapsan el sistema de salud. Lo que está haciendo la Argentina para contener a esa consulta está muy bien: los sistemas virtuales definen si todo se resolverá quedándose en casa o no. 

Si hay infectados y si hay personas que requieren asistencia médica, que esto sea a lo largo de muchas semanas y no en dos semanas. Porque si es en dos semanas es cuando va a colapsar el sistema, mientras que si es a lo largo de muchas semanas y esto dura hasta noviembre, el sistema sanitario argentino lo va a poder resolver perfectamente.

AS: En su caso, ¿cómo está atendiendo? 

ER: La gente no viene al consultorio porque no puede salir de casa. Utilizamos la telemedicina con un sistema llamado Portal Personal de Salud. Entramos a la computadora y recibimos los mensajes de los pacientes y vamos interactuando en forma virtual. Veo sus estudios y les contesto en esa misma mensajería: “listo, sus estudios están bien, quédese tranquilo, no me tiene que venir a ver”. La consulta física se hace si es indispensable. 

AS: ¿Y qué ocurre con la comunicación entre médicos?

ER: El gobierno nacional y el local estuvieron siempre delante del tema, y el hospital se adaptó a las medidas oficiales. Tuvimos una reunión en el hospital de 150 personas y a los tres días el gobierno declaró las medidas de contención y dijo: “no puede haber más reuniones”. Los médicos empezamos a interactuar virtualmente. 

AS: Hace unas semanas visitó México. Por lo que vio, ¿es posible adoptar en este país medidas tan duras como las argentinas?

ER: Estuve un mes y lo vi es que México es un país muy desigual. Un 3, 4% del país consume como en Holanda o más que Holanda, y 97 % del país es muy humilde, muy pobre: come en la calle, se mueve en la calle. La consigna argentina “quédate en tu casa” no sé qué significa para México: una cantidad gigante de gente debe adaptarse a una realidad rarísima. 

AS: ¿Allá hay voces que reclaman el daño económico por medidas tan extremas?

ER: La Argentina tomó decisiones complejas que acompaño y valoro, pero venimos de crisis tras crisis económica que ponen en serio riesgo la economía: la gente que tenía un puestito de palta (aguacate) en una esquinita, el personal doméstico, restaurantes. Por ejemplo, mi hija: tenía un trabajo re lindo que empezó en un bar y estaba re contenta. Bueno, el bar cerró. Muchísima gente se quedó sin trabajo y el Estado las tratará de ayudar. Sin embargo, tomo contacto con gente muy humilde y está más preocupada por el coronavirus y la posibilidad de morirse o que muera un familiar, que por las consecuencias económicas. Si salvamos 3 mil vidas, 200 o 30 mil, va a valer la pena y la Argentina habrá hecho las cosas bien. 

AS: ¿Existen antecedentes de epidemias en su país?

ER: La única experiencia traumática de la Argentina con una epidemia es la de fiebre amarilla de 1870 (perdió la vida casi el 10% de la población de Buenos Aires), y el 50 % de los muertos fueron migrantes italianos. La inmigración italiana y española y sus vínculos afectivos con la Argentina son muy importantes: todos tenemos amigos y familiares en España e Italia, vemos lo que pasa ahí, la angustia de su población y los médicos. Eso influencia muchísimo en las decisiones que tomó la Argentina.

Y hay otro factor: somos un país de darnos besos, abrazarnos, tomar mate, tocarnos. En un cumpleaños al que fui, cambié mi cabeza. Dije, “listo, no puedo dar besos y debo mostrar que tenemos que mantener la distancia”. La gente en el cumpleaños me decía: “¡Pero Esteban, no seas canuto!”. Y bueno, ya todos nos saludamos separados, nadie toma mate con el otro y la consigna es: “quédate en casa”. 

AS: ¿Cómo está hoy Buenos Aires?

ER: Impresionante. Con permiso especial el otro día salí en bicicleta de mi casa al hospital, que son 20 minutos. Ves una ciudad vacía, sin gente en la calle, con muy pocos vehículos. Está prohibido hacer actividad física o visitar parques, y circula mucha policía. Incluso hoy pasó un carro de policía con altoparlantes recordando que la Argentina está en cuarentena. Lo que tenés abierto son los supermercados y no pueden entrar más de 5 personas al mismo tiempo. 

AS: ¿Cómo observa la conducta de los medios de comunicación?

ER: No nos gusta lo que vemos en ciertos medios, se la pasan buscando culpables. “Tal tipo viajó de España y lo trajo (al virus)”, o “La maestra contagió a los chicos”. Cosas horribles. La realidad es que la maestra fue a dar clase, no sabía que tenía coronavirus y contagió. 

Nadie está matando al otro. Queremos un periodismo responsable que no culpabilice, no alarme y no simplifique.

AS: ¿Qué vislumbra en el futuro inmediato argentino?

ER: Parece como cuando uno espera un huracán: está bien descrito en La Peste de (Albert) Camus, un libro que me marcó y por el que quizá decidí ser médico. Yo espero que no sea un huracán, sino vientitos que se vayan dando a lo largo de meses y los vayamos atendiendo y resolviendo.
Esta entrevista —aquí presentada de manera casi íntegra— se realizó originalmente para el sitio de podcasts Así Como Suena.


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