No polaricemos y que ellas sigan muriendo

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP.

Texto de 31/12/20

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP.

Hace días, cuando el Senado de la Nación Argentina debatía la aprobación de la ley que otorgaría el derecho a las mujeres de abortar de modo seguro, gratuito y legal en su sistema de salud, una senadora de 71 años, Silvia Sapag, tomó la palabra y dijo lo siguiente:

“Cuando yo nací, las mujeres no votábamos, no heredábamos, no podíamos administrar nuestros bienes, no podíamos tener cuentas bancarias, no podíamos ir a la universidad. Cuando yo nací, las mujeres no teníamos la patria potestad compartida sobre nuestros hijos, no nos podíamos divorciar, no había jubilación de ama de casa, no era obligatorio inscribir a las mujeres en el registro de las personas. Las mujeres, cuando yo nací, no éramos nadie”.

Cuando ella nació, en 1949, nada de eso podían hacer las mujeres, pero con el paso de las décadas lo pudieron hacer, o por lo menos eso mandaba la ley. Pero hay algo que desde hace setenta y un años, los de la edad de la senadora, e incluso muchos más, desde que Argentina es un país independiente, doscientos y cuatro años, las mujeres no habían podido hacer porque violaba la ley: decidir sobre sus cuerpos si era su voluntad interrumpir un embarazo. Si lo hacían eran delincuentes.

Un rato después del discurso de la senadora, aunque 29 legisladores votaron en contra —21 de ellos hombres— la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo se aprobó. Hasta la semana 14 de gestación las argentinas ya pueden poner fin legítimamente a un embarazo indeseado. 

Al fin, la vida de las mujeres estuvo por arriba de las Sagradas Escrituras. “Maldición si escogemos matar inocentes. No lo digo yo, lo dice la Biblia”, fue una de las voces de la Santa Inquisición —la de la senadora María Belén Tapia— que en el debate buscaban el rechazo de una ley que frena la masacre. Cada año, medio millón de mujeres abortan clandestinamente en ese país. Cerca de 3 mil mujeres han muerto desde 1983 por abortos mal practicados y por idéntica razón cientos de miles (30 mil en 2018) han sido hospitalizadas, algunas con daños irreversibles.

Con la aprobación, la marea verde feminista que en los últimos años ha llenado los ojos y agitado las mentes de millones volvió a ocupar las calles, ahora para festejar, y ese verde que por todos lados se cuela hizo a México verse al espejo. 

Hace muchos años, algo así como veinte, hacía mi tesis de Licenciatura sobre el nacimiento del periodismo deportivo en México entre 1882 y 1897, durante el Porfiriato. Entre las sombras del Fondo Reservado de la UNAM leía periódicos antiguos con noticias de lucha, béisbol, esgrima, tiro de pichón, regatas y un deporte más de la época: hipismo. Todos los deportes eran estrictamente masculinos, excepto ése. Qué bien, ¿no? ¿Y las mujeres montaban como los hombres, con las piernas abiertas sobre el caballo? Jamás. Las mujeres, consignaban las notas periodísticas, debían practicar la “monta a la amazona”. Es decir, no con las piernas abiertas sino ambas de lado, sobre un costado. 

¿Por qué? No lo decían, pero la sociedad lo sabía. Porque montar como hombre era inmoral por los muslos abiertos, porque la mujer podía sentir placer e incluso arriesgar su virginidad (en el caso de las solteras). Los prejuicios se ejecutaban en silencio, aunque con sigilosas ideas atroces a las mujeres se les coartaran sus derechos, se les mutilara la existencia.

De aquellas noticias sobre la “monta a la amazona” ha pasado no mucho, sólo unos ciento treinta añitos, pero cuando se trata de hablar sobre la mujer y sus derechos nos parecemos bastante a los tiempos de don Porfirio. 

El 8 de marzo de 2019, un periodista preguntó en la mañanera al presidente sobre la legalización del aborto en todo el país, y esto respondió: “No debemos abrir esos debates, vamos a serenar el país”. Cuántas cosas no dijo en esa frase pronunciada en cinco segundos. 1) Al aborto no se lo llama por su nombre, sino se lo apoda “debate”. 2) El aborto no es un derecho, sino sólo un debate. 3) El derecho de las mujeres para decidir sobre su cuerpo es debatible. 4) El debate sobre los derechos reproductivos de la mujer hay que silenciarlo 5) Es el deber presidencial silenciar ese debate 6) Abrir ese debate es incendiar un país que lo que requiere es serenarse.

Meses después, el 2 de diciembre de 2019, nuevamente le preguntaron sobre el tema tabú. Y otra vez la palabra “aborto” le causó escozor y ahora la apodó “temas”. Aludiendo a un futuro incierto de legalización, contestó lo siguiente: “Cuando haya condiciones entre la misma sociedad, se puedan hacer los cambios (a la ley). Lo que no queremos nosotros es provocar confrontación en temas que sí polarizan”. Interesante: ¿cuándo sí habrá condiciones, cuándo sí tendrá México una sociedad madura para federalizar el aborto legal?


“Ya superamos la tercera parte de este gobierno, y sólo Oaxaca y la Ciudad de México y Oaxaca ofrecen aborto libre, legal y gratuito hasta la semana 12 de gestación. El aborto aún puede ser violatorio de la ley y por eso las mujeres tienen de dos: hacen la travesía a Oaxaca o la capital, o bien se juegan la vida en abortos clandestinos.”



Hoy, último día del año, quizá acorralado por lo que la determinación argentina ha generado en nuestro país, sugirió que el aborto federal y legal (lo llamó “tema” y “asunto”, no “aborto”, por cierto) se dirima en una consulta ciudadana. Así que un derecho de la mujer debe ser consultado… Y “que se consulte a todos”, aclaró. ¿A todos? ¿Los hombres tendremos voto sobre el cuerpo de las mujeres?

Para Andrés Manuel es muy grave que la legalización del aborto confronte, polarice (despierte conciencias, en definitiva). Pero no es tan grave someter a la población femenina de México al mortal castigo de la clandestinidad. Mejor el silencio, nos ha pedido el mandatario varias veces. El problema es que si se perpetúa el silencio con tal de no confrontar, México seguirá como líder de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en embarazos adolescentes. De 2006 a 2014 hubo 100 mil partos de menores de 15 años víctimas de abuso sexual, con las tasas más altas de enfermedades sexuales, como el VIH/sida. De 2002 a 2016, 624 mujeres murieron en un aborto clandestino. Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2016, 9.4 millones de mujeres se embarazaron en el último lustro, y un millón de ellas abortó (no queremos imaginar cómo, pero imaginemos).

Ya superamos la tercera parte de este gobierno, y sólo Oaxaca y la Ciudad de México y Oaxaca ofrecen aborto libre, legal y gratuito hasta la semana 12 de gestación. El aborto aún puede ser violatorio de la ley y por eso las mujeres tienen de dos: hacen la travesía a Oaxaca o la capital, o bien se juegan la vida en abortos clandestinos. La culpa no la tiene sólo el presidente, quien además ha sido consecuente con él mismo: desde que era candidato y mucho antes ha dicho que de la legalización del aborto no quiere hablar (él no es Alberto Fernández). Pero acá hay responsabilidad compartida con los legisladores, que entre una abyecta sumisión al líder y su propia y voluntaria ceguera mejor no hacen nada.

Es cierto que existen códigos penales que pueden favorecer un aborto, vericuetos legales como causales por violación, alteraciones congénitas o inseminación no consentida para que la mujer se lo practique y no vaya a la cárcel. O sea, “Buenas tardes, mujer que quieres abortar sin castigo, revisa las leyes que aplican aquí en Nayarit. Luego pasa a la oficina e inicia tu trámite”. Aunque ni siquiera eso las inmuniza del delito: en datos del Grupo de Información en Reproducción Elegida, sólo de 2007 a 2016 fueron encarceladas 136 mujeres por el delito de aborto.

El clamor oficial que exige no abrir debates, no confrontar, no polarizar, equivale a mujeres encarceladas, heridas, muertas.

El silencio, La Biblia, el disimulo, el discurso de “vamos a darnos abrazos y discutámoslo luego, cuando haya condiciones” e incluso “vamos a consultarlo”, esta vez son un crimen. EP

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