Niño, no podrás lavarte las manos

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP.

Texto de 29/09/21

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP.

En todo su cuerpo, de arriba abajo, México tiene heridas abiertas, sangrantes y que supuran. Desde la punta del meñique del pie hasta la punta del parietal, sufre lesiones y muchísimo dolor que lo hacen soltar alaridos cada día. 

Solo por eso, y no porque las redes sociales sean naturalmente canallas o muy perversa la conspiración antigubernamental, duele un poco, quizá mucho, saber que una sola persona recibió en los últimos dos años más de un millón de pesos para que estudie en Estados Unidos. 

Como México está tan lastimado, duele más, incomoda más, nos hace sospechar más, que sea la hija de la jefa de gobierno de la ciudad más importante del país la que el año pasado recibió –es irrelevante si de modo indirecto o directo- 191,752 pesos, y en el 2019 otros 820 mil 664 pesos. Es natural la reacción social: cuando oímos que una sola persona se benefició en esa magnitud, y que esa beneficiaria es hija de una política prominente –incluso presidenciable- del partido en el poder, lo natural es que los mexicanos -por ser mexicanos y crecer en un país que ha privilegiado a la clase dirigente y su descendencia-  preguntemos: ¿cómo puede ocurrir? Es natural dudar, opinar, reclamar.

En todo caso, lo antinatural sería que una mexicana promedio, un mexicano promedio, dijeran: “No tengo ni por qué preguntar las razones por las que Mariana Imaz Sheinbaum recibió en dos años, solo para estudiar en la Universidad de California, el dinero que yo jamás veré en una vida de trabajo. La estudiante se lo merece”.

Habla bien de la sociedad mexicana cuestionar, perseguir motivos. Aunque en un video Sheinbaum declaró que los datos arrojados por la Plataforma Nacional de Transparencia “no creo que ayuden a un ambiente sano”, es buen momento para que por un instante se abstraiga de su figura política y se ponga los zapatos de la gente normal: México es un enfermo crónico y sus males tienen mucho que ver con el abuso del dinero público. Desde luego que saber a dónde va lo que aportamos día a día ayuda a un ambiente sano, y sobre todo sirve a un mejor uso de los recursos de todos,

Pero, por otro lado, no hay el menor indicio de que quien gobierna la capital del país usara sus influencias en favor de su hija. Mientras no existan un email, un video, un audio, una carta, en la que Sheinbaum pide favores o presiona a alguien para que Mariana disfrutara ese dinero -y esa prueba hubiera sido confirmada- no hay ninguna culpa. No hay modo de apuntar a la política como responsable de nada ilegal. El millón de pesos que la estudiante obtuvo en dos años son legales hasta el último centavo. 

Sin embargo, en la desproporción sí hay culpas, y de todas ellas es responsable un sistema que no termina de cambiar. El mismo día que debatíamos por qué a una sola alumna de Filosofía de la Historia el gobierno le entregaba tanto dinero en becas y capacitación, nos enterábamos, otra vez con información de Transparencia, que la Secretaría de la Defensa Nacional dio un contrato por 34.9 millones para organizar la ceremonia de aniversario de la Consumación de la Independencia. En solo unos minutos, la fiesta que vieron el presidente, su esposa y algunos más le hizo ganar a la compañía Dígito Multimedia SA de CV 34 millones 997 mil 200 pesos. Arrancados al presupuesto para seguridad nacional en una nación de crimen rampante, toda esa lana para fuegos artificiales y música en vivo, para un suceso del que ya solo perduran videos y crónicas web.

Y también el mismo día que debatíamos si se justifica que una investigadora obtenga tanto dinero y que en una pachanga se desparrame esa fortuna, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) nos contó algo más: en plena pandemia, cuando 25 millones de estudiantes niños y adolescentes han vuelto a las aulas y casi oramos para que los contagios no se disparen y los planteles no se vuelvan un terrible caldo infeccioso, cuando los dogmas higiénicos (entre ellos,  agua y jabón) necesitan imponerse para que la enseñanza sobreviva, nos enteramos que 27% de las escuelas de educación básica carece de agua potable. Es decir, de un total de 198 mil escuelas públicas, más de 53 mil no tienen agua en esta catastrófica era de COVID. Y a eso sumemos otro dato pavoroso: el 42% de las escuelas de educación básica no tiene drenaje, según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Sobran fortunas para fiestas y enseñanza de élite, pero en las escuelas públicas los niños mexicanos no pueden jalar el WC ni lavarse las manos. 

Otra herida descubierta al cuerpo de México. EP

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