Las cinco farsas con que arrancamos

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP.

Texto de 06/01/21

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP.

Si un día decides ir a terapia para aclarar tu mente y sacarte de encima el sufrimiento porque ya no das más, el terapeuta te pedirá que revises tus actos, tu historia, tus ideas, bajo una promesa: la verdad. Solo podrás decir la verdad, por cruda, reveladora y dolorosa que sea, porque si no partes de ella estarás condenado a que el engaño a ti mismo eternice tu angustia. No hay más antídoto que desnudarse y descargar durante la sesión a los demonios viejos y nuevos para reconocerlos y así, de a poco, desterrarlos. Si aceptas su condición pero en realidad tu mundo interno se niega a decir la verdad, estás optando por la farsa. Entonces solo podrás fingir, aparentar: harás como que “ahí voy mejorando” aunque en los hechos estarás encadenando tu alma a los demonios. 

México debería ir a terapia cargando sus verdades, exhibiéndolas por penosas que sean, para que alguna vez los que estamos aquí vivamos un país distinto y no en esta desesperanza que se perpetúa desde el centro, la derecha y hoy la izquierda. Pero no: a pesar de sus males terminales el paciente tricolor opta por mentirse a sí mismo. Esta semana, la primera del año, la que debería marcar el cambio, la farsa, la trampa, nos sigue dominando. 

1.La defensa mentirosa

La semana pasada, la última del 2020 tan carente de luz, a México se le fue, literalmente, la luz. Casi 10.5 millones de personas de 15 estados se quedaron sin energía. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) —la gigantesca institución que dirige Bartlett, el hombre-vergüenza de nuestra historia— se defendió de su calamidad operativa publicando un comunicado de Protección Civil de Tamaulipas en el que se explicaba que todo era culpa de un incendio en pastizales del estado (en el municipio de Padilla) que dañó dos importantísimas líneas de transmisión de energía. Ayer, la CFE no tuvo más remedio que decir que el comunicado del gobierno tamaulipeco que divulgó ni siquiera existió: fue una mentira. Sí, ese documento fue un invento para ocultar la negligencia que oscureció a una enorme porción del territorio. ¿Y qué va ocurrir? LA CFE jura que investigará: otra farsa.

2. El líder hipócrita

El 31 de diciembre las redes mostraron a Hugo López-Gatell, el “zar” anticoronavirus mexicano, en un avión sin cubrebocas y sin sana distancia. Y el 3 de enero lo dejaron ver en un restaurante de la playa de Zipolite sin cubrebocas -entendible, estaba comiendo- y luego de pie sin cubrebocas —incomprensible—. ¿Por qué no debía estar así, y menos en la playa? Porque la figura más importante de la lucha contra el COVID-19 que ha dejado cerca de 130 mil muertos no puede abanderar su trabajo desde la hipocresía. Advierte a la sociedad que no hay que viajar, y viaja; pide (al fin) a los mexicanos usar cubrebocas, y no lo usa. Pero lo más grave no es eso: se fue de vacaciones en un momento en que el país arde infectado: somos el país número uno de mortandad, sufren los hospitales atestados de enfermos, los médicos trabajan extenuados —por no decir aniquilados—, y de sur a norte estamos pintados de naranja y rojo. La gran figura de la pandemia de este gobierno adorador de los símbolos, el hombre que nos pide “quédate en casa”, no te muevas, no vacaciones, no te reúnas en grupo, simbolizó la farsa. Para él y su novia, un rinconcito de placer marino en medio del infierno.

3. Gobierno que cogobierna

Entre tantas tragedias, una tragedia individual quizá ya no nos conmovió tanto, pero claro que nos enteramos: el 18 de diciembre Aristóteles Sandoval, exgobernador de Jalisco, uno de los tres estados más importantes del país, fue asesinado en el Bar Distrito 5 de Puerto Vallarta. Ayer, la fiscalía estatal publicó dos videos del bar posteriores al homicidio. En uno, el personal, unas 20 personas, muy acomedido se apura a limpiar el piso entre las mesas. Y otro, en el pasillo donde el gobernador fue ejecutado los empleados se organizan como bailarines en coreografía para sacar la alfombra, trapear las manchas de sangre y sacar la cámara de seguridad. Síntesis: la escena del crimen se alteró y se borraron las pistas. ¿Cuál es la farsa? A México no solo lo dirige un gobierno. La autoridad comparte el poder con la delincuencia organizada, que ordena a las fuerzas empresariales borrar las huellas de sus actos macabros. Es una farsa el Estado de derecho.

4. La ruina comprobable

Si hay dos empresas estatales que son como los brazos de Atlas, los músculos que sostienen no al mundo pero sí a un país entero, son Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad. Mientras estén sanas podemos estar más o menos tranquilos. Pero aquí también hay desdicha: de enero a noviembre del año pasado la deuda de ambas creció ocho veces en comparación con idéntico periodo del 2019. “Fuentes, fuentes”, gritarán los defensores del sistema. Bueno, pues la fuente fue esta semana la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. La deuda es de 222 mil millones de pesos. En la última mañanera del 2020, el presidente dijo: “Hay indicios de que crecerá la economía, se recuperarán los empleos y habrá bienestar para el pueblo”. Para ser exactos, esos indicios son una farsa, porque esos indicios son ruinas.

5. Los colores del camaleón

Si del lado oficial la farsa nos arroja a la desolación, ¿se vislumbra algo positivo en los partidos opositores? Solo engaño, voracidad, simulación. Ayer, el líder nacional del PAN, Marko Cortés, dijo que la elección de los candidatos de Morena para disputar 15 gubernaturas “fue un cochinero y un desastre”. Y en eso tiene razón: las encuestas definitorias resultaron la anarquía. ¿Y ante eso qué hará el PAN? Ese partido anunció que está dispuesto a recibir a los precandidatos relegados del partido de López Obrador. “Toda la gente de bien (los morenistas) será bienvenida a Acción Nacional”, aclaró cordial. Y muy probablemente sí veamos ese romance: la derecha abriéndole los brazos a la izquierda (porque esos personajes les significan votos), y la izquierda perdedora arrojándose a los brazos de la derecha (porque sus votos significan puestos, dinero fácil). Y entonces los mexicanos que tengan la insólita intención de votar azul no votarán por fundamentos ideológicos, sino por agencias de colocación: a dar empleo. La farsa de la democracia, o como dijo Groucho Marx, alguna otra eminencia de la historia o la sabia leyenda urbana: “Éstos son mis principios, pero si no les gustan, tengo otros”.

México sigue encadenado a sus demonios.EP

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