La barba de Víctor Hugo Romo

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP.

Texto de 16/06/21

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP.

Podada con esmero, peinada con paciencia, abrillantada, rasurada en pómulos y cuello con precisión de cortador de diamantes, e incluso teñida con tinte de calidad porque a los 40 y bastantes años es imposible que no florezcan los matorrales de canas (lo digo por mi experiencia y así lo confirma la ciencia), la barba de Víctor Hugo Romo va en punta de lo que más he visto este año.

En 2021, los metrosexuales pelos faciales del candidato a alcalde por Miguel Hidalgo de Morena me atravesaron los ojos lanzados desde morteros, cañones y obuses, desde la artillería fotográfica de lonas, mantas, pendones, espectaculares, pegotes, muros, puentes vehiculares y peatonales, balcones, fachadas, árboles; postes de la luz, de la tv por cable, de la telefonía y hasta del primitivo telégrafo que la 4T desea relanzar.

Como tantos chilangos, vi la barba del político mañana, tarde y noche, iluminada por la luz grisácea-lechosa de esta ciudad, por la luna del verano, por las luminarias callejeras, por los faros de los autos.

Porque la propaganda de Víctor Hugo Romo estaba en todas partes, como un dios inventado en un estudio fotográfico, vi más esa barba —enfocada desde todos los ángulos y en las más diversas iluminaciones— que el rostro esponjoso del presidente de la república, más que la cara exfoliada y ultra hidratada de Bárbara de Regil, aún más que las rosadas mejillas neonatales de Samuel García. En la campaña electoral, la gran ciudad se ahogó en basura electoral plástica para que viéramos el rostro de hordas de candidatos. Desde el desconocido Tertuliano De Jesús Reza Fernández, del Partido Verde, hasta el famoso Víctor Hugo Romo, el hombre de La Barba 10, la barba perfecta, que buscaba relegirse en la alcaldía mexicana más forrada de billetes (verdes, desde luego), con mucho del tesoro de sus potentados en Caimán y otros paraísos fiscales.

Y arriba de su barba, Esa Mirada. Mirada de hombre insondable, de hombre reflexivo, de seductor involuntario, de visionario. Mirada estudiada, de profundidad postiza, y con muchos miles de pesos pagados al marketing político por el erario (tú, yo).

La capital sucumbió ante toneladas de basura electoral aunque nos hayan prometido años atrás “ya no ocurrirá”. A todo México se les desparrama la miseria, pero dinero a raudales, 14 mil millones de pesos, sigue yendo a los partidos y las campañas, que lastiman los sentidos y llenan de todo el polietileno del universo el territorio que desde 2020 prohíbe bolsas del súper. Di basta a las bolsas del súper para que el monopolio tóxico lo ejerzan los partidos y sus caritas de candidatos, mujeres y hombres de bien eternizados en anuncios hechos en poliolefinas, plásticos de un solo uso.

El lunes 7 de junio a la mañana, el martes 8, los días que siguieron, vimos a las brigadas (también pagadas por todos, claro) hacer alpinismo urbano, trepar temerarias en masa a postes y puentes para desencajar en este valle de más de 20 millones de habitantes las infinitas caritas que por meses nos transmitieron La Nada y que, además de ser contaminación que ya anda por ahí, son la prueba material de la violación presupuestal que ejercen los partidos.

¿Y al menos Víctor Hugo Romo ganó?

No, su barba y su mirada fueron, como dice el dicho, más inútiles que cenicero de moto. No lo votaron ni 4 de 10 de sus gobernados; lo venció comodísimo el candidato del PAN, Mauricio Tabe, que rozó el 55 por ciento de los sufragios. Ni hablar, ahora al inútil plástico barbado de pendones y demás cuyo desembolso pudo servir a escuelas, hospitales o mejorar alcaldías marginales ya se le asignó una nueva función: ayudar a destruir lo poco que nos queda de biodiversidad.

Hoy, hurgando en las noticias, supe por la reportera Reyna Ramírez quién es Edgar Aarón Palomino Ayón, un hombre de 34 años que pretendía ser candidato a alcalde de su municipio sonorense, Cucurpe. Ningún partido lo quiso. Abatido, se tomó un café con su suegro a 19 días de las elecciones. El portal Pie de Página reproduce este diálogo.
“—Ya no se pudo—, le dijo Édgar, muy triste.
Su suegro lo escuchó, tranquilo, y entre sorbo y sorbo de café, le dio la solución:
—Oye pues, viene un recuadrito en blanco ahí, ¿qué no?
Y se aventó”.

Su esposa Karina escribió en papelitos cientos de veces el nombre de su marido para llevarlos a los domicilios y que la gente lo conservara hasta el día de la elección. Entonces visitaron casa por casa explicando sus propuestas y la posibilidad de votar por Edgar, político sin partido, en el cuadrito en blanco. La jornada laboral de ambos: 6:30 de la mañana a 10 de la noche, incansables a pie.

De los 662 votantes, 322 escribieron “Edgar Aarón Palomino Ayón” en el recuadro blanco.
Su más cercano perseguidor, el candidato panista, alcanzó 288 votos.

Edgar, el futuro alcalde de Cucurpe, debería ser escuela: no más barbas metrosexuales y miradas matadoras arruinando el medio ambiente. Sí a campañas brevísimas, muchas caminatas y diálogo, aunque les duela el alma por no gastar el dinero de todos y tampoco contaminar. EP

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