Hasta ahora no ha habido reclamos

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP.

Texto de 17/02/21

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP.

Todo empezó en un balcón de casa —sede de nuestros maratones de juegos en pandemia— desde el que veíamos nostálgicos la calle vacía. Mi hija incursionaba en la adolescencia con señales que no necesariamente tenían que ver con su crecimiento físico, sino mediante el hartazgo que la causaban la lotería de Shopkins, el basta, el memorama de Intensamente, los palitos chinos. “Son todos juegos para muy chicos”, me reclamó cuando yo volvía a instalar la pila de cajitas en una mesa. De pronto, sus gustos maduraban: ella prefería que nos aventáramos un duelo de Sequence, juego de cartas en el que sobreexijo a mis pobres neuronas, que a la hora de jugar me demandan descanso y no trabajos forzados. 

Acepté el Sequence, aunque para despejar mi mente fui intercalando entre tirada y tirada otro jueguito, consistente en contarnos lo que más añorábamos de nuestros días pre-coronavirus. Ella dijo que pasear con su amiga Melo; yo que lanzarme al hipódromo para ver carreras comiendo hamburguesas; ella que ir al parque acuático de toboganes Hurricane Harbor de Oaxtepec; yo que unos taquitos con cuates en lugares sudorosos, concurridos, ruidosos y mugrosos; ella que irse de campamento con sus compañeros de la secu. Hasta entonces, todo bien: puras risitas melancólicas. Me tocaba completar el juego: “Extraño ir a comer alitas Buffalo a Hooters”, dije. “Yo a ese lugar no vuelvo a ir”, me aclaró. “¿Por qué?”. “Es donde las meseras atienden en shortcitos”. “Pero yo no voy por las chicas en shorts —le aclaré—, sino por las alitas. Son las mejores”. “Pero como tú vas, el dueño las obliga a que atiendan en shorts. Así gana mucho dinero”.

No hubo más diálogo sobre el asunto. Acaso dos o tres veces medité si volvería a Hooters cuando recuperemos la libertad. Y como eso aún queda lejos, habría tiempo para pensar.

Meses después, esclavizado por el iPhone interrumpí el diálogo de una comida dominguera y en la pantalla de inicio caí en la nueva estrategia para que no sueltes el dispositivo: sin que lo pidas, una foto de hace años aparece en lo alto titulada “Recuerdos para ti”.  “Mira —le mostré a mi hija—, ¿te acuerdas?”, y le señalé la imagen de un día de 2017 dentro del foro del programa de televisión Adrenalina. A los colaboradores que éramos papás —conductores, reporteros, narradores— nos habían invitado a aparecer al aire con nuestras hijas e hijos para festejar el Día del Padre. Y yo fui con mi hija. “Sí me acuerdo de ese día —respondió viendo la foto en la que junto a ella yo aparecía alegre—. Cuando Javier (Alarcón) te preguntó si yo era tu única hija, le respondiste: ‘la única, hasta ahora no ha habido reclamos’. Me puso muy triste oírte”. 

Sí, ese remedo de chiste había hecho en vivo frente a una cámara. En la comida no me atreví a preguntarle por qué se había sentido ofendida. “Lo siento”, le respondí sin darme cuenta con claridad dónde exactamente estaba lo hiriente, aunque sabía que algo andaba mal. 

Con los días calculé que no sobraban opciones: decir “hasta ahora no ha habido reclamos” normaliza que los hombres se vuelvan padres y abandonen a sus hijos y parejas, cosifica a la mujer como el simple depositario de un nuevo ser humano, celebra que la “caprichosa” memoria masculina se nuble ante un posible embarazo por sus múltiples experiencias con mujeres. Y seguro normaliza más atrocidades que ni siquiera advierto.

Y otra vez pasaron los meses. Hace 10 días, cenando en la misma mesa le confié: “Extraño a Maradona”. Me preguntó la razón: “Porque nunca en la vida vi un jugador tan maravilloso. Además le preocupaban los pobres”, respondí con soplos románticos. Contestó: “Maradona salió sin ropa en unas fotos abrazando a unas niñas desnudas”. “De eso no puedo hablar porque no sé nada”, repuse. “¿Y por qué no sabes?”. “Porque de eso no he leído”. “Mejor lee, pa”, me dijo un instante antes de irse a dormir. EP

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