¿Ahora qué hacemos con nuestras cábulas, Cruz Azul?

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP.

Texto de 02/06/21

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP.

La tragedia de Cruz Azul había dejado de ser un problema exclusivo del Cruz Azul y su gente. 

Es cierto que nos daban risa las calamidades iniciales de ese equipo, cuando hace muchos años empezamos a darnos cuenta que todo les salía mal justo cuando parecía que las cosas les estaban saliendo fantástico. Al principio tenía algo cómico que toda la fatalidad se desbarrancara en un mismo equipo. Eran como Mr. Bean versión futbolística, y entonces reíamos.

Pero después, cuando vimos que -casi siempre sin merecerlo- temporada tras temporada durante décadas ejercían el monopolio de la mala suerte, de la que ni tantita le prestaban a los otros equipos, a muchos nos dejó de dar gracia. 

¿Cómo puede ser que todo lo malo les suceda siempre a ellos? El dolor de Cruz Azul ya nos inquietaba a los no cruzazulinos. En el fondo, estremecía un rarísimo fenómeno: no eran una comparsa cualquiera, un equipo malo que justificara su desgracia con su mediocridad. No. Pese a su presidente que los apuñaló por décadas, Cruz azul solía ser muy bueno: tenía fabulosos jugadores, montones de veces fue líder general, sus entrenadores no han sido ningunos improvisados, sometía a los rivales con un futbol atractivo y eficaz. Pero llegaba el gran día y, sí o sí, perdía. No es fácil ser subcampeón 11 veces: hay algo paranormal en esa anti-hazaña. 

Y entonces su drama nos empezó a contagiar. ¿Por qué? Porque es imposible que no conozcas a ninguna o ningún cruzazulina o cruzazulino. Seguro los conoces, y a muchos. 

Aunque es imposible probarlo científicamente, la gente de Cruz Azul, a diferencia de otras aficiones, no es soberbia. Son personas mesuradas, ilusionadas, congruentes. Es imposible que un cruzazulino te joda por ser atlantista, puma e incluso, ojo, americanista. 

Son buenas personas. En todo caso ahí los ves, fieles con su playerita incandescente en el Metro, en la fonda, en el tianguis, firmes con su identidad incluso apenas después de otra derrota inconcebible, y aunque ellos supieran que al verlos pensaríamos “pobrecita, pobrecito” y bromeáramos con que aguas con estar junto a un cruzazulino con la celeste puesta porque te caería en la cabeza un meteorito.  

Es decir, los aficionados de un equipo con ese corazón que late en un golpeado gremio laboral, el de los albañiles, estoicos soportaban su negro destino y decían con elegancia: “este soy yo, un azul: ya vendrán tiempos mejores”. Porque a tu alrededor había un cruzazulino que querías, ya no era fácil carcajearte de lo que les sucedía. Deseabas que les fuera bien. 

No fue casual que a muchos mexicanos con otros colores nos emocionara mucho verlos felices, al fin llorando pero de alegría. Pasaron 23 años y cinco meses de partidos definitivos perdidos en las situaciones más absurdas, grotescas, insólitas. Pero después de 23 años y cinco meses son oficialmente los mejores de México. 

Pese a que en el primer tiempo de la final ante Santos pensamos que estaban protagonizando la misma película de terror, se levantaron. Y se acabó: de la mano del técnico Juan Reynoso, “El Cabecita”, Corona, el plantel entero, su nueva directiva y sus masas enloquecidas, son campeones. 

Por las redes, WhatsApp, en persona, como sea, los felicitamos, le dijimos que los admiramos (sin ironía) por su convicción y su lealtad a prueba de fuego y que a nuestro modo, aunque sintamos otros colores, admiramos su fiesta maravillosa e inolvidable del 30 de mayo de 2021, día, mes y año aún de pandemia, pero eternamente azules.  

Y nosotros no nos hagamos los bondadosos: sin tregua los hicimos sufrir de todos los modos imaginables, hasta inventando palabras que la Real Academia Española ya contempla (“el verbo cruzazulear es un derivado que alude a una situación por ser algo que frecuentemente sucede al equipo Cruz Azul”). 

Ahora la pregunta es: ¿qué hacemos con nuestras cábulas, Cruz Azul?

Ya veremos. Por lo pronto, yo le envié un mensaje a mi querido amigo fotógrafo Gabriel Jiménez, jovenazo de piel lozana en el Cruz Azul campeón de 1997 pero ahora, en el campeón de 2021, hombre de piel curtida y canas que invaden su rizada melena azabache. En su euforia dominical de cruzazulino delirante, le escribí: “Felicidades, cabrón, casi llegando a la tercera edad pero lo viviste!!!!!!!”. 
De verdad, gocen al límite, no sea que la próxima vez que alcen la copa sea dentro de 23 años y cinco meses, en el Torneo Clausura 2044. Jua jua. EP

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