Papel higiénico

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP

Texto de 18/03/20

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP

Las escenas de las compras de pánico depositaron en mi organismo al negruzco virus de la angustia con sus horribles coronas de fuego. Al ver en la pantalla a mis enloquecidos congéneres dentro de los supermercados vislumbrando una cuarentena eterna, caminé hasta la zotehuela. Debía verificar lo verdaderamente importante. Por eso alcé la vista. 

Ahí, en lo más alto, estaba la reserva final de los únicos dos habitantes del departamento, ella y yo, para quién sabe cuánto tiempo encerrados: cuatro rollos de papel higiénico Pétalo. Tamaño Ultra Jumbo (con 234 hojas dobles), es cierto, pero solo cuatro.

“Muy pocos”, pensé. Y entonces me propuse hacer cuentas: ¿cuánto nos dura en promedio un rollo? Jamás me había detenido en ese dato. Así como tengo claro que si compro panes dulces con crema pastelera durarán dos días, una charola de bisteces tres días, una bolsita de galletas Oreo siete minutos, un costal de comida para el gato dos meses, unos Takis Fuego ocho minutos, me costó muchísimo repasar nuestros hábitos para calcular cada cuánto pongo un rollo nuevo. “Cada uno dura cinco días”, concluí. Es decir, todo ese papel nos serviría para 20 días. Ni uno más. Claro, si uno está en cuarentena en el hogar y el drama del coronavirus se esparce, imagino que los humanos nos la pasamos cagándonos de miedo (y aburrimiento); entonces la ecuación cambia.

Es imposible imaginar el futuro, pero supongo que si esta tragedia del planeta se prolonga, la zozobra vendrá por la falta de comida. Pero al igual que millones, se me aceleraba el corazón no por una eventual falta de arroz, leche, atún o apio, sino por la falta de papel higiénico. Quería papel, y suficiente, como para en medio de la catástrofe asegurar una sosegada evacuación en el seno del diminuto núcleo familiar. 

¿Por qué nos aterra el desabastecimiento de papel higiénico y no de lo realmente vital? Insondable, la mente del ser humano.

Confieso, y perdón por explorar esos terrenos, que dentro del auto, camino al Chedraui, pensé: ¿qué pasaría si hay un desabasto total de papel de baño? Lo primero, me respondí, acudir a las servilletas. Lo segundo, hojas de viejos cuadernos (aunque aún tengo mis dudas). 

¿Y si todo eso se agotó? Nos imaginé como homínidos saliendo de sus cavernas para buscar hojas de los árboles alrededor de casa: ni tan frescas que se resbalen, ni tan secas que se resquebrajen. O sea, para que estuvieran dotadas de resistencia y capacidad de arrastre, necesitaríamos hojas semisecas.

Tenía miedo de llegar al súper y enfrentarme a los desérticos aparadores donde debían estar los rollos. Por eso me preparé mentalmente en los minutos previos, mientras metía al carrito pasta, queso, servilletas, tortillas, yogurt, piña y demás viandas. 

Al final, agarré fuerzas e ingresé al pasillo del pavor.

Por ahí había pasado una manada de leones. Algunos anaqueles estaban vacíos. Había paquetes de papel de baño amontonados caóticamente, con las bolsas rotas, y aventados sobre el pasillo como si en vez de llevarlos a casa la población hubiera combatido contra ellos salvajemente. 

Lo más grande que encontré fue un paquete de 16 rollos. Lo tomé y leí el empaque: Pétalo Ultra Jumbo con 234 hojas dobles. Otra vez, nos unía el destino.

Volví contento a casa, sabiendo que el abastecimiento estaba asegurado por un mínimo de 80 días. En una emergencia usaremos servilletas y hojas de viejos cuadernos. 

Y en el peor de los casos, siempre nos quedarán las hojas (semisecas) de los árboles. EP

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