Boca de lobo: La “loca” que quiere salvar al mundo.

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP

Texto de 25/09/19

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP

A Celeste, una vecina jubilada, la habían metido al manicomio. Un día la viejita ya no estaba en su casa del barrio sino confinada en un hospital, recluida, vigilada, medicada, como un monstruo al que hay que mantener con grilletes tras las rejas.

Me acuerdo que en su vochito blanco, viendo por el retrovisor a su hijo que viajaba una tarde de los ’80 en el asiento de atrás, mi mamá me lo contó más o menos así: “Internaron a la señora Celeste en un psiquiátrico, a donde van los locos”.

-¿Por qué?-, pregunté.

-Creen que está loca.

E inició el relato. Días atrás, tocaron a su casa. Abrió y un mendigo le pidió una limosna: unos pesos para comprar bolillos, tortillas, cualquier cosa que aliviara su hambre.

Ella se dio vuelta y entró a su casa mientras el señor barbado esperaba en el vano de la puerta. Celeste abrió un cajón, tomó todos los ahorros de su vida, volvió y los entregó al mendigo. El hombre debió sonreír, atónito, quizá imaginando una broma. No lo era: la anciana le estaba regalando todo lo que tenía. Acaso con su realidad transformada para siempre, el señor en harapos le dijo adiós.

-Es terrible que la hayan metido al manicomio- , me dijo mamá en Calzada de Tlalpan.

Su familia, escandalizada al conocer el episodio, dictaminó que era impropio de alguien en su sano juicio. La buscaron y un vehículo la depositó en el psiquiátrico.

“¿Por qué la señora Celeste hizo eso?”, pregunté a mi mamá.

Me contestó algo así. “En todo caso, su decisión fue distinta a la que los demás hubiéramos tomado. Eso no la vuelve loca. Si hubiera agredido al mendigo no la habrían considerado loca, ni llevado a un psiquiátrico. Quien violenta, estafa, mata, es una persona normal. Es anormal, un loco al que hay que internar, quien antepone el bienestar de los demás al suyo”.

La maldad no es locura, solo es maldad; la generosidad ilimitada sí es locura.

Ayer la humanidad se partió en dos al ver a la activista ambiental Greta Thunberg en Nueva York. Garganta quebrada, ojos con lágrimas, cara en rictus, voz deformada por la furia, la adolescente dijo a líderes del mundo en la Cumbre sobre la Acción Climática de la ONU: “La gente está sufriendo. La gente se está muriendo. Ecosistemas completos están colapsando. Estamos en el comienzo de una extinción masiva y solo pueden hablar de dinero y de cuentos de hadas de un crecimiento económico eterno. ¡Cómo se atreven!”.

Parte de la sociedad se ocupó menos del fondo de ese discurso desesperado -que alertaba la devastación de la Tierra por la voracidad del dinero-, que de su voz, ojos, cara, garganta, inspiración para memes y “pruebas” de que Greta “está financiada por intereses oscuros”, y es falsa, melodramática, simplista, mercadotécnica, sobreactuada, ridícula, como se burlaron las redes, con esa palabras. Y Trump, claro. Dibujado un cuadro de locura (o muy cercano), también la compadecieron: probablemente sufre algún modo de abuso infantil, y está muy afectada por su trastorno, el Síndrome de Asperger.

A la otra mitad de la sociedad, la sorpresiva aparición de esta chica de 16 años le sirvió para detenerse a meditar, quizá como nunca antes, sobre la catástrofe del cambio climático, y algunos hasta echamos una mirada a nuestro país el en Climate Change Performance Index 2019, del que muchos no teníamos idea de su existencia.

“Las locas, los locos” -Celeste en la puerta de una casa, Greta frente a los líderes mundiales- con sus actos a veces nos ponen a pensar en pequeños dilemas filosóficos de la vida, como si el desprendimiento material es realmente un espantoso desvarío, o de cara a la ONU toman decisiones que pueden empezar a salvar al mundo.

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