Boca de lobo: La hija pródiga optó por la cloaca

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP

Texto de 31/07/19

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Era la hija del patriarca. Carismática, segura, alegre, inteligente, sagaz, en Rosario Robles corrían torrentes de virtudes. No había mucho que especular sobre las razones por las que Cuauhtémoc Cárdenas -efigie de la izquierda mexicana en aquel ocaso del siglo 20- le había heredado la jefatura de gobierno de la Ciudad de México.

El cargo no era poco. Al imperio político mexicano lo controlaban hombres. Hombres y más hombres eran vomitados por los partidos políticos para ocupar la arquitectura del poder desde la cúspide hasta la base. Invariablemente, las mujeres encarnaban papeles pequeñitos, discretos, casi invisibles: actrices de reparto aplastadas por la testosterona.

Por primera vez en la historia el gobernante de la capital fue elegido por voto popular pero en menos de dos años Cárdenas renunció porque quería ser presidente. Lo sucedió Rosario -hasta entonces secretaria de Gobierno de la ciudad-, economista de la UNAM robustecida por su sangre académica: demostraba al reflexionar y gobernar que en la política valía más estudiar, saber, pensar, que ejercer el poder “porque sí, porque trepé, tengo lana”, como dictaba la tradición mexicana.

Nos gobernó apenas un año, suficiente para encumbrarse por su personalidad y acciones valientes como la creación del Instituto Electoral del DF y, sobre todo, su “Ley Robles”, con la que luchó para que las mujeres fueran libres sobre su cuerpo y pudieran abortar.

En el albor del milenio, al entregar el cargo a Andrés Manuel, desde el mirador de la política divisaba un horizonte portentoso, un futuro de gloria. Pero no, lo repudió: sin tregua se consagró a cavar su tumba.

La primera palada fue en el 2000. Reforma investigó que en secreto, como jefa de gobierno, sobrefacturó estratosféricamente contratos publicitarios sin licitación con Publicorp. El objetivo, crear un “cochinito”. Es decir, el grueso de ese dinero retornaría a ella y su partido para financiar la campaña perredista y, seguramente, darse vida de reina.

Aunque ya herida, siguió cavando. En 2004, Brozo hizo público el video donde el empresario argentino Carlos Ahumada entregó a Bejarano decenas de miles de dólares en billetes. Después, más videos mostraron a otros perredistas célebres, como Imaz y Sosamontes, en negociaciones con Ahumada. En marabunta, miembros del PRD, su partido, señalaron públicamente a Robles, presidenta del partido entre 2002 y 2003, como destino de ese dinero. Ella, dijeron, operó los favores del dueño del grupo Quart, hombre de negocios favorito de la propia administración de Rosario, al que le otorgó multimillonarias obras públicas. Como a la historia le faltaba sexo, México supo que Rosario era amante de Ahumada, y ella lo admitió. Nuestro dinero se humedeció, se revolcó, entre sábanas.

Pero en México hacer todo eso no basta para morir. En 2012 emergió de las catacumbas como secretaria de Desarrollo Social de Peña Nieto. Importaron un pepino los principios aprendidos a su “padre” Cárdenas.

Lo que siguió lo sabemos: la Auditoría Superior de la Federación quiere vincularla a proceso. La causa: simular servicios con universidades para desviar fortunas de la Sedesol, institución que en un país pobre debería ser sagrada. El daño al erario, según el fiscal Gertz, rozó los 6 mil millones de pesos.

Rosario, la mujer que pudo ser presidenta, optó por lanzarse al abismo y zambullirse en la cloaca de los políticos cualquiera, asfixiarse en sus propios desechos. Pronto podría estar en la cárcel por delincuencia organizada.

Cada quien hace de su vida lo que quiere. EP

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