Boca de lobo: Karime y la síntesis de nuestra historia

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP

Texto de 30/10/19

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“Sí merezco abundancia. Sí merezco abundancia”. Delicada caligrafía, zetas y acentos en su lugar, la esposa del hombre más poderoso de Veracruz redactó esa frase en una libreta alemana Montblanc. En la foto que vimos, la primera dama estatal, Karime Macías, escribió la oración dos veces por línea en una página con 23 líneas: se repitió a sí misma que merecía abundancia 46 veces, como si ese coro histérico la autoconvenciera y disipara vestigios de remordimiento. ¿Por qué la merecía? Porque sí.

La foto de hace casi tres años mostraba, junto a la libreta, tazas de porcelana. No cuesta imaginar a la señora bebiendo té en su mansión una mañana, sus labios rozando la cerámica china, suave recordatorio bucal de una riqueza colosal que crecía con cerca de 90 millonarias residencias en Texas, Florida, Nueva York y otros sitios que su marido adquiría con cargo al erario, el dinero de todos, mientras su entidad masacrada por el crimen era además pináculo de la pobreza.

No sorprendería que un político del PRI escribiera eso en una libreta. Por décadas, se dicen esa frase en cuanto el poder los enamora. En su libro “Qué tanto es tantito, Atlas de la Corrupción en México”, los periodistas Carolina Rocha y Miguel Pulido se dan una zambullida histórica para mostrar a los “próceres de la corrupción”, figuras que, cada una a su modo, “perfeccionó y sofisticó una forma de rapacidad del político mexicano”. Y creó escuela para saciar su hambre de dinero y bienes. Ahí están, entre laureles, Miguel Alemán, Hank, Fidel Velázquez, López Portillo, Durazo, Raúl Salinas, el general Gutiérrez Rebollo, Pedro Aspe y Elba Esther. Decanos de la delincuencia institucional, actuaron metódicamente para conquistar abundancia.

Pero lo de Karime era único. Uno, no solo estaba lejos de ser una mujer rústica que aspiraba a devorarse al mundo, sino poseía refinamiento académico: abogada por la Ibero, es también maestra y doctora en Asistencia Social (je) por la Universidad Complutense de Madrid. Y dos, ella era solo la esposa del gobernador Javier Duarte; no obstante, hacía explícito que la obra de su marido  -sistemático creador de empresas fantasmas y triangulaciones financieras- debía bañarla a ella. Al escribirlo dejó registro de su codicia y de los tentáculos familiares de la impunidad mexicana.

EL PRI, esa universidad de la delincuencia que aún se alza portentosa en Buenavista pero que por dentro se desmorona, ha sido una rigurosa academia del mal cuyo cometido es que los alumnos aprendan a suministrar abundancia a ellos mismos y sus superiores, y tejer redes cómplices. Y esa casa de estudios tuvo en Duarte a su hijo pródigo, y luego a su gran vergüenza: al más feroz profanador del tesoro público en la historia de México lo venció el periodismo de Animal Político.

Acusado de lavado de dinero y delincuencia organizada, fue detenido en 2017. El coletazo final del monstruo, último orgullo de su impunidad, era su esposa. Libre, con una vida de lujo en el opulento barrio londinense de Belgravia, al lado de sus hijos seguía gozando el regalo de papá.

Acusada de desviar 112 millones de pesos del DIF que dirigía, ayer fue detenida por orden de la Interpol. ¿Su respuesta? Tomar 150 mil libras esterlinas, casi 4 millones de pesos, para enfrentar el proceso en libertad. Saquea a tu pueblo, haz un guardadito y disfrutarás beneficios.

Veremos si nuestra justicia famélica consigue que el caso prospere. Por lo pronto, nunca olvidaremos su “sí merezco abundancia”, escueta frase que es un brutal puñetazo en la cara de la sociedad y a la vez la dramática síntesis de nuestra historia. EP

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