Boca de lobo: El PRI es un mausoleo

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP

Texto de 17/07/19

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El titán de cemento gris, sólido, corpulento, con sus pisos, pisos y más pisos fragmentados en cientos de oficinas simétricas, eslabonadas con uniformidad marcial desde donde el PRI controló al país, lo domó, lo azotó a palos y pedradas como a un indefenso perro famélico hasta dejarlo agonizante, sigue ahí. Macizo, vemos alzarse al edificio si nos ponemos de pie en Insurgentes y dirigimos los ojos a Buenavista. Guiados solo por la apariencia de esa estructura, nada cambió: la sede nacional del único partido que puede usar los colores patrios se percibe vigorosa, como cuando en los ‘60 esa mole se fundó para empatar su existencia con el trágico sexenio de Díaz Ordaz.

Si uno se acerca puede observar, sobre las cientos de oficinas de la fachada, las opacas y gruesas cortinas grises y beige, evocación del interiorismo de los años 70, 80, cuando la represión, el engaño y el saqueo se volvieron el pilar doctrinario que perdura.

Atrás de esas telas ideales para ocultar, en escritorios de caoba y maderas finas, las ratas forradas de oro urdieron miles de acuerdos secretos para durante generaciones erigir magnates a costa del hambre y la desesperación de millones.

Pero estos años cometieron un error. En el gobierno federal pasado, el más corrupto de la historia, el PRI no destinó las fortunas robadas a México para fortalecerse como institución. Salvo un dinerito ilegal para campañas electorales, dilapidó en triangulaciones financieras, residencias en Florida City, depósitos en Suiza y, desde luego, yates, relojes, autos, eso que da sentido a sus vidas. El PRI derrochó el botín en placer personal.

¿Y el partido? Peña Nieto dejó un PRI rebosante de delincuentes que no devolvieron nada a su alma mater. La dejaron hecha un despojo: una alegría para un país entero, aunque mesurada por una amenaza. Postrado, el PRI no tenía más opción que refundarse. ¿Acaso seríamos testigos de lo inaudito, de una revolución moral que haría del tricolor un partido de avanzada, crítico y agudo, con nuevos cuadros que horrorizados de sus inmundos padres limpiarían una letrina del tamaño de la galaxia donde los priistas se revolcaban, ahora derrotados, en estiércol y pestilencia?

Aunque lejana, estaba la posibilidad del nuevo PRI, o de una nueva trampa que se haría pasar por un nuevo PRI. Agárrense.

Pero no, hay buenas noticias. En el arranque de la 4T observamos un PRI que de pequeñito pasó a microscópico, cuya fuerza en el congreso es un susurro ante los altoparlantes estruendosos de Morena. Luego confirmamos por Narro lo que sabíamos: la elección de la dirigencia interna era una simulación, un remake del PRI paleozoico. Después nos informaron que el aspirante a la presidencia del partido, “Alito” Moreno, se construyó en Campeche una residencia de 46 millones de pesos, cifra años luz distante de sus ingresos. Más tarde Emilio Lozoya, exdirector de Pemex, fue imputado por asociación delictuosa, operaciones con recursos de procedencia ilícita y cohecho. Hace días, Juan Collado, abogado de los eminentes priistas Carlos y Raúl Salinas, Mario Villanueva y Peña Nieto, fue preso por presunto lavado de dinero. Y esta semana el gran maestre de la depravación política, Javier Duarte, nos contó que negoció con el gobierno de Peña su captura en Guatemala a cambio de la exoneración de su familia y que Osorio Chong, entonces secretario de gobernación, al estilo PRI, en las penumbras, le exigió renunciar y hacerlo en el noticiero de Carlos Loret.

Buenas noticias. El PRI sigue siendo el PRI, nada nuevo hay en sus entrañas y ni siquiera a su imagen le ha inyectado tres gotas de botox, aunque sea para disimular.

Empobrecido, sin cerebros nuevos, con un poder raquítico, el PRI sigue inmolándose y ese portentoso edificio que vemos en Buenavista es solamente un mausoleo.

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