Ayuujk: ¿Para qué sirven las listas de lenguas en riesgo de desaparición? Algunas consideraciones

Ayuujk es el blog de Yásnaya Aguilar Gil y forma parte de los Blogs EP

Texto de 17/06/19

Ayuujk es el blog de Yásnaya Aguilar Gil y forma parte de los Blogs EP

Una de las preguntas más frecuentes que hacen los periodistas cuando se habla sobre el fenómeno de la muerte masiva de las lenguas es sobre el número de ellas que están en peligro de extinción. Hace unos días en una nota de conocido periódico se reportó que yo había dicho que en México hay 30 lenguas en riesgo de extinción. A pesar de que no dije tal cosa, leer la nota me puso a pensar sobre las implicaciones y la utilidad de generar un número específico de lenguas en riesgo de muerte. ¿Cuántas lenguas están en peligro de extinción en México? No es una respuesta fácil de responder. En primer lugar, porque los criterios para determinar esto no arrojan una lista inobjetable, el proceso es gradual y las circunstancias que aceleran la extinción de las lenguas pueden cambiar drásticamente en poco tiempo. De entrada, el número de hablantes puede ser un criterio importante, lo es solo cuando los hablantes son realmente muy pocos, pero en otros casos el número total de hablantes no es un buen indicador. Por ejemplo, el caso del yoruba, una lengua indígena hablada en África, es muy interesante; el número de hablantes de esta lengua supera al número de hablantes de danés y sueco juntos, sin embargo, los hablantes de la lengua yoruba enfrentan un proceso de pérdida derivado de la violación de derechos lingüísticos a los que han sido sometidos. Aun cuando el número de lenguas en riesgo de extinción puede ser un buen encabezado para una nota periodística, la verdad es que hay que tomar en cuenta muchos factores antes de lanzar números concretos.

Si bien es totalmente claro que lenguas como el ixcateco en Oaxaca, el ayapaneco en Tabasco, el oluteco en Veracruz y el kiliwa en Baja California están a punto de la extinción pues su número de hablantes no supera la decena en el mejor de los casos, lo que sucede con las demás lenguas indígenas no es tan claro. Pongamos por contraste otro caso, si sumamos los hablantes de todas las variedades de lo que llamamos zapoteco (con una diversificación interna parecida a la que existe entre las lenguas romances) podremos concluir, erróneamente, que es la lengua con mayor número de hablantes del Estado de Oaxaca y que se encuentra, por lo tanto, lejos de las listas de lenguas en riesgo de desaparición a las que urge poner atención. Si analizamos la situación con más cuidado, nos daremos cuenta que cada una de las comunidades hablantes de zapoteco posee una variedad particular y que si hacemos una lista de comunidades en las que la lengua zapoteca está en riesgo, la radiografía nos arroja que, a pesar de su elevado número total de hablantes, son muchísimas las comunidades de hablantes de zapoteco que están desapareciendo y a las que urge atender.

Para el caso de las lenguas de Oaxaca, una lista de comunidades con lenguas indígenas en peligro de desaparición puede ser mucho más útil que una lista de lenguas en riesgo. Algo semejante ocurre con agrupaciones de lenguas muy diversificadas internamente como el náhuatl, si sumamos a todos los hablantes concluimos que es la lengua indígena más hablada en el país, si hacemos un acercamiento por comunidad de habla y ritmo de pérdida podemos concluir que está en riesgo considerable. Las lenguas indígenas son como islas, unas más grandes, otras más pequeñas, que están siendo inundadas por el océano en el que se ha convertido el castellano. El océano puede estar inundando a una isla grande, por más grande que sea, a una velocidad mayor que a una pequeña. Si solo nos enfocamos en las islas pequeñas que han perdido ya mucho territorio frente al océano podemos dejar de ver la velocidad a la que las islas grandes están siendo inundadas.

Dado que las lenguas del mundo que se encuentran amenazadas son aquellas lenguas de pueblos que no conformaron estados-nacionales y que han sido combatidas por los mismos, podemos decir, tal vez de manera más adecuada que todas las lenguas que no son lenguas reivindicadas por los estados están en proceso de desaparición. La diferencia está en el grado de la amenaza de extinción, pero todas están en ese proceso puesto que sus hablantes han sido discriminados y sus derechos lingüísticos violentados. Dar números concretos de lenguas en riesgo de desaparición en México (ya sea 4, 15 o 30) parece implicar que las demás lenguas indígenas no se encuentran en riesgo. Todas las lenguas indígenas del país se encuentran en riesgo de extinción, aunque no en el mismo grado. Todas las lenguas indígenas del país cuentan con comunidades de hablantes en donde la lengua está desapareciendo, aunque la suma total de lenguas como el mixteco parezca imponente. Una lista de comunidades en donde una lengua está en riesgo (sea náhuatl o sea seri) podrá arrojar una mejor radiografía de la situación. Si la intención de generar listas concretas de lenguas en peligro de desaparición es llamar la atención para que sean atendidas entonces están dejando fuera muchas lenguas y muchos casos. No importa que el número total de hablantes del náhuatl ronde el millón, este número puede ser mucho menor en tan solo una generación.

Si asumimos que todas las lenguas indígenas de México están en riesgo de desaparición, entonces podemos hacer un diagnóstico más adecuado para fijar el grado de peligro de desaparición ya no por todo lo que llamamos mixe sino por comunidades de habla concretas que estén atravesando el proceso de pérdida de manera más acelerada. Para hacer este diagnóstico hay que tomar en cuenta muchos factores cuantitativos y cualitativos y generar así una radiografía más realista del ritmo de pérdida actual de las lenguas indígenas. Ese diagnóstico es urgente pues depende del grado de pérdida y de sus circunstancias para diseñar programas de atención y de revitalización especializados y diferenciados. No es lo mismo implementar actividades en una comunidad en donde aún hay hablantes pequeños a hacerlo en un pueblo en donde sólo lo hablan personas de la tercera edad, por poner un ejemplo. Sin un diagnóstico adecuado será difícil implementar programas e iniciativas serias que puedan frenar el proceso de pérdida. En diferentes comunidades indígenas se han emprendido diagnósticos interesantes y necesarios. Lamentablemente el Estado Mexicano aún carece de esta herramienta básica: un diagnóstico serio de la pérdida de las lenguas indígenas en el país.

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