Solastalgia: una emoción emergente ante la pérdida del entorno natural

Beatriz Alessio Robles Landa escribe sobre la “solastalgia”, aquella emoción que experimentamos los seres humanos ante la pérdida de la naturaleza y los cambios climáticos que están teniendo lugar en los últimos años.

Texto de 04/03/25

sequía

Beatriz Alessio Robles Landa escribe sobre la “solastalgia”, aquella emoción que experimentamos los seres humanos ante la pérdida de la naturaleza y los cambios climáticos que están teniendo lugar en los últimos años.

¿Has sentido alguna vez opresión en el pecho al saber que alguna especie de nuestro planeta se está extinguiendo? ¿Has notado alguna sensación extraña en tu cuerpo cuando escuchas noticias sobre la desaparición de parajes por causa de huracanes, lluvias torrenciales, incendios o sequías? ¿Sientes algún dolor peculiar cuando notas que el parque al que solías ir es hoy un estacionamiento?

“¿Qué diferencia hay entre una sensación, una emoción y un sentimiento?”

Reconocer lo que ocurre en nuestra biología y nuestro cuerpo con respecto al medioambiente y la cultura del lugar nos ayuda a identificar nuestras emociones. ¿Qué diferencia hay entre una sensación, una emoción y un sentimiento? Se puede definir la sensación como aquella impresión que se genera por un estímulo exterior o interior. Una emoción es la respuesta que se deriva después de haber percibido una sensación; y un sentimiento es un estado de ánimo determinado. Al ser una respuesta ante una emoción y un pensamiento, un sentimiento tiene más duración que una emoción.

Estoy segura de que has oído hablar de las llamadas emociones primarias. Estas se resumen con las siglas MATEA (miedo, afecto, tristeza, enojo y alegría), son inherentes al ser humano y nos ayudan a sobrevivir. Sin embargo, existen otras muchas emociones que van facilitando nuestra comprensión del mundo y sus relaciones; estas han sido denominadas como emociones secundarias; algunos ejemplos son la vergüenza, la culpa y el orgullo. A medida que se han definido emociones más complejas, han ido aparecido otras clasificaciones; tal es el caso de las denominadas emociones raras. Estas se encuentran en un nivel más elevado, son difíciles de expresar y pueden pasar desapercibidas. Un ejemplo de emoción rara es el “dèjá vu”.

Hay otras emociones que son catalogadas como emociones mixtas, en las cuales se experimentan dos o más emociones de manera simultanea; pueden ser positivas o negativas y suelen ser más difíciles de reconocer y comprender. Es lo que llamamos emociones agridulces. Se puede hablar también de emociones morales, que son aquellas que alteran el ánimo de una persona para tratar de comprender lo que es bueno y lo que es malo. Tal es el caso, por ejemplo, de la indignación.

Una emoción rara, mixta y con carga moral, que además es bastante nueva, es la solastalgia. La solastalgia fue descrita por primera vez en 2005 por Glenn Albrecht, filósofo y medioambientalista australiano en su libro Las emociones de la Tierra. Su origen parte de dos vocablos: uno del latín, solacium (‘comodidad’), y otro del griego, algia (‘dolor’). Esta palabra es un neologismo que describe la angustia y el estrés mental que se producen al perder los parajes naturales y la biodiversidad. Muchas son las causas por las que un ser humano puede sufrir solastalgia: el cambio climático, la tala inmoderada de los bosques, la minería, las sequías, las inundaciones, los ciclones, los tornados, la disminución en el número de individuos de una población de organismos vivos, la extinción de alguna especie.

Albrecht formuló este neologismo tras haber vivido una serie de sequías en Nueva Gales del Sur, Australia, y tras el impacto que ocurrió en este lugar al abrirse una mina a tajo abierto. Las personas que vivían junto con él experimentaron reacciones negativas ante la impotencia y angustia de ver los cambios ambientales que iban ocurriendo sin que pudieran hacer nada.

Cuando sentimos solastalgia podemos reconocer malestar en el cuerpo, coraje, indignación, fatalismo, pérdida de motivación ante actividades cotidianas y temor crónico de los cataclismos medioambientales, lo que hace que experimentemos también angustia por nuestro futuro y el de las generaciones venideras. La solastalgia tiene como consecuencia que nos reconozcamos como seres violentados, amenazados y vulnerables, lo que llega incluso a afectar nuestra salud mental al grado de tener pérdida de identidad, tendencia a abusar de sustancias y el deseo de no tener hijos.

Quienes viven en entornos más naturales, como los pueblos originarios, son mucho más propensos a experimentar solastalgia que los que viven en las grandes urbes, ya que su dependencia de la naturaleza es más estrecha.

Un estudio de la American Psycological Association dice que la solastalgia puede experimentarse tanto por personas que han sufrido los efectos del cambio climático, como por aquellos que aún no lo hacen. Y los jóvenes, más que los adultos, son quienes la sienten con mayor fuerza debido a que perciben que su futuro está comprometido.

La solalstalgia puede provocar que nos quedemos pasmados, sin hacer nada, pero también nos puede forzar a tomar acciones para intentar revertirla. Se solía decir que el cambio climático sucedería en un futuro relativamente próximo, y que estaríamos expuestos al mismo en una o dos generaciones más, pero por desgracia el destino nos ha alcanzado y estamos ya inmersos en ese momento crítico. Si la temperatura aumenta más de 1.5 ºC, estaríamos llegando a un punto de inflexión tal que los cambios serían irreversibles. Viviríamos la pérdida del hielo marino del Ártico y la muerte de grandes masas de arrecifes de coral, entre otras catástrofes, lo que traería como consecuencia cambios vertiginosos en la fisonomía y ecología de la tierra. Muchas regiones naturales del mundo podrían desaparecer, lo que repercutiría a su vez en la migración, el desplazamiento y la extinción de especies, entre las que, por supuesto, estamos los seres humanos.

Para nuestra fortuna, Albrecht no solo reconoció la solastalgia como una emoción negativa frente al cambio medioambiental; él también menciona que nuestro entorno puede dejar de deteriorarse si reconocemos emociones positivas frente a ella. Una emoción positiva frente a la naturaleza es la topofilia. La topofilia también está compuesta por dos vocablos: topos (‘lugar’) y filia (‘amor’). Este concepto fue utilizado por W. H. Auden en 1947 para describir el amor a ciertos lugares. ¿Recuerdas alguno en especial que te traiga buenos recuerdos? Algunas otras emociones positivas que el autor menciona en su libro son la biofilia (‘amor por los seres vivos’), la ecofilia (amor por el entorno’) y la sumbiofilia (amor a vivir juntos’).

¿Qué acciones podríamos tomar para combatir la solastalgia? Algunas pistas:

  • Fortalecer la conexión con la naturaleza: acampar, realizar deportes al aire libre, subir momtañas, balsear, tener días de campo, hacer senderismo.
  • Caminar y promover el uso de la bicicleta.
  • Tener un estilo de vida más saludable; consumir alimentos orgánicos y menos carne roja.
  • Considerar vivir con las tres “R”: reducir, reciclar, reutilizar.
  • Aumentar más “R” a nuestro modo de vida: reparar, reconstruir, remozar, restaurar, remendar, rehacer, etc. Esto nos haría consumir menos productos, lo cual ayudaría a tener un medioambiente más sano.
  • Separar los residuos sólidos.
  • Al hacer compras, llevar con nosotros termos, recipientes y bolsas reciclables.
  • Estrechar lazos con nuestros vecinos y apoyar el consumo local.
  • Informarse y aprender sobre las causas del cambio ambiental y sus posibles soluciones.
  • Impulsar políticas públicas de protección y cuidado al medio ambiente.
  • Buscar noticias positivas e inspiradoras de acciones en favor de la naturaleza que sí se estén haciendo en tu localidad y en el mundo.
  • Si así se requiere, recurrir a terapia o apoyo emocional para poder manejar los impactos relacionados con el medioambiente.
  • Desarrollar prácticas espirituales que promuevan el sentido de vida.
  • Esperanzarnos para construir creativamente nuevas alternativas.
  • Reconocernos como una especie más de la naturaleza. No somos los dueños, ni los dominadores, ni el centro de ella. Sentirnos uno con ella nos ayudaría a tener una vida más armónica, más ética y más espiritual.
  • Reconocer a la naturaleza como sujeto de relación y, por tanto, sujeto de admiración, cuidado y responsabilidad.

La solastalgia puede provocar que nos paralicemos y no hagamos nada frente a los cambios medioambientales o, por el contrario, nos puede llevar a esperanzarnos y a proponer alternativas creativas que nos conduzcan a soluciones innovadoras. Si hacemos consciencia de que hay que dejar los lugares a los que vamos igual o mejor que como los encontramos, estaremos pensando no solo en nuestro presente, sino en nuestro futuro y en el de las generaciones venideras y su derecho a disfrutar la naturaleza.

“La solastalgia puede provocar que nos paralicemos y no hagamos nada frente a los cambios medioambientales…”

Se nos ha dado este planeta azul en herencia y de nosotros depende la permanencia de sus hábitats y la comunión entre todas las especies. EP

Bibliografía

Albrecht, Glenn. 2022. Las emociones de la Tierra. Cornell University: MRA.

Boff, Leonardo. 2016. La Tierra está en nuestras manos. Santander: Sal Terrae.

Goodall, Jane & Douglas Abrams. 2021. The book of Hope. A survival guide for trying times. New York: Celadon.

Kiernan, Julia E. “Situating Solastalgia within Climate Fiction Anthropogenic Expansions of Dystopian Fiction. Helice. 8, 2 (2023). 66-76.

El análisis independiente necesita apoyo independiente.

Desde hace más de 30 años, en Este País ofrecemos contenido libre y riguroso.

Ayúdanos a sostenerlo.

DOPSA, S.A. DE C.V