La sequía evidencia la mala gestión del agua

¿La ausencia de lluvias es la única causa de la escasez de agua? En este reportaje, Astrid Rivera brinda la perspectiva de distintos especialistas sobre el tema.

Texto de 15/12/21

¿La ausencia de lluvias es la única causa de la escasez de agua? En este reportaje, Astrid Rivera brinda la perspectiva de distintos especialistas sobre el tema.

Tiempo de lectura: 7 minutos

Cada vez más, la sequía invade más regiones del país. La ausencia de lluvias y las décadas de sobreexplotación de los recursos hídricos colocan a México en una situación crítica: es indispensable emprender acciones para garantizar a toda la población el acceso al agua.

El cambio climático año con año se intensifica; al modificarse los patrones climáticos, se retrasa la llegada de precipitaciones. ¿La ausencia de lluvias es la causa de la escasez de agua? Una legislación obsoleta, la falta de inversión en infraestructura hídrica y las concesiones a empresas son algunos de los factores que —a decir de especialistas— han propiciado una mala administración del agua, la cual ha sido evidenciada con la intensidad de la sequía que azota a México.

Hasta el 31 de mayo, el 72.53% del país se encontraba en algún grado de sequía; las regiones del noroeste del país, así como el dominio de sistemas de alta presión en los niveles medios atmosféricos sobre el occidente del territorio nacional, eran las zonas más golpeadas por la ausencia de lluvias. Dicho de otra forma, de los 2,463 municipios que hay en México, 1,089 presentan sequía, según datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

Por otro lado, de las 210 presas prioritarias que proveen de agua a la población, sólo dos se encuentran al 100% de almacenamiento; de estas, 46 se encuentran entre el 50 y 75% de su capacidad.

Aunque durante las últimas semanas se han registrado lluvias en el noreste, sur y sureste de México, no han sido suficientes para disminuir notablemente las áreas con sequía en el territorio nacional.

En la zona metropolitana del Valle de México, la situación no es menos grave. El almacenamiento de las tres principales presas que conforman el Sistema Cutzamala —que abastece de agua potable a más de cinco millones de habitantes de esta zona del país—, se encuentran al 39.2% de su capacidad: los niveles más bajos desde hace 25 años, según datos de la Conagua actualizados al 25 de mayo.

Urge buen manejo

Para Lucía Madrid, coordinadora de operaciones estratégicas del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible sobre el Manejo Sustentable de Suelo, la sequía que enfrenta el país no es consecuencia de la ausencia de precipitaciones, sino de un mal manejo de las presas del país y la falta de inversión en sistemas de captación de lluvias.

Al respecto, destaca: “El buen manejo de las cuencas te da mayor cantidad de agua. La respuesta de Conagua es: «No llueve, hay sequía». Pero el agua que corre por los ríos está mal manejada, porque pasa por zonas de riego donde se desperdicia una gran cantidad, que podría estar llegando a las presas. Si hemos llegado a este punto, no sólo es por la sequía, sino por el mal manejo, por la falta de políticas públicas que inviertan en mejorar los sistemas productivos en las cuencas”.

La especialista advierte que si queremos adaptarnos al cambio climático, es necesario invertir en técnicas que propicien un buen manejo de las presas y el aprovechamiento sustentable de las cuencas, que son territorios por donde fluye agua que va a ríos y mares. Además, es precisa la implementación de buenas prácticas en la agricultura que eviten la deforestación y la contaminación por agroquímicos.

Madrid resalta la importancia de contar con políticas públicas que propicien la inversión en sistemas de captación de lluvia, así como la generación de mecanismos que impulsen buenas prácticas en la agricultura, la ganadería y demás actividades económicas. Esto con el fin de tener un aprovechamiento sustentable de los recursos hídricos.

Además, añade: “Hay una inercia de un diseño de política muy vieja que se ha mantenido, que es invertir en grandes plantas potabilizadoras, sistemas de bombeo. Conagua no tiene dinero: le cortaron el presupuesto de forma muy importante; tienen recursos para medio sobrevivir. Se requiere de una asignación presupuestal dirigida al manejo de las cuencas”.

Ocho años sin Ley de Aguas

Pedro Moctezuma, integrante de la Coordinadora nacional “Agua Para Tod@s, Agua Para La Vida”, señala que si bien la sequía por la que actualmente atraviesa el país tiene que ver con el cambio climático, también tiene su causa en la mala administración de los recursos hídricos en los últimos 30 años. En este periodo se ha sobreexplotado el líquido y se han otorgado concesiones a grandes empresas, cuya duración puede ser de hasta tres décadas.

En este sentido, explica: “La Ley General de Aguas ha sido descuidada por el Congreso de la Unión; hay una omisión de ocho años y esto es lo que solucionaría estratégicamente la situación. Tenemos instituciones obsoletas como la Conagua y una legislación caduca como la Ley de Aguas Nacionales; por ello, es importantísimo un cambio en el paradigma. El hecho de que se presente esta sequía, pone luz en el mal manejo del agua de los últimos 30 años”.

En 2012, se realizó una reforma al artículo 4 constitucional, mediante la cual se plantea el acceso equitativo al agua como un derecho humano de todos los mexicanos y un uso sustentable, Además, establece que el Estado garantizará este derecho, en coordinación con las entidades del país, municipios y la participación ciudadana.

De esa reforma se desprende un artículo transitorio en el que se mandataba al Congreso de la Unión emitir una Ley General de Aguas en un plazo de 360 días, los cuales corrieron a partir del 8 de febrero de 2012 —fecha en la que se publicó el artículo reforma—. Este no se cumplió y tras ocho años no se ha realizado la legislación.

Moctezuma destaca que desde 2013 la Coordinadora nacional “Agua Para Tod@s, Agua Para La Vida” presentó la iniciativa ciudadana de Ley General de Aguas, y desde entonces se han generado foros ciudadanos en el Congreso; sin embargo, el poder legislativo no la ha discutido. Terminó un periodo más y no se abordó. El especialista atribuye este “pasmo” a que persisten intereses de grandes empresas para evitar que se legisle el agua.

Añade: “Entonces este jaloneo de fuerzas tiene paralizado al país en una etapa sumamente riesgosa por la sequía, la pandemia y por la grave contaminación que tienen ya estas aguas. Es vital destrabar esta falta de conciencia y lograr una ley general de aguas; si esto no sucede, la situación se va a deteriorar de una manera grave, incluso en algunas partes del país puede haber colapsos hídricos por falta del líquido”.

Aunado a la falta de una legislación, Moctezuma señala que la mala gestión del agua se relaciona con el acaparamiento, dado que actualmente hay “un sobreconcesionamiento” en gran parte del país y una gran desigualdad entre los concesionarios.

Al respecto, explica: “El 2% de los concesionarios manejan el 70% del volumen de agua; dentro de las prioridades en la distribución del agua, en realidad, actualmente se está poniendo en último lugar el uso doméstico familiar: se mezcla dentro de los usos del agua como uso público urbano. Quienes pagan los platos rotos somos los mexicanos; no ha dejado de haber una generosa dotación permanente de agua a las embotelladoras, las cerveceras, a los grandes negocios del agua”.

Aguas compartidas

Para Delia Montero, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), además de las sequías que afectan al norte del país, otro factor compromete la disponibilidad de los recursos hídricos en esa región. Se trata de las aguas que México comparte con Estados Unidos, un compromiso que data del acuerdo firmado entre ambos países en 1944; este regula cómo los dos países deben repartirse el agua de los ríos Bravo y Colorado, que forman parte del límite territorial entre ambos.

La especialista advierte que debido al cambio climático y a la ausencia de lluvias que abastezcan las presas, cada vez será más difícil cumplir con este tipo de compromiso, puesto que la disponibilidad del recurso es cada vez más escasa.

En septiembre del año pasado el conflicto estalló y ocasionó que cientos de productores agrícolas y habitantes cercanos a la presa La Boquilla, al norte de Chihuahua, protestaran para evitar que México cediera agua al país norteamericano. Tras las protestas y la presencia de la Guardia Nacional, el gobierno mexicano llegó a un acuerdo con Estados Unidos, en el que nuestro país se comprometía a pagar el volumen de agua atrasado.

Montero explica: “El asunto es que México tiene un adeudo del agua. El acuerdo es que si hay un año de sequía, no se paga esa cuota anual; si hay un buen año de lluvias, se paga el remanente del año anterior y se trata de llegar a un equilibrio, en el que ni te debo ni me debes. Esa agua proviene del agua de lluvia: si hay un mal año, ese río tendrá pocas agua; los mantos freáticos tienen poca agua y tendrán que utilizar más de esas aguas compartidas”.

Ante esta situación, la académica destaca la necesidad de desarrollar un sistema de prevención, mediante el cual se informe a la población sobre medidas para cuidar el agua. Asimismo, se deben instaurar medidas como el establecimiento de límites de extracción para las empresas.

Hacia un mejor uso del agua

Jorge Ramírez Zierold, investigador de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), comenta que ante la escasez de agua es necesario implementar un consumo responsable y consciente del agua, a fin de disminuir todos los desperdicios. Además, es preciso impulsar ecotecnias para disminuir la afectación de la agricultura en la cobertura vegetal, esto con el fin de evitar la deforestación y generar mayor captación de agua.

El investigador explica: “Si analizamos zona por zona, en Ciudad de México hay zonas que, por el tipo de propiedades y el tipo de extensiones de jardines, tienen una demanda mucho más amplia que el resto de la población. Definitivamente, la Ley de Aguas debe reconsiderar los distintos niveles de uso del recurso y su distribución en virtud del número de pobladores y del tipo de actividades realizadas en las diferentes zonas del país”.

Eduardo Vázquez, director ejecutivo del Fondo de Agua de la Ciudad de México de Agua Capital, considera que las políticas públicas de gestión del agua deben tener una perspectiva de largo plazo, mediante la cual se incorpore la dimensión del cambio climático. También tiene que incluir el ordenamiento territorial, pues destaca que con la concentración de la población en las ciudades, la disponibilidad de agua es cada vez más escasa.

Estimaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) refieren que de 105 de 653 acuíferos subterráneos en México se encuentran en condiciones de sobreexplotación. Vázquez explica: “La falta de disponibilidad de agua sí se ve reflejada por la concentración de la población, pero también por la falta de políticas adecuada, por la falta de ordenamiento territorial. Los ecosistemas son la principal fuente de agua; en la medida que se deforestan los bosques y las áreas naturales protegidas, se afecta a la capacidad de almacenamiento de agua, de filtración y de recarga para los distintos usos”.

El activista recalca que la gestión del agua debe abordarse de manera conjunta entre los diversos estados, así como con la sociedad civil y la academia. Sólo de esta forma se encontrarán soluciones que mejoren el acceso de este recurso a toda la población. EP

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