Diversidad agrícola para enfrentar el cambio climático

¿Conocemos lo que es la agrobiodiversidad? Gabriela Ramírez Galindo detalla por qué la diversidad en los cultivos, y el adecuado estudio genético de las semillas, significan una herramienta contra el cambio climático. Es necesario reformar la forma en la que el mundo produce y consume alimentos y aquí un claro ejemplo de un procedimiento exitoso.

Texto de 29/10/21

¿Conocemos lo que es la agrobiodiversidad? Gabriela Ramírez Galindo detalla por qué la diversidad en los cultivos, y el adecuado estudio genético de las semillas, significan una herramienta contra el cambio climático. Es necesario reformar la forma en la que el mundo produce y consume alimentos y aquí un claro ejemplo de un procedimiento exitoso.

El cambio climático es el gran desafío de nuestro tiempo. Para reducir nuestras emisiones a nivel global se ha enfatizado el potencial de las energías renovables, las tecnologías con bajas emisiones de carbono y la mejora de la eficiencia energética y, recientemente, también se habla de reducir las emisiones provenientes de la producción, procesamiento, transporte y consumo de nuestros alimentos. Sin embargo, adaptarnos a un mundo en el que el clima es cada vez menos predecible será crucial, y para ello, algunos proyectos buscan aprovechar la diversidad natural, tan pródiga en nuestro país.

Algunos de estos esfuerzos, que se llevan a cabo tanto en el laboratorio como en el campo con los agricultores, buscan mantener y mejorar la diversidad genética de plantas como el frijol y el maíz, esenciales en la gastronomía y cultura mexicanas, y de gran importancia a nivel mundial.

“El cambio climático que ha generado el aumento de temperaturas, lluvias más espaciadas, y sequías más largas e inesperadas, ha impactado enormemente al cultivo del frijol”, explica la doctora Alejandra Alicia Covarrubias Robles, quien desde el Instituto de Biotecnología de la UNAM dirige trabajos para identificar aquellas plantas de frijol que puedan mostrar mayor tolerancia a las sequías.

“El frijol común comestible (Phaseolus vulgaris) es una especie que no es muy tolerante a la sequía” explica. “La sequía que más impacta a este cultivo es la llamada sequía terminal. Las sequías terminales son un problema muy serio. Caen cuando el frijol comienza a florecer y dar semillas, lo que provoca que la productividad disminuya drásticamente. Eso ha originado que tan solo en los últimos cinco años haya habido pérdidas hasta del 80% del cultivo de frijol en México”.

Ante este escenario, Covarrubias y su equipo de especialistas decidieron centrar sus investigaciones en entender qué hace el frijol para responder a este tipo de condiciones. “Hemos comenzado a partir de un banco de semillas de frijol cuya tolerancia ya se conoce en el campo” detalla.

Desde hace miles de años, y en las diferentes regiones de México, los agricultores han seleccionado semillas de frijol, maíz y muchas otras plantas, con diferentes características, dependiendo de sus necesidades y gustos. Lo que ha hecho que su diversidad en el país sea extraordinaria. 

En el campo mexicano, en los cultivos de los agricultores, más de una tercera parte (58) de las 150 especies de frijol conocidas alrededor del mundo germinan y crecen bajo la luz del sol y expuestos a las lluvias y los vientos. 

A partir de esta gran diversidad de frijoles, la doctora Covarrubias selecciona semillas, con agricultores y agrónomos, y las reproduce en invernaderos. De esta forma, analizan las semillas de forma controlada, con el fin de llevarlas eventualmente al campo. Desde hace mucho se sabe, por ejemplo, que los frijoles de la raza Durango, del norte de México, son tolerantes a las sequías, explica Covarrubias, quien en 2018 recibió junto con su equipo el Premio Newton por su proyecto de frijoles resistentes a la sequía

Lo que Covarrubias y su equipo hacen se parece de alguna forma a lo que las manos pródigas y sabias de los agricultores han hecho, por miles de años, al domesticar frijoles, maíz y calabaza, pero con base en el conocimiento de las diferentes necesidades regionales que obtienen de bancos de semillas, semillas ya segregadas de acuerdo ciertas características deseadas.

“En nuestro caso, la idea es poder tener un conocimiento más dirigido, para posteriormente tener estrategias también más dirigidas”. Las semillas que utilizamos en algunos de nuestros proyectos provienen de una sola variedad, es decir, son genéticamente más homogéneas. 

“Partir de algo homogéneo para hacer un análisis metódico les permite realizar una selección de frijoles tolerantes y, con ello, conocer los genes involucrados.”

Partir de algo homogéneo para hacer un análisis metódico les permite realizar una selección de frijoles tolerantes y, con ello, conocer los genes involucrados. Esto les permitirá generar herramientas alternativas para que la selección de frijoles tolerantes a la sequía terminal sea más simple y rápida.

“La investigación necesita genes originales, y los maíces nativos son eso [genes originales]”, afirma Jaime Leal, Gerente de Hub Pacífico Sur-IDP del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT). Leal trabaja en el Estado de Oaxaca con diferentes tipos de agricultores de maíz y trigo, desde los de autoconsumo y subsistencia hasta productores comerciales.

“Es muy importante mantener los maíces nativos” dice, porque, dependiendo del ambiente en el que han crecido, algunos de ellos han generado ciertas características, y eso les permite tener resistencias, por ejemplo, a las sequías.

Jaime Leal. Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo.

Sin diversidad genética no podremos adaptarnos a las nuevas condiciones climáticas, explica Leal. “Si antes llovía 650 mm, y hoy llueve 400 mm, y no tienes esta capacidad de tener diferentes alternativas a nivel genético, tu semilla se va a quedar corta, y va a llegar un momento en que no van a poder sobrevivir”. 

Reconocida como una institución líder en el tema de mejoramiento genético de maíces y trigos, el CIMMYT ha modificado su estrategia con el pasar de los años. Ahora trabaja con innovaciones que permiten a los agricultores lograr una mejor labranza, cuidar del suelo, mejorar el manejo de la fertilización y de las plagas, incluso ya sin uso de insecticidas. 

Leal las describe como “soluciones sistémicas que tienen un impacto hacia estos cambios que está sufriendo la agricultura a consecuencia del cambio climático”. 

En Oaxaca, describe Leal, “los maíces nativos tienen gran aceptación, por los colores, por los sabores”. Pero no sólo eso, en algunos casos, las variedades híbridas no son aptas para las diferentes condiciones del paisaje mexicano. En Oaxaca, detalla Leal, los híbridos no son aptos para la cantidad de laderas que tiene el Estado de Oaxaca.

Los maíces nativos, asegura Leal, tienen un costo menor, y con un buen manejo se puede superar el promedio de producción en el Estado, que es de una tonelada, y lograr hasta 3 o 3.5. Pero precisa, es un conjunto de diferentes cosas. El mayor logro “es que el productor deje de comprar grano para mantenerse solo”, asegura.

Para Leal, las semillas son importantes, pero “son sólo el 40 por ciento del resultado, el otro 60 está en el cuidado y manejo del suelo, del agua”.

“La biodiversidad agrícola, también llamada agrobiodiversidad, es una característica fundamental de muchos sistemas agrícolas…”

La diversidad genética es también sólo una parte del todo. La biodiversidad agrícola, también llamada agrobiodiversidad, es una característica fundamental de muchos sistemas agrícolas e incluye además de recursos genéticos, organismos vitales para garantizar la fertilidad del suelo, bacterias, insectos, hongos que controlan a otros que podrían convertirse en plagas o enfermar a las plantas y animales, y son el hábitat de animales domesticados y otras especies silvestres como pájaros y pequeños mamíferos.

Un estudio que documentó la agrobiodiversidad en la milpa y su manejo en la Chinantla, en Oaxaca, encontró que los agricultores en aquella región cosechan hasta cinco variedades de maíz, 21 de frijol (incluyendo poblaciones nativas), cuatro de calabazas y tres de yuca. 

No cabe duda que maíz y frijol son cultivos de gran importancia. El maíz, omnipresente en la dieta del mexicano, es una fuente de alimentación indispensable alrededor del mundo, es el forraje de los animales que comemos, es la materia prima de un sinfín de alimentos procesados e incluso se le usa para la producción de combustibles, y su papel en la seguridad alimentaria mundial actual y futura es innegable.

Los frijoles comunes, por su parte, forman parte de la dieta diaria de 400 millones de personas, principalmente en los trópicos. Son el alimento casi perfecto. Los frijoles, con sus bajos costos, ofrecen al cuerpo proteínas, fibra, carbohidratos, vitaminas y micronutrientes, y por ello, tan solo en el África subsahariana, 200 millones de personas dependen de ellos para su alimentación. 

En muchas regiones, el frijol es la segunda fuente de calorías, después del maíz, y para un sinnúmero de familias en África y América Latina representa también una fuente de ingreso. 

“…investigadores en Estados Unidos calcularon que con cambiar un solo hábito alimenticio en aquel país, sustituir la carne por frijoles, aquella nación lograría entre 46 y 74 por ciento de la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero propuesta para el 2020 por la administración de Obama.”

Hace algunos años, investigadores en Estados Unidos calcularon que con cambiar un solo hábito alimenticio en aquel país, sustituir la carne por frijoles, aquella nación lograría entre 46 y 74 por ciento de la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero propuesta para el 2020 por la administración de Obama.

Los investigadores responsables de dicho estudio aseguraron que esta sería una aportación significativa a los esfuerzos de mitigación del cambio climático y traería otros beneficios ambientales.

De hecho, frijol, maíz y todas las plantas y animales que forman parte de nuestra dieta diaria tienen un impacto en nuestra salud y en la del planeta. Se calcula que la producción, distribución, consumo y desecho de nuestros alimentos son responsables del 30 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático. 

Es por eso que, en septiembre pasado, los países miembros de la ONU discutieron en la primera Cumbre de los Sistemas Alimentarios cómo reformar la forma en la que el mundo produce y consume sus alimentos para combatir sus impactos en el clima, la biodiversidad y la degradación de los suelos. 

Para la doctora Covarrubias, la agricultura regional con su diversidad genética es parte del futuro. “Pensar en una agricultura homogénea, intensiva, con campos gigantes, donde se crece una variedad en particular, no es la opción” explicó. “Puede ser que sea más barato crecerlas y cosecharlas, pero no es necesariamente la solución para el futuro, ni para el cambio climático”, afirmó. EP


Referencias: 

  • Mateos-Maces, L., Castillo-González, F., Chávez-Servia, J.L., Estrada Gómez, J. A., y Livera Muñoz, M. (2016). Manejo y aprovechamiento de la agrobiodiversidad en el sistema milpa del sureste de México. Acta Agronómica 65 (4) pp.413-42
  • Harwatt, H. Sabaté, J., Eshel, G., Soret, S. y Ripple W. (2017). Substituting beans for beef as a contribution toward US climate change targets. Climatic Change 143, pp. 261–270, DOI 10.1007/s10584-017-1969-1

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