Mircoles, 16 Abril 2014
Privilegiar la lectura
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Privilegiar la lectura
Cultura | Galaxia Gutenberg | Para No Eruditos | Miguel Ángel Castro | 04.10.2011 | 0 Comentarios

La ironía de la película Los pequeños privilegios, filmada en la Ciudad de México en 1977, hace referencia a las diferencias que en las clases sociales determinan los niveles de frustración y satisfacción de quienes las componen. Recordemos que la comparación entre las vidas de dos mujeres que comparten el mismo espacio —una como el ama y señora de la casa, y la otra como su sirvienta— le permiten a Julián Pastor, director y guionista del filme, mostrar las consecuencias de tener y no tener dinero. Poseer capital o recibir altos o cuando menos suficientes ingresos otorga los “pequeños privilegios”: comer tres veces al día, dormir en una cómoda cama, comprar ropa de buena o mediana calidad, consultar al médico a la menor molestia, convivir con los amigos, divertirse, llevar un embarazo a buen término y poder formar una familia. Ser pobre es carecer de privilegios, es permanecer en desventaja y aceptar la imposibilidad de seguir en la carrera; por eso no queda más camino que el aborto, la renuncia o la deserción.
65-0794

El sustantivo privilegio es, como lo define el Diccionario académico, la ‘exención de una obligación, o ventaja exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior o por determinada circunstancia propia’; y también es el ‘documento en que consta dicha concesión’. El primer caso, el de concesión hace referencia a situaciones como la de los impresores novohispanos que necesitaban obtener privilegios y licencias de la autoridad para publicar las obras y los papeles de su interés o de su clientela. El segundo se refiere a tener ventajas ‘por determinada circunstancia propia’, y es el que se ha extendido a tal punto que ya no es necesaria la autorización de nadie para gozar un privilegio, sino que basta alcanzar la circunstancia o los medios que otorgan la ventaja, como el dinero, las relaciones y hasta la suerte que le permite anunciar a cualquier hijo de vecino: “Tengo el privilegio de presentar a ustedes a fulano de tal que hoy nos acompaña”, sin que nadie se lo haya preguntado, y es que tal uso sirve para manifestar ‘el gusto, el honor o la distinción de hacer lo que se hace’ por encargo o iniciativa propia, es decir que uno se lo concede a sí mismo.

El adjetivo privilegiado designa a quien tiene una condición o posee características singulares o extraordinarias: “El profesor tiene una memoria privilegiada porque sabe los nombres de todos sus alumnos”; y también califica lo que es superior, o mejor, o que tiene ventajas de las cuales carece una mayoría: “José vive en un lugar privilegiado porque no hay ruido y tiene excelente ubicación”.

Otros significados de privilegio se relacionan con el de ‘concesión de una autoridad’, como un ‘derecho’ reconocido en la ley, por ejemplo, el privilegio de introducción: ‘derecho de goce exclusivo durante plazo fijo de un procedimiento industrial o de una fabricación que se implanta de nuevo en un país’; y el privilegio de invención: ‘derecho de aprovechar exclusivamente, por tiempo determinado, una producción o un procedimiento industrial hasta entonces no conocidos o no usados’.

Así llegamos al verbo privilegiar, que es, en su primera acepción ‘conceder privilegio’ y que con ese sentido lo encontramos en la Historia de las cosas de la Nueva España de Bernardino de Sahagún cuando trata de ciertos protocolos más o menos diplomáticos en los días de la conquista: “Y también ha de estar en su mano el distribuir vuestras dignidades, que son los oficios y armas de la guerra, como son rodelas y las demás armas y insignias, como privilegiar a los que han de traer barbotes y borlas en la cabeza, y orejeras y pinjantes y brazaletes y cueros amarillos atados a las gargantas de los pies…”.

Sin embargo podemos advertir que privilegiar ha adquirido otros usos como los de ‘preferir’, ‘dar preferencia’ y ‘favorecer’: “A partir del ir y venir de la noción pluralista monista de people a la noción monista de peuple, se entretejen confusiones y usurpaciones que, al privilegiar a una o a la otra, privilegian a la libertad de aquella o a la igualdad de esta”; o incluso es sinónimo de ‘conceder’, ‘dar’ y hasta ‘anteponer’: “Con estos comentarios no quiero privilegiar o exigir una lectura alegórica”.

Cuándo y cómo privilegiar fue a ocupar un sitio preferente en el caudal léxico —así se dice— de muchos políticos mexicanos es difícil de saber. Lo cierto es que ha llamado nuestra atención que el Secretario de Educación Pública haya declarado, a propósito de los resultados de la Evaluación Nacional de Logro Académico en Centros Escolares (ENLACE) que hace el gobierno a los estudiantes de secundaria en los últimos años, que ya no se “privilegiará” a la gramática sino que ahora se “privilegiará” a la lectura porque en las escuelas secundarias públicas y privadas, en la materia de Español disminuyeron entre 2010 y 2011 los niveles de Bueno y Excelente de 20.0 a 17.7%, las primeras, y de 48.5 a 43.9% las segundas. La nota es más grave si consideramos que en el 2007 alcanzaron esos niveles 26.8 y 66.3% de los alumnos, respectivamente, de tal suerte que el descenso en los últimos cinco años es de 9 puntos para las escuelas públicas y de 23 para las privadas. (Reforma, Ciudad, 10 de septiembre de 2011). La discusión sobre si la forma de atender el problema es privilegiar una cosa u otra no es fácil, lo sabemos, no obstante, desde este modesto rincón nos atrevemos a considerar que no están reñidas y que la historia de la enseñanza del español nos ha dado las lecciones suficientes para ver avanzar la sintaxis de la mano de la lectura sin tropiezos y en amigable consorcio. Más ganaríamos si los responsables de la conducción política del país comprendieran el significado profundo de las palabras, el espíritu de la letra y no leyéramos declaraciones como las que ilustran el desgaste que ha sufrido la palabra privilegiar:

“Jesús Zambrano, presidente nacional del Partido de la Revolución Democrática, llamó a las fuerzas políticas nacionales a privilegiar acuerdos que permitan garantizar limpieza y transparencia en la elección presidencial de 2012.” (22 de abril de 2011, www.eluniversal.com.mx).

“Lucila Garfias Gutiérrez, presidenta estatal del Partido Nueva Alianza, hizo un llamado a todos los partidos y actores políticos involucrados en el proceso para la elección de gobernador del Estado de México, para que se dé privilegio a el (sic) debate de ideas, proyectos y planes, y así desterrar la confrontación, denostación y desprestigio como herramientas proselitistas, con la finalidad de mantener la paz social.” (15 de mayo de 2011, www.vanguardia.com.mx).

“Pide Peña Nieto privilegiar unidad en selección de candidatos del PRI.” (6 de julio de 2011, www.unomasuno.com.mx).

“El grupo parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados sostuvo que durante diez años los gobiernos de Acción Nacional han aplicado una política de deterioro del sector energético, particularmente en la industria petrolera y eléctrica, para privilegiar la participación de la iniciativa privada.” (7 de julio de 2011, www.jornada.unam.mx).

“El nuevo presidente del PAN Jalisco, Miguel Monraz, lanzó un llamado al regidor Guillermo Martínez Mora a privilegiar la unidad del partido.” (20 de agosto de 2011, www.notisistema.com).

“El coordinador legislativo del Partido Revolucionario Institucional en San Lázaro, Francisco Rojas, exhortó al gobierno federal y a las bancadas a privilegiar un paquete presupuestal 2012 que permita la generación de empleos, garantizar la seguridad, impulsar la infraestructura y la estabilidad financiera.” (4 de septiembre de 2011, www.terra.com.mx).

“La dirigente del PRI estatal, Claudia Pavlovich Arellano convocó al gobernador Guillermo Padrés Elías a privilegiar el diálogo y la conciliación en el tema del agua para Hermosillo.” (10 de septiembre de 2011, www.elimparcial.com).

Bueno, y de qué privilegios gozan ciertas personas, nos preguntamos todos los días en esta ciudad de ¿vanguardia? Mejor no insistamos y cantemos con Lucero y Mijares “el privilegio de amar”.

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MIGUEL ÁNGEL CASTRO estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Ha sido profesor tanto de literatura como de español y cultura mexicana para extranjeros. Especialista en siglo XIX, es investigador del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la propia UNAM y director de la Fundéu México.

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