Jueves, 24 Abril 2014
¿Dónde nos gustaría vivir a los mexicanos?
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¿Dónde nos gustaría vivir a los mexicanos?
Este País | Gabriel Tarriba | Gabriela Alarcón | 06.09.2011 | 0 Comentarios

La transformación y el crecimiento de las ciudades requiere de planeación y adaptabilidad. Estas dos condiciones, sin embargo, no se cumplieron durante el proceso de urbanización del país durante el siglo XX, y no se cumplen a cabalidad hoy que México vive un auge en la construcción y el financiamiento de vivienda.

La urbanización de México es un proceso que inició hace más de un siglo y que continúa hasta la fecha. En 1900, solamente 1 de cada 10 mexicanos vivía en una zona urbana;1 hoy la cifra es 8 de cada 10.2 La evidencia internacional muestra que las ciudades ofrecen no sólo mejores ingresos que el campo, sino un mayor acceso a servicios básicos.3 Es por ello que la urbanización ha continuado: de acuerdo con un estudio reciente del IMCO, entre 2005 y 2010 la población de los 402 municipios urbanos del país aumentó en casi 12 millones, mientras que la población de los restantes 2,039 municipios del país (predominantemente rurales) disminuyó en 3 millones.4 Es decir, prácticamente la totalidad del crecimiento del país ocurrió en los municipios urbanos (ver Gráfica), impulsado por una migración desde el campo.Tarriba-245-2

El fenómeno de crecimiento urbano implica tanto retos como oportunidades. Las ciudades son entes complejos cuyo éxito depende no sólo de una eficaz planeación a largo plazo, sino de la capacidad de sus gobernantes para adaptar las políticas públicas a las necesidades cambiantes de una urbe en crecimiento. En ausencia de estas condiciones, las ciudades pueden convertirse en centros caóticos, congestionados, inseguros, con grandes cinturones de pobreza y sujetos a constantes desastres naturales.

Las ciudades con estas características padecen una baja calidad de vida, lo cual ahuyenta al talento, que es esencial para impulsar la innovación, la inversión y la creación de empleos. De esta forma, las ciudades mal planeadas y mal administradas entran en un círculo vicioso de baja calidad de vida, baja competitividad y bajos niveles de crecimiento económico. En contraste, las ciudades con una alta calidad de vida atraen a individuos talentosos, lo cual deriva en mayor prosperidad.

Hoy más que nunca es importante que las ciudades consideren el mejoramiento de la calidad de vida como una pieza central de su estrategia de desarrollo.

¿Qué determina la calidad de vida en las ciudades?

En las últimas décadas ha habido un debate internacional sobre cómo medir el bienestar de una sociedad más allá de los indicadores tradicionales de producción, ingreso y riqueza. Existe un consenso sobre la necesidad de incluir en la medición de bienestar una noción de calidad de vida, la cual está conformada de los elementos que afectan la vida diaria de las personas. En este sentido, se considera la vivienda, el medio ambiente, la buena gobernanza, la seguridad pública, el balance trabajo-vida, el acceso a la salud y la educación, y la inclusión social como elementos de la calidad de vida.

En el contexto de una ciudad, la calidad de vida se asocia al acceso que los habitantes tienen a estos bienes tangibles e intangibles. Esta visión ha sido explorada, desde la perspectiva del urbanismo, a través de corrientes denominadas Compact City y Smart Growth.5 Ambas buscan crear ciudades que prioricen el bienestar de sus habitantes. Para este fin, se busca que las ciudades sean centros compactos de interacción humana donde se favorezcan los espacios públicos y las construcciones de usos mixtos, así como la movilidad peatonal y de vehículos no motorizados. El ideal es una ciudad donde la gente pueda vivir cerca de donde estudia, trabaja y realiza sus actividades cotidianas. Asimismo, esta ciudad debe ofrecer a sus habitantes abundantes espacios públicos propicios para el intercambio de las ideas tales como parques, áreas verdes y centros recreativos. Los beneficios se extienden a mayores niveles de cuidado del medio ambiente y la salud, así como a la reducción de la criminalidad y de los tiempos de traslado. En resumen, las ciudades con estas características atraerán a más gente y la creciente demanda de vivienda derivará en un aumento en el valor de ésta en el largo plazo. Esto es lo que definimos como competitividad de la vivienda.

Retos para el desarrollo urbano y de vivienda en México

México vive desde hace 10 años un auge en la construcción y financiamiento de vivienda que ha permitido a más de cuatro millones de familias adquirir un hogar propio. Gracias a esto, fue posible atacar viejos problemas como el hacinamiento, la autoconstrucción de viviendas precarias o sobre terrenos irregulares. Sin embargo, con el rápido desarrollo de vivienda se generaron nuevos problemas para las ciudades.

El Índice de Competitividad Municipal en Materia de Vivienda6 constató que muchas de estas viviendas se construyeron en la periferia de las ciudades o fuera de ellas, porque ahí se combinan tanto facilidad como rentabilidad para los desarrolladores de vivienda económica. Estas nuevas comunidades con frecuencia no tienen acceso a centros de empleo o a servicios cercanos como escuelas, tiendas o centros de salud. Tampoco están integradas a las redes locales de transporte público, con lo cual sus habitantes no sólo se ven obligados a recorrer grandes distancias para sus actividades cotidianas, sino que esos traslados resultan difíciles y costosos. En los casos más extremos, la lejanía y ausencia de servicios cercanos orilla a las familias a dejar sus casas para regresar a vivir a la ciudad.

Gran parte de los problemas del desarrollo urbano y de vivienda resultan de la falta de planeación, así como de incentivos para desarrolladores y gobiernos que no están alineados con el bienestar de la sociedad. Si bien todos los actores son de alguna forma responsables de estos problemas, la mayor responsabilidad recae en los gobiernos municipales. Constitucionalmente, los municipios deben “formular, aprobar y administrar la zonificación y planes de desarrollo urbano municipal”,7 así como tienen “a su cargo las funciones y servicios públicos” como el agua, residuos, calles, equipamiento, etcétera.8 Los municipios también están facultados para establecer y aplicar las reglas para la construcción de vivienda.

Sin embargo, en la práctica, la gran mayoría de los gobiernos locales no cuenta con las capacidades, recursos e incentivos institucionales correctos para realizar estas tareas. La poca duración de los periodos de gobierno municipal y la prohibición de la reelección de alcaldes desincentivan los proyectos de una duración mayor a dos o tres años. Por otra parte, la ausencia de incentivos a la coordinación intermunicipal hace difícil que varios municipios contiguos trabajen en el diseño e implementación de soluciones conjuntas. En general, los municipios no están suficientemente profesionalizados para fungir como administradores urbanos eficaces, y tampoco existen mecanismos de rendición de cuentas a la ciudadanía. Todos estos problemas institucionales entorpecen el desarrollo urbano y erosionan la calidad de vida de las personas.

Afortunadamente, los retos del desarrollo urbano y de vivienda tienen solución. El futuro de las ciudades depende de la voluntad y visión de las autoridades municipales para implementar políticas de desarrollo y administración urbana que quizá no sean políticamente rentables en el corto plazo, pero que rendirán frutos en el mediano y largo plazo. Estas políticas deben ir enfocadas tanto a alinear los incentivos de desarrolladores con el bienestar de la población, como a coordinar diversos aspectos de la administración de una zona urbana. Aunque no existe una receta única para resolver los retos descritos, la experiencia mexicana e internacional coincide en la importancia de contar con los elementos para el desarrollo urbano y de vivienda que se describen a continuación:

  • Políticas de planeación y gestión a nivel metropolitano. Es importante que organismos intermunicipales autónomos, transparentes y profesionales se encarguen del ordenamiento territorial, las inversiones en infraestructura y la operación de los servicios públicos en red como el agua, transporte y los residuos.
  • Estrategia de crecimiento urbano compacto. Para acercar la vivienda a los centros de empleo, educación y comercio, es necesario recuperar los centros de las ciudades. No sólo se debe promover la construcción vertical, sino que se deben aprovechar las zonas subocupadas en el interior de la ciudad.
  • Estrategia eficiente de movilidad y transporte, que priorice la movilidad no motorizada y el transporte público en detrimento del automóvil privado.
  • Herramientas de información para los demandantes de vivienda. Quien desea comprar una casa debe tener suficiente información tanto sobre la casa como sobre su entorno. Recientemente el infonavit hizo obligatorio para quien solicite un crédito tomar un curso donde se abordarán estos temas. Los municipios también deben participar en este esfuerzo.
  • Estrategia de mejora regulatoria asociada con la vivienda. Todos los procesos para el desarrollo de vivienda, desde la obtención de licencias y permisos de construcción hasta la municipalización de los desarrollos de vivienda, deben ser expeditos, transparentes y sencillos, reduciendo los intermediarios.

___________________________________

1 Luis Unikel et ál., El desarrollo urbano en México. Diagnóstico e implicaciones, El Colegio de México, 1976.
2 INEGI, Censo de Población y Vivienda 2010.
3 Un estudio reciente del McKinsey Global Institute (City Limits: What’s the biggest limit on city growth?, febrero, 2011) estima que proveer agua potable y educación en ciudades indias cuesta hasta 50% menos que en el campo.
4 INEGI, Censo de Población y Vivienda 2010, e IMCO, Índice de Competitividad Municipal en Materia de Vivienda 2011.
5 Tim Elkin, Duncan McLaren y Mayer Hillman, Reviving the City: Towards Sustainable Urban Development, Londres, 1991.
6 IMCO (Julio 2011).
7 Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Art. 115, Sección V, Inciso (a).
8 Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Art. 115, Sección III.

_______________
GABRIEL TARRIBA es economista por la Universidad de Pennsylvania e Investigador del IMCO.
GABRIELA ALARCÓN es maestra en Administración Pública por la Universidad de Columbia y egresada de la Licenciatura en Economía del ITAM. Actualmente se desempeña como Consultora Senior del IMCO.

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