Jueves, 17 Abril 2014
Prólogo a la primera edición española de Los de abajo
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Prólogo a la primera edición española de Los de abajo
Cultura | Gregorio Ortega Hernández | 16.11.2010 | 0 Comentarios

El connotado periodista Gregorio Ortega Hernández (1888-1981) inició su carrera en El Universal Ilustrado. En 1942 fundó su primera publicación, la revista Así, que dos años después se convirtió en la Revista de América y que dirigió hasta su muerte. Mantuvo sus colaboraciones en El Universal y El Universal Gráfico, donde escribía la columna Esa política. A continuación una transcripción del prólogo que Gregorio Ortega hizo a la primera edición española de los de abajo:

Pá­gi­nas que si­guen, en­vol­ven­tes y bár­ba­ras. Es­to fué la re­vo­lu­ción, es­to es Mé­ji­co; pe­ro no to­da la re­vo­lu­ción y me­nos to­do Mé­ji­co. los de abajo no as­pi­ran a tan­to. De­me­trio Ma­cías an­du­vo en “co­rri­dos” por el Ba­jío: gue­rri­lle­ro afor­tu­na­do, des­de­ño­so y me­lan­có­li­co. Co­mo De­me­trio Ma­cías son los cau­di­llos esen­cia­les: Vi­lla, Obre­gón, y al­gu­no ilu­mi­na­do y pa­triar­cal: Emi­lia­no Za­pa­ta. Co­mo el ja­lis­cien­ce, lu­cha­ron por ins­tin­to, sin sa­ber que iban con­tra los mi­le­nios so­bre las es­pal­das de los in­dios. Du­ran­te cien­to trein­ta años —con la pau­sa por­fi­ris­ta, som­bría—, Méji­co ha lu­cha­do y su­fri­do por en­con­trar su rit­mo pro­pio, per­di­do por los “en­co­men­de­ros” y los ti­ra­nos. Así, ca­da día: diez ahor­ca­dos y vein­te can­cio­nes, to­do en el cre­pús­cu­lo pa­rro­quial. La re­vo­lu­ción de 1910, que hoy —con el Go­bier­no del Pre­si­den­te Ca­lles—, es­tá dan­do for­ma a las ideas de li­be­ra­ción y re­no­va­ción, y que ha si­do la más hon­da y cruel, só­lo tie­ne una ex­pre­sión li­te­ra­ria: los de aba­jo, no­ve­la sin gra­má­ti­cas, en ése su es­ti­lo se­co, pre­ci­so y hon­do, de be­llas vir­tu­des epo­pé­yi­cas, que re­co­ge ad­mi­ra­ble­men­te el len­gua­je oí­do y lo plas­ma en fra­se sen­ci­lla y di­rec­ta.

No­ve­la sín­te­sis. Del mo­men­to pa­té­ti­co. Tal esas fra­ses mu­si­ca­les que son, pa­ra no­so­tros, to­da la so­na­ta: cul­mi­nan. No fal­ta ni un eco del ven­da­val. Ni si­quie­ra el más si­nies­tro: “¡Ya vie­ne Pan­cho Vi­lla!” Des­con­cier­ta y asus­ta. “La re­vo­lu­ción es el hu­ra­cán —di­ce So­lís a Cer­van­tes—, y el hom­bre que se en­tre­ga a ella no es ya el hom­bre…” Los de arri­ba es­tán crea­dos, no des­cri­tos, en dos o tres lí­neas. Los de aba­jo, la gen­te que más ha sen­ti­do Ma­ria­no Azue­la y so­bre la que ha es­cri­to mag­ní­fi­cas pá­gi­nas, go­zan vi­ta­li­dad más efi­caz y me­nos per­ece­de­ra que la que lu­cie­ron en las fe­rias del Ba­jío. Y a to­do lo lar­go, el ga­lo­par de los ran­che­ros su­ble­va­dos, due­ños del ce­les­te cam­po in­fi­ni­to…

Es­ta no­ve­la ha ido im­po­nién­do­se muy len­ta­men­te. Pu­bli­ca­da en El Pa­so de Te­xas, era des­co­no­ci­da del pú­bli­co me­ji­ca­no en 1918. El nom­bre mis­mo de Ma­ria­no Azue­la no era si­no el de un hu­mil­de mé­di­co de ba­rrio, guar­da­do en su pro­pia aus­te­ra in­ti­mi­dad. En 1924, una re­vis­ta me­ji­ca­na —El Uni­ver­sal Ilus­tra­do— la divul­gó y aven­tó a la ce­le­bri­dad el nom­bre os­cu­ro y re­traí­do. En Es­pa­ña, en 1926, es­pí­ri­tus pers­pi­ca­ces co­mo En­ri­que Díez-Ca­ne­do y Fa­bián Vi­dal se ocu­pa­ron de los de aba­jo. Gracias a la penetrante estima­ción que la nueva juventud española alienta por mi país, es posible esta edición de los de abajo con to­da la ca­te­go­ría edi­to­rial de que es dig­na la no­ve­la.

Los jó­ve­nes me­xi­ca­nos ad­mi­ran y res­pe­tan a Ma­ria­no Azue­la. Se le lle­ga a se­ña­lar co­mo pun­to de par­ti­da. Arran­que pe­li­gro­so, sin su po­de­ro­so don ex­pre­­­si­vo, sin ese otro tan hu­ma­no de sen­tir y com­pren­der al pue­blo. Al­gu­nos no­ve­lis­tas nue­vos con­ti­nua­rán lo que Azue­la, con fer­vo­ro­sa hu­mil­dad, ha ini­cia­do.

G. Ortega.
Madrid, 1927.  ~

Transcripción facsimilar del original.

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