Si la fotografía es un arte joven, entonces el fotógrafo es el más novato de los artistas. En su origen, ni siquiera considerado como tal, su papel como creador fue un tema altamente debatido. Si es un artista, ¿es conciente de su estado como tal o tan sólo es un autor circunstancial? ¿Si su creación es artística, es por accidente o por una intención premeditada? El problema sólo incrementa al considerar a la fotografía amateur como un objeto digno de estudio para el análisis cultural. ¿El retrato familiar producido por la Tía Romina es un objeto cultural? ¿La auto-foto en el reventón podría ser la base de una nueva teoría estética? Tal vez.
En el año 2004 Rüdiger Heinze y Kristofer Paetau, escritor y artista, comenzaron a coleccionar “fotografías encontradas”, la mayoría descubiertas en álbumes familiares de gente desconocida, tiendas de viejo, la calle, etc. Todas tenían un elemento en común: habían sido producidas por fotógrafos amateurs. Con ellas elaboraron un proyecto independiente en internet llamado Picturepeople, cuya premisa consistía en clasificar las imágenes encontradas de acuerdo a su contenido, y enviar mensualmente por correo electrónico un grupo de imágenes unidas temáticamente. La intención del proyecto era estudiar la representación humana en la fotografía amateur y cuestionar el fenómeno de la representación a nivel social y cultural. Las series incluyeron fotos de personas paradas sobre una sola pierna, fotos de hombres de nieve, fotos de personas jugando boliche, de prótesis, de peinados, etc. Entre ellas, hubo un grupo de imágenes donde se registra accidentalmente la sombra del fotógrafo.

Los fotógrafos no suelen aparecer en sus propias imágenes. Su trabajo consiste en ser invisibles. Pero no porque no los veamos dejan de estar ahí. Parecen existir dos formas de que el autor de la foto termine estando físicamente dentro de ella: el autorretrato y la foto frente al espejo; ambos actos premeditados done el autor se representa a sí mismo como más le conviene. Pero existe una tercera instancia donde podemos ver explícitamente al fotógrafo dentro de su misma obra, de manera accidental y no planeada: cuando su imagen se asoma involuntariamente dentro del cuadro, el instante donde la perfección del retrato se rompe, y aparece, fortuita, la sombra del fotógrafo.
Se trata de aquellos que están, pero que no debieran estar. Son errores de novatos que a todos nos suceden, pequeñas tragedias que revelan aspectos ocultos del acto de fotografiar. A través de ellas la fotografía se denuncia a sí misma como simulacro de la realidad, como montaje escénico, como intención y no naturaleza. La sombra del fotógrafo aparece como depredadora. Dice Vilém Flusser que observar “los movimientos de un hombre y su cámara (o una cámara y su hombre), es mirar los movimientos de la caza. Es el gesto antiguo del cazador paleolítico en la tundra”. Adolfo Vásquez Rocca propone el corolario: “Hay algo predatorio en el acto de registrar una imagen. Transforma a las personas en objetos que pueden ser poseídos simbólicamente. Así como la cámara es una sublimación del arma, fotografiar a alguien es cometer un asesinato sublimado, un asesinato blando”, uno casi invisible. La perversión del acto se revela cuando el depredador se equivoca.
Estas imágenes mostrando la sombra del fotógrafo son fallidas en el más estricto sentido estético, pero es en su imperfección donde encontramos tela de donde cortar. Comienza ya a asomarse la justificación de utilizar la fotografía amateur para construir un análisis cultural del medio. Otra serie de fotos malogradas iluminan el mismo problema en la fotografía: el que el fotógrafo como productor también puede ser, potencialmente, el sujeto a representarse. El fotógrafo es un doble: tiene el potencial de ser actor y de ser productor. Su papel paralelo se basa en poder ser partícipe del acto como depredador; o ser parte de aquello que ha de convertirse en el contenido de la fotografía. La serie de fotografías “dobles” recopiladas en Picturepeople demuestran este atributo. Se trata de dos imágenes del mismo momento, pero tomadas en distintos instantes, mostrando así sutiles diferencias, la fundamental siendo el hecho de que en una de las imágenes falta un miembro que sí es visible en la fotografía paralela. La persona que aparece y después desaparece es potencialmente el fotógrafo, quien reaparece convertido en retratado al dejar la cámara en manos de otro. Este estar y no estar, ser visible y luego invisible; la flexibilidad de ser o no ser el fotógrafo y relevar esa función a otros con tal facilidad, es un atributo exclusivo del fotógrafo moderno amateur.

La maleabilidad del acto fotográfico en la fotografía amateur revela un aspecto fundamental de la evolución del medio durante el siglo XX. Si antes la fotografía se encontraba del lado de la autoridad, del poder, del profesional, ahora puede estar en manos de cualquiera, incluso de aquellos mismos que aparecen en ellas. El epítome de este fenómeno es, por supuesto, la auto-foto. Popularizada por las cámaras digitales y llevada al extremo por una generación cuya identidad se construye a partir de lo que sucede frente a la lente de una cámara, la auto-foto habita facebook con gran tranquilidad. El porcentaje de personas que poseen una cámara se ha multiplicado exponencialmente durante las últimas décadas, a tal punto, que algunas de las imágenes más relevantes que han surgido del presente conflicto en Irak no han surgido de fotoperiodistas, sino de los soldados mismos que portan cámaras amateurs. Durante la extraña evolución del medio fotográfico, la accesibilidad masiva de los medios y la facilidad para producir fotografías ha conducido al fenómeno del fotógrafo-autor con personalidad múltiple. El fotógrafo que se ha salido de su zona de confort, de poder de creador, y ha mirado de frente a la lente apareciendo y desapareciendo, víctima incidental de las circunstancias, de la imagen que él mismo ha producido. Empezó quizás como un accidente, pero evoluciona hacia acto premeditado. La fotografía amateur, en toda su imperfección, demuestra un elemento fundamentalmente moderno del actuar fotográfico: el fotógrafo como depredador es ahora víctima de su propia caza, la fotografía se ha convertido en acto de canibalismo autófago.
FUENTES:
Vilém Flusser, Towards a Philosophy of Photography, London, Reaktion Books, 2005, http://www.flusserstudies.net/pag/current.htm
Adolfo Vásquez Rocca, “La fotografía y las formas del olvido”, Revista Almiar¸ http://www.margencero.com/articulos/articulos2/foto_olvido.htm
Rüdiger Heinze y Kristofer Paetau, Picturepeople: http://www.paetau.com/picturepeople/?id=01
Marina Álamo Bryan