Andar y guardar el camino: Las instantáneas de The Polaroid Kidd.
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Andar y guardar el camino: Las instantáneas de The Polaroid Kidd.
Blog | El Ojo Voraz | Marina Álamo Bryan | 09.10.2009 | 0 Comentarios

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Mi abuela creció durante la Gran Depresión en Estados Unidos y soñaba con ser ho-bo, una vagabunda saltadora de trenes. De haber cumplido su anhelo, habría vivido brincando de tren en tren, durmiendo de noche acurrucada entre fogatas y compartiendo la cena con otros ho-bo’s. En su imaginación, todos comían filetes y papas en pesados sartenes de acero. Éste fue mi primer acercamiento a una sociedad ideal, no por el filete y las papas, sino por el compartir… y el viajar. Esa misma abuela se encargó de que mi primera cámara fuera una Polaroid: aquel mítico instrumento de instantaneidad fotográfica. Vagabundos sobre trenes y Polaroids. Una combinación extremadamente afortunada para la fotografía documental al llegar a manos de Mike Brodie, mejor conocido como The Polaroid Kidd.

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Mike Brodie logró lo que mi abuela nunca pudo. De adolescente se lanzó al camino y a las vías, acompañado de una Polaroid. Durante su travesía por territorio estadounidense se dedicó a fotografiar a la gente del camino, a amigos y hogares móviles. En el proceso, creó un registro de lo que algunos considerarían las comunidades más liminales del país más poderoso del mundo: punks, ho-bo’s, ocupas, y vagabundos. Todos voluntariamente desenchufados del sistema, muchos artistas tan creativos como Brodie. Como identidad móvil, estos vagabundos siguen recorriendo los caminos de la imaginación. A veces parecen vagos de cuentos infantiles, con bulto al hombro colgando de una ramita, obstinadamente habitando una mitología que hoy se cree agotada.

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Observar las imágenes de Polaroid Kidd implica un súbito viaje en el tiempo: podríamos estar viendo fotografías de Walker Evans o Diane Arbus en medio del Oaklahoma Dust Bowl y lo más profundo de la Gran Depresión, pero en color. Que un trozo de tecnología tan avanzado como la Polaroid (sin importar que hoy la veamos como una antigüedad) sea el instrumento de elección para retratar una tribu de gente que se niega concienzudamente a adherirse al mundo del avance tecnológico, no deja de ser una ironía. Más dramático es reconocer la existencia de esta vida vagante en el corazón mismo del primer mundo; las fotografías documentales de Mike Brodie son testimonio de que no todo es abundancia y superficialidad en el vecino del norte. Existen en la tripa de la bestia comunidades que viajan en los bordes de la sociedad. Pero una perspectiva global transforma estas visiones de utopía anti-sistema en algo grotesco: la imagen de primermundistas viviendo voluntariamente entre vías, mientras tercermundistas pierden piernas y brazos tratando de subirse a esos mismos trenes para llegar “al otro lado” revelan los ángulos más agudos de nuestro torcido mundo.

Pero regresemos al aspecto técnico de la obra de Brodie. En un mundo donde todo es potencialmente reproducible, donde el aura Benjaminiana se ha perdido entre la digitalización visual, y lo único se ha transformado en un sueño nostálgico, la estética de una Polaroid se convierte en respiro. Las fotografías en Polaroid son únicas, irrepetibles en su dimensión física y por ende en un nivel filosófico. Contienen no sólo historias de vida, sino que en su defectuosa estética de tecnología pasada de moda se retrata la naturaleza misma del mundo que se quiere capturar: aquí los momentos son únicos, las paradas son irrepetibles. Aquí el movimiento más rápido es el silbar del tren.

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El amor al camino es una enfermedad, decía Kapuściński al hablar de Herodoto. Una vez que uno comienza a caminar, es difícil parar. Una necesidad, que emana de quién sabe qué parte del cuerpo, impulsa a seguir adelante. Los amantes del camino encuentran seguridad en el movimiento. Pero, ¿cómo guardar ese sentimiento de movilidad perpetua que es el camino? ¿Cómo congelarlo, preservarlo, enlatarlo cuando su definición misma es el cambio? La única constante del camino son sus habitantes, y es éste el hilo que une la obra de Brodie. El título de su serie de trenes no es en balde: The Boys and Girls of Modern Days Railways. Quizás en los rostros de estos niños y niñas se lee una nostalgia por lo que pudo haber sido; o tal vez la búsqueda de una sociedad sin ambiciones materiales, una época anterior al fracaso de la modernidad, una añoranza por lo simple. Y no hay nada más simple en la vida que mirar el mundo pasar frente a los ojos convertido en rayones interminables mientras las vías del tren corren, a toda velocidad, bajo tus pies.

Más fotografías de Mike Brodie, The Polaroid Kidd en:

http://www.needles-pens.com/plrdkiddartsale.html

http://www.mbfala.com/artists/_Mike%2oBrodie/_other%2oworks/

Marina Álamo Bryan

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