Thursday, 27 November 2014
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Telecracia y padre idealizado
Blog | Palimpsestos | Antonio Santiago Juárez | 06.07.2012 | 1 Comentario

AntonioSantiago

Cuando los marxistas que rodeaban a Stalin evaluaron la teoría del psicoanálisis a la luz de la ortodoxia comunista, tenían que ponderar tanto los principios materialistas del socialismo, como el “condenable idealismo” implícito en las ideas freudianas. Jean Garrabé nos cuenta que la manzana de la discordia entre los burócratas y analistas de Moscú, fue la teoría sobre la pulsión de muerte. Descubierta primero por la rusa Sabina Spilrein, luego confirmada por Freud, no podía ser aceptada como algo natural. La angustia ligada a la relación sexual debía ser por fuerza el producto de la represión burguesa, en modo alguno un instinto compartido. Stalin condenó el psicoanálisis en 1936.

Años antes, Freud había calificado de mera ilusión la idea comunista de lograr la paz entre los hombres a partir de la supresión de la propiedad privada. La agresividad aún persistiría en los privilegios derivados de las relaciones sexuales, y aún más allá. Las historia entre autoritarismo y psicoanálisis, por lo demás, siempre fue tirante y con su retorno a Freud, Lacan declaró durante las barricadas del mayo francés, que a lo que aspiraban los revolucionarios era a un amo.

En su pequeña gran obra Dejarás a tu padre y a tu madre, Philippe Julien explica el proceso de maduración como el duelo que todo niño debe hacer respecto al padre ideal —inexistente— sustituyéndolo por el real falible, progenitor de carne y hueso que en modo alguno puede salvarnos; no es Dios, y ni siquiera éste. Madurar significa caer en cuenta de que no hay padres omnipotentes que arreglen de una vez y para siempre los desperfectos del mundo. Julien relata la muerte de Cristo como símbolo de este proceso de resignación: ¿Por qué me has abandonado?, dijo en la cruz para luego dar su póstumo “en tus manos pongo mi espíritu”. Philippe Julien observa aquí la adhesión a un padre nada poderoso, que calla ante la violencia de la maldad humana sin poder evitar la muerte de su hijo, o más tarde, el holocausto.

¿Pero qué sucede en sociedades sin padres y sin madres como las actuales, donde en muchas ocasiones no hay siquiera progenitores de carne y hueso para paliar la ansiedad de las nuevas generaciones? Estas se vuelcan a la búsqueda neurótica del pater familias todopoderoso en la figura de políticos cuya promesa sea solucionar los problemas mundiales en quince minutos, o uniéndose a pandillas de función protectora. Las drogas y la violencia, el facismo y las dictaduras de derecha y de izquierda, el crimen del narcotráfico, son fenómenos que necesitan de la búsqueda de padres ideales para nutrirse.

La lección es clara: no podemos liberarnos de forma absoluta de la determinación de las estructuras y del inconsciente, del sufrimiento causado por otros hombres o mujeres, de la incertidumbre de lo social. Nada puede cubrirnos de la furtiva incidencia de lo inesperado, y la búsqueda de un amo no es más que una ilusión. Sin embargo, tal saber no impidió a Lacan brindar su apoyo a los estudiantes de las barricadas del mayo francés y actuar, al igual que Sartre, como consejero o psicoanalista de algunos integrantes de grupos de izquierda.

Si para Lacan era cierto que los seres humanos estamos determinados por las estructuras, estas bien pueden bajar a la calle y ya puestos en ella, colocarnos en la situación de revolucionarlas. Si el filósofo y rockstar Slavoj Zizek puede darse el lujo de gritar consignas en nombre del psicoanalista francés, mucho se debe a la naturaleza ambivalente que éste último mantuvo con las instituciones.

En el marco del duelo del padre ideal, ¿qué estarían haciendo los integrantes del movimiento #yosoy132 respecto a las pasadas elecciones? Leamos: “Frente a la jornada electoral del 1° de julio, denunciamos que esta no se desarrolló en un ambiente de paz y legalidad. Que en ella prevalecieron prácticas profundamente antidemocráticas, como la violencia de estado, la compra y la coacción del voto, lucrando con la condición y las necesidades de nuestros pueblos, la manipulación mediática, el uso amañado de las encuestas y otras prácticas ilícitas que alteraron la esencia del sufragio libre, informado, razonado y crítico. Reconocemos un proceso electoral viciado de origen, con instituciones deliberadamente incapaces (las cursivas son mías) para prevenir y sancionar las incontables anomalías que se llevaron a cabo … identificamos que la imposición de Enrique Peña Nieto es un proceso fraguado desde hace varios años, por los poderes fácticos, nacionales y extranjeros … que busca garantizar la aprobación de las reformas estructurales de carácter neoliberal … así como la defensa del sistema político de complicidades y prebendas, que sólo pretenden legitimarse por medio de las elecciones. Por lo tanto, el movimiento #YoSoy132 se declara en rechazo al proceso de imposición del candidato Enrique Peña Nieto para ocupar el cargo de la presidencia de la República …”.

En una de las conferencias que siguieron a la quinta asamblea interuniversitaria del movimiento, sus líderes señalaron haber evaluado el proceso electoral, no calificado la elección. “Para nosotros, se pretende imponer al candidato del PRI en función de las irregularidades que hemos denunciado y respecto de las cuales, las autoridades han hecho caso omiso. Pedimos por tanto que se de cause legal a las denuncias. Si las instituciones electorales no lo hacen, no estarán a la altura de las demandas ciudadanas … No somos un movimiento apolítico. Pretendemos generar un programa de lucha que brinde contenido claro al movimiento. El proceso de imposición va más allá del proceso electoral”.

En lo personal, me interesa su concepción sobre esta supuesta imposición. ¿Puede hablarse en tales términos cuando 18 millones de personas votaron por el candidato? ¿No es la democracia el sistema en el que cada ciudadano puede votar libremente por quien mejor lo engañe?

En su libro Homo Videns, la sociedad teledirigida, Giovanni Sartori señala que si la democracia tuviera que ser un sistema de gobierno guiado y controlado por la opinión de los gobernados, la pregunta que debería plantearse es: ¿cómo nace y cómo se forma una opinión pública? “Los sondeos de opinión reinan como soberanos … Y es falso que la televisión se limite a reflejar los cambios que se están produciendo en la sociedad y en su cultura. En realidad, refleja los cambios que promueve e inspira a largo plazo” … “De hecho, la mayoría de las opiniones recogidas por los sondeos es: a) débil (no expresa opiniones intensas, es decir, sentidas profundamente); b) volátil (puede cambiar en pocos días); c) inventada en ese momento para decir algo (si se responde «no sé» se puede quedar mal ante los demás); y sobre todo d) produce un efecto reflectante, un rebote de lo que sostienen los medios de comunicación”.

“Creo que somos muchos los que estamos de acuerdo —aunque sólo lo digamos en voz baja— que la sondeo-dependencia es nociva, que las encuestas deberían tener menos peso del que tienen, y que las credenciales democráticas (e incluso «objetivas») del instrumento son espurias”. “Y aunque éste sea un desplazamiento máximo, son muchos los que consideran que tres o cuatro millones de nuestros electores están tele-guiados” (Sartori Dixit).

Todos estamos determinados por las estructuras y Althusser habría mencionado al capital como pivote de la locura social reinante. El enojo que ha expuesto el movimiento 132 desde un principio, tiene que ver con este tipo de imposición: la del arreglo para la promoción de una candidatura —el evidenciado por The Guardian, el que la televisora asegura es un invento pero que de no existir, ¿cómo podría explicarse la cobertura de celo tan extremo y por tres años hecha a las actividades diarias del político?

El movimiento 132 lo ha expresado: su actuar no es contra Peña Nieto, no tiene nada en contra del Revolucionario Institucional. ¿No fue Calderón quien se alió con las televisoras y con el SNTE hace seis años? Y como era de esperarse, nada cambió con la educación; los programas sociales son un desorden; las grandes corporaciones siguen debiendo impuestos, el gobierno se los perdona y los bancos, como lo ha dicho Guillermo Ortiz, llevan sus barcos de ganancias al extranjero mientras nos empobrecen a base de hipotecas caras y comisiones ridículas. Con nuestros derechos el avance sigue siendo irrisorio (y para colmo, la reforma laboral planteada por Calderón los reduciría aún más). ¿Podemos esperar que nuestro virtual presidente electo, a partir de la negociación con el Congreso que se haga necesaria, establezca la ruta para democratizar la vida sindical; dirija una reforma tributaria para repartir las cargas fiscales en beneficio de quienes menos tienen; establezca un sistema de enseñanza público y gratuito que nos saque del subdesarrollo educativo; y diga sí a la reforma política dirigida a la mejora de la comunicación entre gobernados y gobernantes, a la reelección legislativa que su partido ha detenido en tantas ocasiones? Por el bien de México, espero que así sea.

Pero los graves intereses creados impiden esperar soluciones providenciales, intereses tan evidentes a quienes nos hemos informado, pero que para quienes se encuentran dentro del juego jugado por nuestros políticos profesionales podría tratarse de una cuestión “imposible de probar”, cuento de conspiración universal. Lo que nos lleva a recordar que todos estamos alienados en algún grado, dentro de una estructura que nos permite conocerla en distintos niveles, pero nunca de forma completa. No es vilipendiando a los votantes como se logra un cambio.
Por eso, culpar a las instituciones de no haber podido enfrentar un problema que de muchas formas les resultaba desconocido, allende a sus márgenes de acción y panorámica política, resulta abusivo. Como si aún quisieramos padres todo poderosos que tuvieran el don de la clarividencia, que pudiesen anticipar por dónde iba a presentarse el golpe de lo real, el desenlace de la incertidumbre.

La del IFE fue una buena elección por lo que hace a lo que sus medios y escotomas (puntos ciegos) le permitieron prever. ¿qué hubiera podido hacer respecto al supuesto arreglo entre la televisora y el candidato, cuando a partir del inicio de las precampañas y durante las campañas, el comportamiento de los medios de comunicación se adecuó a la exigencia de la norma? Cubres un lado de la portería y por el otro te meten el gol. Ningún partido en el Congreso anticipó el recoveco y sus candidatos decidieron jugar bajo esas condiciones. Además, para detectar las conspiraciones reales hay que conocer bien el contexto, uno extremadamente complejo como es el electoral. Ahora resulta que todo mundo quiere opinar y acusar a partir del mismo tipo de argumentos y malentendidos absurdos que hace seis años (algoritmo en el PREP, fraude en las actas).

¿Habría tenido el IFE que pronunciarse más duramente contra la eventual compra y coacción del voto, y no echarle la bolita a la FEPADE? Posiblemente sí, quizá a su Consejo General le falte, como correa de transmisión entre los movimientos sociales por un lado y los políticos y burocracia que le integran, por el otro, la representación permanente en su seno de la sociedad civil organizada. Esta hubiera podido alertarle convenientemente sobre lo que se les venía encima, mácula de la elección. Pero de allí a reinventar el fraude hay una distancia enorme. Desconocer el trabajo bien hecho y acusar de corrupción sin argumentos, es hacer un berrinche al padre mortal suponiéndolo divino. Es permanecer en la infancia y revolver todo, como hacen cierto tipo de revolucionarios trasnochados.

A México lo que le hace falta es otro tipo de sociedad movilizada, revolución de las consciencias que ya está siendo gestada, que sepa distinguir y negociar. No una que desconozca la elección jugada bajo las reglas que hay, o al virtual presidente electo, no una que vilipendie a sus 18 millones de electores, sino que obligue al eventual gobierno a renunciar a los posibles acuerdos establecidos en lo oscurito, esos que nos darían seis años más de televisión mediocre, de diputados corporativos, de educación tercermundista. #Yosoy132 tiene la oportunidad de fijar la agenda en estos temas. Sólo podrá hacerlo si, siendo consecuente con la realidad legal, política y social de este país, dirige la revolución pacífica no a desconocerla, sino a transformarla.

Una respuesta para “Telecracia y padre idealizado
  1. Alberto Ruiz dice:

    En su página web el artículo Telecracia y padre idealizado parrafo 7, no hay cursivas. Saludos.

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