Sbado, 20 Septiembre 2014
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La guerra y la fuga
Blog | Esquirlas | Alejandro García Abreu | 28.09.2012 | 0 Comentarios

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“Tras una guerra, cuando se narra la huida de un lugar que ya no es tuyo, que ya no es tu hogar, se tiene que fabular”, afirmó el escritor bosnio de lengua alemana Saša Stanišić durante un reciente viaje a México, en el que conversó con algunos escritores y periodistas sobre el origen de Cómo el soldado repara el gramófono (Alfaguara, 2008), su primera novela.

De padre serbio y madre bosnia, Stanišić nació en 1978 en la desaparecida Yugoslavia, en Visegrado, ciudad que ahora forma parte de Bosnia-Herzegovina. Tras el estallido de la guerra de los Balcanes en 1992, Stanišić emigró a Alemania con su familia. En Cómo el soldado repara el gramófono, Stanišić narra las historias de Visegrado y se refiere a los efectos de la guerra. En esa ciudad a orillas del río Drina —cuyo puente medieval, símbolo de una sociedad multiétnica, fue móvil narrativo de Ivo Andrić— pasó su infancia.

“Uno no regresa, es decir, uno regresa a un punto geográfico, a un lugar emocional, pero no regresas a un lugar familiar —afirmó Stanišić—. Al regresar sólo ves pérdida, ves con los ojos de alguien que tuvo que irse, que fue forzado. No se puede volver a ver a esta ciudad como un lugar cómodo. No puedo sentirme bien en un lugar donde perdí tanto… Me resulta imposible llorar en Visegrado, o quedarme. Después de una semana de estadía siento un enorme vacío. En la ciudad hay dos ríos, pero en verano nadie se baña en ellos porque la gente sabe cuántos cadáveres estuvieron en sus corrientes”.

Saša Stanišić abordó el sentimiento de culpa del sobreviviente: “Se siente cierta culpa. Para mis padres y para mí fue posible salir, pero en la guerra y en la posguerra se perdieron más de tres mil vidas en Visegrado. No hay monumentos para ellos en la ciudad, ninguna placa dice ‘Aquí cientos de mujeres fueron violadas’. Al contrario, erigieron la estatua de un serbio con una espada: me parece una burla”.

Stanišić, que no escribe en su lengua materna sino en alemán, cuenta la guerra desde la visión de un muchacho en Visegrado. En la novela —de trasfondo autobiográfico— Stanišić busca la reconciliación con el pasado. Aleksandar, el protagonista de Cómo el soldado repara el gramófono, tiene doce años y expone la guerra de los Balcanes con su profusa imaginación. Cuando la guerra azota a Visegrado, Aleksandar y su familia huyen. Desterrado, recurre a su ímpetu fabulador para subsistir y conservar los recuerdos. Una imagen de la novela condensa el impulso del escritor: “Camino del hospital, nos detenemos junto al puente porque Ivo Andrić va a saltar a caballo sobre el Drina… Cascos de caballo golpean el asfalto e Ivo Andrić despega”.

Aunque la guerra en la extinta Yugoslavia está en el corazón de la novela de Stanišić —un conflicto bélico que causó más de doscientas mil muertes sólo en Bosnia—, la clave del libro se encuentra en la manera en que el protagonista enfrenta la crueldad con su imaginación.

Aleksandar cuenta las historias de los habitantes de su ciudad natal, así como el tormento de la vida cotidiana bajo asedio. También evoca a su abuelo y al río. En Cómo el soldado repara el gramófono, Stanišić reflexiona sobre la irreversibilidad de la experiencia y constata que “ni el Drina ni las historias son capaces de una cosa: de desandar el camino”.

Durante una conversación con la periodista alemana Kerstin Fritzsche, Stanišić dijo: “La guerra y la fuga se combinaron para convertirme en un eterno viajero, alguien que está en casa en todas partes, y si eso no es posible, en alguien que nunca está en casa en ningún lugar”.

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