Martes, 28 Octubre 2014
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Foro HSBC. Las clases medias: definiciones, datos duros
Este País | Enrique de la Madrid Cordero, Jesús Reyes Heroles G.G., Alejandro Villagómez, Arturo Fernández, Rolando Cordera, Leonardo Curzio | 01.09.2012 | 0 Comentarios

En esta segunda entrega del foro sobre “Las clases medias en México” —organizado por HSBC, el Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC) y el Club Piso 51—, el tema es abordado como un elemento central en la toma de decisiones. Los participantes reflexionan desde distintas posturas pero con igual rigor a fin de describir el perfil de este pujante grupo de la sociedad.

©iStockphoto.com/Benoit Chartron

ENRIQUE DE LA MADRID CORDERO: Muy buenas noches. Bienvenidos al Segundo Foro de Reflexión sobre las Clases Medias. Doy la palabra a Jesús Reyes Heroles.

JESUS REYES HEROLES GG.: ¿Qué son las clases medias? El concepto de fondo es de posición económica, e incorpora dimensiones absolutas y dimensiones relativas. La definición implica factores económicos, políticos, sociales y culturales, así como la estructura y el cambio demográficos propios de un país. El acceso al crédito es un factor muy relevante al definir las clases medias. También hay dimensiones subjetivas, que tal vez son las más interesantes y que tienen que ver con preguntas como: ¿dónde se ubican a sí mismas las familias? y ¿qué considera la comunidad al caracterizar una familia como pobre o como de clase media? Es relevante que, de acuerdo con la encuesta de Banamex,1 26% de las familias se autoclasifican como de clase baja; 19%, de clase obrera; 40%, de clase media-baja; 14%, de clase media-alta, y solo 1% se autodefinió como clase alta. Esto cuando hay estudios que señalan que 50% de las familias están en condiciones de pobreza.

Respecto del ingreso, aunque insatisfactorio —porque es inferior al deseado— durante los últimos años han aumentado el pib y el ingreso de las familias mexicanas. Este aumento del ingreso se ha interpretado como una expansión de la clase media, sobre todo si la línea divisoria entre pobreza y clases medias se define en términos absolutos. Sin embargo, en el fondo lo que ha sucedido es que el crecimiento tanto del pib como de la población, más el cambio en la estructura demográfica y los efectos de programas contra la pobreza, han generado y ampliado mercados, lo que no quiere decir que la estructura relativa de las familias haya cambiado.

La confusión se ha originado por inferencias como la siguiente: si en 2010 el pib per cápita anual fue 123 mil pesos, y si hay 4.1 personas por hogar, según el último censo, entonces el PIB por hogar asciende a 475 mil pesos. Este monto se aproxima bastante al ingreso promedio anual de los hogares según la enigh, que es 407 mil pesos, solo 15% inferior al pib por hogar promedio.

Comparemos este dato con otra variable. El ingreso modal (el que registra el mayor número de familias en la distribución del ingreso) es 81 mil 200 pesos trimestrales —según la misma encuesta. Téngase en cuenta que el umbral inferior de las clases medias por hogar es 83 mil 53 pesos trimestrales, definido en términos de 4.5 a 5 salarios mínimos por hogar.

Ahora bien, el número de familias de las clases medias aumentó entre 1992 y 1996, cuando se inició la crisis, que duró hasta 1998. Como resultado de la recesión, hubo una disminución entre 1996 y 1998, y luego mejoró durante una década hasta 2008, cuando de nuevo se deterioró como resultado de la situación económica de México —derivada de la crisis internacional. En esa ocasión lo hizo en menor medida, debido a que ya existían programas de combate a la pobreza, cuyo origen fue Progresa, que amortiguan el impacto de la recesión sobre las familias.

Sin embargo, el salario mínimo ha aumentado muy por debajo del pib per cápita y del ingreso medio por hogar. Entonces, al definir la línea de pobreza en función de los salarios mínimos ganados por el hogar surgen problemas, porque el salario mínimo ha venido aumentando menos que el ingreso promedio. Esto introduce un sesgo en la definición de las “familias en pobreza”. Obsérvese que durante ese periodo el salario mínimo en términos reales, es decir ajustado por poder adquisitivo, permaneció prácticamente constante. Las familias de clases medias (que ganan entre 4.5 y 5 salarios mínimos o más) aumentaron de 30 a 58% del total en el periodo 1996-2006, para luego disminuir a 52%—como resultado de la crisis de 2006. Ese aumento se debió al mayor ingreso y a la mayor efectividad de los programas contra la pobreza. También es importante notar la gravedad del impacto de una recesión económica sobre las clases medias, pues cuando disminuye el crecimiento económico, aunque sea levemente, muchas familias de clase media regresan a condición de pobreza. En conclusión: (1) el factor fundamental para reducir la pobreza en México y expandir las clases medias es el crecimiento económico acelerado y sostenido; (2) este crecimiento impulsa el mercado interno, lo que a su vez contribuye a sostener el crecimiento; (3) existen cada vez más programas contra la pobreza, pero no para fortalecer las clases medias.

Respecto a este último punto, consideremos el tema del acceso al crédito doméstico. En 2008, México se ubicó en penúltimo lugar de Latinoamérica en cuanto a derrama crediticia al sector privado (representó 21% del PIB), solo arriba de Argentina. En Brasil este porcentaje fue 54% y en Chile 98 por ciento.

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La implementación de políticas de impulso a las clases medias requeriría superar la precariedad fiscal del país:2 en México no se recauda lo suficiente para sustentar una oferta de servicios e inversión a la altura de las demandas de las clases medias. En 2012 el gasto público total de México equivalió a 25.5% del pib; el promedio de la ocde fue de 44.5%. Hay una brecha de 19 puntos.

Para concluir, una tipología de las familias muy útil tiene que ver con dos asuntos: la amplitud de sus preocupaciones sociales y el plazo de sus preocupaciones. Las familias de menores recursos se preocupan por su núcleo familiar básico y por el “día a día”. Conforme ascienden socioeconómicamente, se preocupan ya no solo por su familia núcleo, sino por los padres o hermanos, y amplían su horizonte temporal. Con ingresos aún mayores, se interesan por la comunidad donde viven y miran en un horizonte de dos o tres años. En los niveles socioeconómicos más altos existe una preocupación por la nación y por asuntos globales, con una perspectiva realmente de largo plazo. Esto señala que hay factores y dimensiones de la situación y perspectivas de las clases medias que trascienden lo estrictamente numérico. Muchas gracias.

ENRIQUE DE LA MADRID CORDERO: Muchas gracias, Jesús. Toca el turno a Alejandro Villagómez.

ALEJANDRO VILLAGÓMEZ: El tema no es nuevo. En economía ha empezado a tener mucha más presencia desde hace un par de décadas, en gran parte debido al crecimiento demográfico, el desarrollo en los países, la disminución en pobreza y el aumento en la población con mayor poder adquisitivo. Aparece entonces la idea de que la clase media puede convertirse en un factor para impulsar el crecimiento.

¿Cómo podría suceder esto? Las principales hipótesis al respecto señalan que de la clase media emergen los empresarios que promueven la innovación y el crecimiento económico. Señalan también dos valores: la acumulación de capital humano y la relevancia del ahorro entre la clase media. Asimismo, dichas hipótesis destacan el poder de consumo —en particular el de bienes y servicios de mayor calidad y cuya producción genera rendimientos crecientes a escala— y la capacidad de dar seguimiento a las acciones del Gobierno. Esto último tiene que ver con el llamado consenso de la clase media: en la medida en que hay mayor homogeneidad e igualdad en una sociedad, hay cohesión para promover políticas pro crecimiento.

Las definiciones de clase media tienen que ver con las formas de medirla. Existen las mediciones relativas —por ejemplo, las que dividen a una sociedad en quintiles (por ingreso), definen una media y toman un área alrededor de esa media— y las mediciones absolutas, que buscan un rango que en términos de valor monetario, implique cierto nivel de consumo o de ingreso, o cierto nivel en términos multifactoriales.

¿Cómo ha evolucionado la clase media en el mundo? Existe evidencia de que ha crecido de manera importante. Por ejemplo, un estudio de la ocde considera 145 países que representan la mayor parte de población y del pib, y encuentra que hay alrededor de 1.8 miles de millones de personas de clase media (es decir, con un consumo diario per cápita de entre 10 y 100 dólares, ajustado por paridad de compra): 18% en Norteamérica, 36% en Europa, 28% en Asia y 10% en América Latina. Estudios como este son importantes porque podrían demostrar si efectivamente el consumo está generando un impacto importante en el crecimiento económico de determinados países.

El tema central es saber qué provoca este crecimiento económico: el consumo, la formación de capital humano, los valores… Sin embargo, hay muy pocos estudios rigurosos. En el caso de México, creo que ha aumentado la clase media, pero empobrecida, pues si se observa la distribución del ingreso, la mayor parte de esta población tiene muy bajos ingresos. Pienso que el papel de la clase media será guiar el consumo como promotor del crecimiento. Muchas gracias.

ENRIQUE DE LA MADRID CORDERO: Muchas gracias, Alejandro. Toca el turno a Arturo Fernández.

ARTURO FERNÁNDEZ: El tema es muy importante y su vigencia es síntoma del desarrollo, de la distribución del ingreso, de la estabilidad política, del desarrollo social. Sin embargo, ¿cómo definir el concepto de clase media de manera que lo hagamos operativo? Hay cuatro factores que deben tenerse en cuenta: (1) el propio crecimiento económico, (2) la demografía, (3) la importancia creciente de las transferencias y (4) las remuneraciones ligadas a la seguridad social. Seré más específico acerca de cada uno de ellos.

Aunque el crecimiento económico ha sido muy moderado en las últimas dos décadas, también hay que reconocer que la estabilidad financiera ha permitido un avance casi constante por más de 15 años. Y me atrevo a sugerir que la mejora en el bienestar de las familias, medida por las cuentas nacionales, ha sido subestimada. Las cuentas nacionales, por ejemplo, no reflejan los beneficios de que cientos de miles de personas tengan ahora acceso al crédito formal, ni los beneficios que resultan de gozar de los servicios de liquidez transaccional.

Otro cambio importante es la apertura comercial, que ha reducido el valor nominal de casi todas las mercaderías comerciables internacionalmente. Debido a esto, el poder de compra de esos bienes ha crecido, lo cual permite un aumento en el consumo de ellos pero también libera poder de compra para otros bienes y servicios, en particular bienes duraderos como vivienda. El cambio debió beneficiar más a las familias de bajos ingresos, porque estos bienes tienen un peso específico mayor en su canasta.

Por otro lado, la mejora sustancial en la calidad de los bienes y servicios, producto de la apertura comercial, es un fenómeno importantísimo de las últimas décadas. Por ejemplo, la vida útil de las llantas se triplicó con la introducción de las llantas radiales a fines de los ochenta, pero el inegi solo registró una caída en la producción de llantas. Ignorar estas mejoras conduce a sobrestimar la tasa de inflación y en consecuencia subestimar el crecimiento del ingreso real.

En cuanto a los factores demográficos —para mí los más importantes—, la menor tasa de fertilidad ha originado una transición demográfica y, en consecuencia, una menor tasa de dependencia, así como una mayor participación de la mujer en la fuerza de trabajo. Estos dos fenómenos permiten el goce de bienes y servicios que eran imposibles con familias grandes que dependían de un solo ingreso.

Por otro lado, están las remuneraciones en especie ligadas a la seguridad social y, desde luego, las transferencias públicas (Procampo y Oportunidades), que en la enigh 2010 se incorporan de una manera explícita.

La urbanización también ha sido muy valiosa. En las ciudades, la productividad de cualquier actividad humana es varias veces mayor que en las zonas rurales. Por otro lado, la densidad de los mercados y la competencia consiguen que el costo de cualquier bien o servicio sea mucho menor que en las zonas rurales o semirrurales.

¿Cómo se conecta esto con el problema del desarrollo de México? La mayor pobreza está en las zonas rurales y semirrurales del país. Según la ENIGH 2010, el ingreso total por familia en las zonas urbanas es tres veces superior al de las familias en poblaciones rurales con menos de 15 mil habitantes. Por ello, creo que el combate a la pobreza y el desarrollo de México deberían estar enfocados en conseguir que esos 24 millones de mexicanos que viven en comunidades de menos de 2 mil 500 habitantes se muevan a zonas más densamente pobladas y, obviamente, que ahí encuentren las oportunidades de empleo. Muchas gracias.

ENRIQUE DE LA MADRID CORDERO: Muchas gracias, Arturo. Damos ahora el uso de la palabra a Rolando Cordera.

ROLANDO CORDERA: Celebro que estemos revisitando el tema de las clases medias y su relación con el crecimiento y el desarrollo. Para enfrentar el tema, creo que debemos hacernos cargo de su complejidad. Cada “clase” admite muchos estratos, muchos niveles de propiedad de medios de producción, en términos de Marx, y consecuentemente muchos niveles de ingreso; igualmente, como la historia nos ha enseñado, actitudes y percepciones culturales y políticas muy diversas. De ahí la complejidad del asunto. Y la enorme dificultad que tienen los políticos para construir conjuntos homogéneos que les den confianza.

©iStockphoto.com/Torian Dixon

Hay problemas técnicos. Por ejemplo, los expertos señalan que en la enigh hay un subregistro notorio y significativo pues no incluye a los verdaderamente ricos. Hay también un sobrerregistro en otro tipo de encuestas, las aspiracionales. Ocurre que todos somos clase media. Pasa lo mismo en Estados Unidos y otros países. El blue collar, por ejemplo, se declara clase media. Entonces, si todos somos clase media, lo único que nos queda es que seamos clase alta, y eso no puede ser, por una razón básica: ¿quién va a trabajar?

Es difícil demostrar la expansión de las clases medias en México con un crecimiento menor a 1% del producto per cápita y una concentración del ingreso que se redujo un poco en las encuestas de 1996 y 2006 pero ya no en la de 2008 y mucho menos en la de 2010, años en los que aumentaron los niveles de pobreza como resultado, entre otras cosas, de la gran crisis. Se dice que hubo una pequeña oscilación pero, en realidad, México fue uno de los países cuyo producto, en 2009, cayó más de 6 por ciento.

¿Por qué, entonces, el nuevo interés en las clases medias? Yo pienso que hay una pretensión académica muy legítima de salirle al paso —como lo han hecho otros estudiosos— a la tesis de la polarización inevitable del capitalismo profetizada por Marx. Creo que Marx estaba equivocado en ese sentido; se demostró más o menos pronto. Pero lo que no ha quedado claro es si la polarización que no existe da lugar a sociedades cada vez más homogéneas e igualitarias.

¿Las clases medias pueden ser actores del crecimiento? Son expresiones del crecimiento y del desarrollo, aunque pueden ser protagonistas de nuevas fases de desarrollo y crecimiento por su capacidad de reflexión, de articulación y de detección de problemas y conflictos.

En el caso mexicano se ha insistido que lo importante es que las clases medias son la clave de la estabilidad. No sé de qué estabilidad se está hablando. Yo digo que sí pueden ser actores, siempre y cuando no confundamos estabilidad con resignación. Tenemos un serio problema de desempleo real y en particular de inempleo entre nuestros jóvenes, que están dejando de ser jóvenes para volverse jóvenes adultos en este ambiente de pobreza y desigualdad. Debemos poner a trabajar la máquina del crecimiento económico y la creación de bienes públicos para todos y asegurar las clases medias, como lo propone que la ocde. Si no hacemos eso en los próximos 10 o 15 años, en 2050 ya no tendremos el bono demográfico. Ése es el espacio de oportunidad que nos queda.

Yo agregaría, después de tanto aprendizaje, que también podríamos proponernos un crecimiento que no niegue ni posponga la redistribución del ingreso y la riqueza. Y, en particular, del acceso a los bienes públicos básicos que —según señala el Coneval— sigue estando restringido a pesar de los avances logrados en los últimos 20 años. Muchas gracias.

ENRIQUE DE LA MADRID CORDERO: Muchas gracias, Rolando. Doy la palabra a Leonardo Curzio.

LEONARDO CURZIO: A pesar de que no hemos logrado una definición precisa de lo que es clase media, sí hemos podido determinar efectivamente aquello que puede ayudar a definirla. Un elemento es el ingreso. Uno más, el acceso a ciertos bienes. Pero hay también otros elementos.

En Inglaterra se hicieron diversos estudios sobre las razones por las cuales las clases populares no votan por los laboristas y sí por otras opciones, y se dio con la respuesta de que la gente tiene refrigerador; es decir, la revolución del acceso a los bienes de consumo durable dice que el refrigerador es un elemento diferenciador de las clases populares. El ingreso y el acceso a ciertos bienes determinan la adscripción a una clase social.

Asimismo, se observa un factor espacial: si la ciudad en que se vive tiene un perfil de clase media, los habitantes tenderán a identificarse con ella. Hay otro elemento aspiracional: el cambio nominal de los trabajos. Hay elementos de prestigio y de aspiraciones que no me parecen menores.

Las clases medias son fundamentales para edificar democracias. Al respecto, Tocqueville decía que Estados Unidos —donde hay desarrollo de clases medias— es “el país que menos revoluciones alberga en su seno”. En consecuencia, impulsar la distribución de ciertos bienes y oportunidades tiene muchos efectos benéficos, porque, además, las clases medias poseen una tendencia asociativa importante que controla el poder del Gobierno; son creativas porque buscan movilidad, así como notoriedad y prestigio social; constituyen una masa crítica que permite la deliberación pública, que es el corazón de cualquier democracia moderna. México tiene tales opciones y tales recursos.

Las democracias pueden juzgarse por la calidad de su deliberación pública. Las clases medias contribuyen a mejorar el ámbito económico al enriquecer la calidad de la deliberación pública, porque no son clientelas a la hora de la compra de votos, ni son los propietarios de casi todo en este país. En medio está un conjunto de ciudadanos que deben deliberar, por lo menos, sobre cuatro cuestiones: la vocación externa del país, un gran acuerdo fiscal, la salud y el transporte. Finalmente, nos hace falta, además, un acuerdo nacional de inversión que nos diga en qué vamos a gastar en los próximos años.

Creo que el desarrollo de las clases medias inyecta vigor muy particular a la deliberación pública. Muchas gracias.

ENRIQUE DE LA MADRID CORDERO: Gracias al doctor Curzio y muchas gracias a todos. EstePaís

1 Encuesta Nacional de Valores sobre lo que nos Une y Divide a los Mexicanos (ENVUD), realizada en colaboración con la Fundación Este País.
2 Véase Reyes Heroles, “Hacienda pobre, país pobre”, Nexos, junio de 2010, pp. 44-49.

__________________________

ENRIQUE DE LA MADRID CORDERO
es licenciado en Derecho por la UNAM y maestro en Administración Pública por Harvard. Fue coordinador general técnico de la presidencia de la CNBV, diputado federal en el periodo 2000-2003 y director general de Financiera Rural. Desde agosto de 2010 funge como director ejecutivo de Relaciones Institucionales y Comunicación Corporativa de HSBC para México y América Latina.

JESÚS REYES HEROLES G. G.
es licenciado en Economía por el ITAM y doctor en Economía por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Ha sido embajador de México en Estados Unidos, secretario de Energía y presidente de los consejos de administración de Pemex y la CFE. Fue director general de Banobras y de Petróleos Mexicanos. Actualmente es presidente ejecutivo de Structura y miembro de diversos consejos de administración y consultivos.

ALEJANDRO VILLAGÓMEZ
es licenciado en Economía por la UNAM y maestro y doctor en Economía por la Universidad de Washington. Fue asesor de la Consar, consultor de la Amafore y consultor externo del BID y de la CEPAL. Actualmente es profesor investigador de la División de Economía del CIDE, donde ha sido secretario académico y director de la División de Economía. Su libro más reciente es La primera gran crisis mundial del siglo XXI. Es columnista en el diario El Universal.

ARTURO FERNÁNDEZ
es licenciado en Economía por el ITAM y maestro y doctor en Economía por la Universidad de Chicago. Fue director de Política de Impuestos Directos en la SHCP; director general de la División Académica de Economía, Derecho y Ciencias Sociales del ITAM, y coordinador de asesores del secretario y coordinador del Programa de Desregulación Económica en la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial. Actualmente es rector del ITAM.

ROLANDO CORDERA
es licenciado en Economía por la UNAM y realizó estudios de posgrado en la London School of Economics. Profesor emérito y miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM, es coordinador del Centro de Estudios Globales y de Alternativas para el Desarrollo de México, doctor honoris causa por la UAM y miembro del SNI. Colabora semanalmente en el periódico La Jornada y dirige la revista Configuraciones. Pertenece a la Academia Mexicana de Economía Política.

LEONARDO CURZIO
es licenciado en Sociología, maestro en Sociología Política por la Universidad de Provenza y doctor en Historia por la Universidad de Valencia. Ha sido catedrático en la UNAM y la Universidad Iberoamericana y es profesor visitante de la Universidad de Valencia. Es autor de 5 libros y coautor de 28 más. Ha publicado más de 60 artículos en revistas especializadas. Conduce la primera emisión del programa radiofónico Enfoque y es columnista regular de El Universal.

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