Friday, 19 December 2014
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Ernesto Zedillo: ¿demócrata liberal o asesino?
Blog | Norteando | | 27.03.2012 | 1 Comentario

PatrickCorcoran

Hace unos días en el blog de Letras Libres, Enrique Krauze, el estimado historiador del poder político en México, reflexionó sobre la gestión de Ernesto Zedillo:

Zedillo no fue, por supuesto, el creador de la transición democrática en México. El proceso venía de muy atrás, y en él incidieron intelectuales y artistas, grupos políticos, líderes sociales y ciudadanos. Pero Zedillo —rara avis en la clase política— era un demócrata liberal y entendió las claves de la necesaria transición. Había que acotar el poder del presidente (dando independencia al Poder Judicial, renunciando al ejercicio de facultades extraconstitucionales), propiciar una competencia equitativa entre los partidos, disminuir el predominio económico del Estado, alentar la libertad de prensa y, sobre todo, consolidar la autonomía del Instituto Federal Electoral y del Tribunal Federal Electoral. Todo ello ocurrió. En las elecciones intermedias de 1997, por primera vez en casi 70 años, el PRI dejó de tener mayoría en la Cámara de Diputados, y Cuauhtémoc Cárdenas ganó la Jefatura de Gobierno en el Distrito Federal. Y, en 2000, Vicente Fox ganó la presidencia.

[…]

A diferencia de algunos de sus antecesores, Ernesto Zedillo puede caminar tranquilamente por las calles de México. No robó, no abusó, no mató. Honró, como pocos, la presidencia de México.

Tengo la misma simpatía para el último presidente del PRI, a pesar de la crisis que estalló en diciembre de 1994 y todas sus consecuencias. Sin embargo, no queda duda que muchos lo ven como un mediocre, y lamentablemente, es una etiqueta que comparte con la mayoría de sus antecesores.

He ahí una de las características más sobresalientes de la política mexicana: en la época moderna, no ha habido presidentes héroes en México. Desde el fin de la época revolucionaria, el único  presidente que es visto como un gran hombre de estado por una amplia porción de la sociedad es Lázaro Cárdenas. (Cabe mencionar que cuando hablo de grandeza, no me refiero a los logros específicos de los líderes mencionados, que pueden disgustar por razones de ideología u otros factores, sino su percepción popular.) Desde que salió de la presidencia en 1940, los que han seguido a Cárdenas tienen la fama de ser, con pocas excepciones, una colección de incompetentes, corruptos, y hasta locos (éste último siendo la diagnosis de Gonzalo Santos para Echeverría). Es decir, en 72 años, México no ha visto un gran presidente.

En la cuestión de producir grandes hombres y mujeres de estado, la diferencia entre México y otros países es notable. En Chile, Lagos y Bachelet gozan de una reputación bien ganada como presidentes responsables. En Brasil, Cardoso y especialmente Lula tienen la fama de ser figuras transformacionales, y este último se ha convertido en la estrella más brillante en la política mundial. En Estados Unidos, desde la época de Cárdenas, hay por lo menos tres presidentes típicamente etiquetados como grandes éxitos: Roosevelt, Truman, y Reagan. Hay varios otros, de Eisenhower a Clinton, que disfrutan de una buena reputación. Los fracasos —Bush Jr., Nixon, Carter, y Johnson, aunque solamente en asuntos de política extranjera con éste último— son relativamente pocos.

Se puede culpar a muchos factores por esta ausencia de presidentes mexicanos favorablemente vistos. Creo que la falta de reelección ha tenido un impacto; un presidente que sirve por seis años tiene relativamente poco tiempo para implementar reformas y dejar su huella. Más aún, el PRI fue un partido llevado en gran medida por intereses mezquinos, no por el interés nacional ni mucho menos el interés del pueblo. Los incentivos que guiaban a los priístas más exitosos eran muy distintos de las necesidades del país, por lo cual el sistema producía hombres de segunda en el puesto más importante. De ahí, una serie de presidentes desastrosos como Díaz Ordaz, Echeverría, y López Portillo, y un electorado poco dispuesto a ver grandeza en sus lideres.

Como bien demuestra el caso de Zedillo, esa tendencia predomina aún cuando un presidente realmente sí tiene logros históricos: el último mandatario priísta enfrenta acusaciones frívolas de asesino en lugar de elogios por el avance democrático del país durante su gestión. Desafortunadamente, aunque ya se acabó la época de la dictadura perfecta y los presidentes como los tres mencionados en el párrafo anterior, me parece que la predisposición de resentir al mandamás, tan entendible en su momento, sigue vigente. Es decir, la falta de aprecio para un presidente ya no es producto solamente de un pobre desempeño del mismo ejecutivo.

Otra herencia lamentable de la época priísta.

Una respuesta para “Ernesto Zedillo: ¿demócrata liberal o asesino?
  1. PLD.-Pedro Maximino Maceda Mtz. dice:

    En mi parecer sobre comentarios, considero que cada quien ve las cosas a su manera, para mi Zedillo como lo exponen no fué una blanca paloma por dar paso al Pan el cual nos tiene super vendidos en todos los límites territoriales, como vemos en nuestras playas, Minas, Petroleos y otras cosas más para no poner tenciones en contra y en favor de nadie, yo no creo en ninguno de nuestros gobernantes, todo es para sus familiares y ayegados, por tantas perversidad que existe en nuestros Trabajadores como a su servidor, peleando 20 años de una deuda en contra de SEPDESyC en Sinaloa que a la fecha no me hay liquidado mi Pensión Jubilatoria como debe ser de tal medio hay muchos que no han resuelto, gracias.-Atte. su SS.

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