Thursday, 27 November 2014
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¿Normar o morir?
Blog | E'px | Yásnaya Aguilar | 21.11.2012 | 2 Comentarios

Yasnaya-bio

En el discurso oficial existe una especie de contradicción en cuanto al tratamiento de la diversidad de las distintas lenguas de México. No solo en el discurso oficial, también en los discursos de muchos especialistas y personas involucradas en el fortalecimiento de la diversidad lingüística. Por un lado, se hace una apología de la diversidad, de lo impresionante del número de lenguas que se hablan en el país y de la riqueza que eso implica; esta actitud cambia mucho cuando se habla de realizar acciones concretas en el marco de esta diversidad como diseñar libros de texto, desarrollar abecedarios, etc. En este último caso, la diversidad lingüística interna de las distintas agrupaciones lingüísticas se ve ya no como riqueza sino como un problema: ¿por qué existen tantas “variantes” del mixteco? ¿no sería más fácil hacer un solo libro para todas las variantes del mixteco, muchas ininteligibles entre sí?

El hecho de que el mixe que se habla en cada comunidad sea único e irrepetible comienza entonces a verse como un obstáculo y no como parte de esa riqueza de la que tanto estamos orgullosos. Al parecer la existencia de lenguas distintas se celebra pero no la existencia de tantas variantes de cada una de ellas. A cierto nivel la diversidad es deseable pero a otro nivel es un obstáculo que hay que sortear. Aunque la diferencia entre lo que se considera lengua y variante merece un texto aparte, es importante considerar que bajo la etiqueta “zapoteco” se agrupan sistemas lingüísticos tan diversos entre sí como las lenguas romances, solo que el portugués y el español se consideran lenguas distintas mientras que el zapoteco del Istmo y el de la Sierra se consideran variantes; factores sociales e históricos median esta percepción.

Ante una diversidad en la que el chinanteco es distinto en cada comunidad pues no hay dos comunidades que compartan un chinanteco idéntico ¿cuál es la respuesta? La respuesta es normar la diversidad para que no sea tan diversa, que tanta diversidad después de todo no parece ser deseable. Partiendo de esta idea, se emprenden jornadas, encuentros, congresos y reuniones en los que distintos actores empujan iniciativas con el argumento de que es necesario normalizar las lenguas originarias para poder desarrollar material de escritura y por lo tanto acciones de fortalecimiento.

¿Normar las lenguas originarias es la única respuesta posible ante la diversidad? ¿Una lengua normalizada es más fuerte que una lengua para la que no se ha creado un estándar? No lo creo. Las lenguas no han necesitado ser normalizadas para existir, la falta de normalización no es un problema para los hablantes, de haberlo sido, se hubiera resuelto hace mucho. La normalización es un deseo de sobre todo de entidades gubernamentales que necesitan saber cuántos libros de textos de mixe necesitan elaborar. Sin embargo, la normalización lingüística que después de todo atenta contra la diversidad no es la única solución. Afortunadamente tenemos otras opciones por explorar.

2 Respuestas para “¿Normar o morir?
  1. UBALDO dice:

    Yasnaya, quizás sea necesario analizar la posibilidad de considerar priorizar normalizar la lengua, sacar nuestras lenguas originarias de la marginación ágrafa, donde las ha arrinconado el capitalismo. Ya que la oralidad no ha sido capaz de frenar el desplazamiento, cuestión que sí asegura la muerte de las lenguas. Una forma de escribir no agrede precisamente las variantes del habla, en tanto la escritura puede asegurar el desarrollo de la lengua.
    Jaime, en la situación en que se encuentran nuestras comunidades indígenas hoy, el uso cotidiano de las lenguas no es sana, está plegada de préstamos, ha perdido espacios de uso,no se le reconoce como forma de comunicación en el aspecto educativo y de justicia. Las comunidades sí han perdido en gran medida sus modos de vida, existe en ellas la corrupción, la división, el acoso criminal del estado tiene resultados terribles. Apuesto por la escritura como trinchera en esta guerra a muerte del estado y sus instituciones,contra nuestra cultura.

  2. Jaime Luna dice:

    Yo creo, Yasnaya, que efectivamente normalizar es ir en contra de la diversidad. Si lo vemos desde la comunidad, podríamos encontrar un argumento de tipo social para la reproducción de sus lenguas. Las comunidades no han perdido su modo de vida, en virtud, de que su organización es local.Es decir, lograr mantener ciertos márgenes de autonomía, territorial, política, y en este caso, linguística, porque usan cotidianamente su lengua. Esto es una fortaleza comunitaria, el uso directo y cotidiano de su lengua.Lo que deseo explicar es que, si la comunidad se conserva, es por sus relaciones cara a cara, por ello esa es una fortaleza para la conservación de su lengua.

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