Viernes, 19 Septiembre 2014
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Como un té que hierve en la tetera
Blog | El Domador De Polillas | Lecturas | Rocío Franco | 28.02.2011 | 1 Comentario

Marge Piercy es una poeta, novelista y ensayista nacida en Detroit en 1936 en el seno de una familia de ascendencia judía. Su familia sufrió los embates de la Gran Depresión, razón por la que su padre estuvo desempleado durante bastante tiempo.

Piercy, Marge, Ventana de la mujer en llamas,
José Vicente Anaya (trad.),
México: UAEM, 1988.

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Foto tomada del sitio oficial de Marge Piercy www.margepiercy.com

De esta época Marge dice recordar una infancia “razonablemente feliz”, aunque  estaba acosada por la pobreza y la enfermedad, motivos que la hicieron refugiarse en los libros y en las historias judías que le contaban su abuela Hannah y su madre.

Es la misma Piercy quien acredita a su madre por haberla hecho poeta, pues dice que era una mujer muy imaginativa y de ávidas lecturas. Marge fue la única de su familia que hizo una carrera universitaria, aunque con muchas dificultades y el apoyo de varias becas.

Fue gracias a su primer matrimonio que logró viajar a Francia y vivir con cierto desparpajo. Una vez terminado su matrimonio, tuvo que regresar a Chicago, en donde tuvo un periodo bastante difícil en el que se desempeñó en distintos oficios para salir adelante, como secretaria, telefonista, empleada de almacén, modelo para artistas, entre otros, sólo así logró sobrevivir y seguir escribiendo.

Fue en este periodo en donde comenzó su labor como activista de los movimientos raciales y feministas en Estados Unidos. Ella siempre ha tenido una carrera política, pues dice que le incomoda sentirse un ser invisible, razón por la cual ha luchado de manera infatigable a través de los años, ya sea con su trabajo literario o como activista. En la actualidad vive con su tercer esposo Ira Wood, en Wellflet en Cape Cod, Massachusetts.

Se le ha considerado poeta beat por sus poemas de verso libre y sus temáticas, aunque en sentido estricto no está relacionada con ellos. Sus poemas son duros y crudos, desnudos de una fragilidad que sólo puede escribir una mujer, aguerridos y femeninos —valga la redundancia.

Hablamos de una mujer que no quiere estar supeditada a su hombre, de una mujer que necesita su propio lugar en el mundo, que no quiere ser ignorada, como ella misma dice, que “no es invisible”. Sus poemas son libres y frescos, esta mujer se pone al servicio de sus deseos, que no tienen que ser los de aquel a quien ama. De forma sorprendente ella se compara con objetos inermes, pero no por ello muertos. Ella es un té que hierve en la tetera, no se arredra al manifestarse; dice lo que tiene que decir, con la intensidad con la cual quiere hacerlo. Es una niña que observa desde su carruaje-carrusel o una mujer inconveniente. Ella es una ciudad de gorriones envueltos en llamas, dispuestos a dispersar su intensidad sobre cualquier lánguido día de solsticio.

Conocí los poemas de Marge Piercy gracias a José Vicente Anaya que tuvo el bondadoso gesto de darnos a conocer el trabajo de excelentes poetas estadounidenses y de otras latitudes cuando era jefe del departamento editorial de la Universidad Autónoma del Estado de México. Esta edición que poseo y que llegó a mis manos en el rebusque habitual que hago de las librerías de segunda mano se llama Ventana de la mujer en llamas, de 1988.

Entre sus obras poéticas se pueden mencionar: To Be of Use (1973); Living in the Open (1976); The Twelve-Spoked Wheel Flashing (1978); The Moon is Always Female (1980). Y entre sus novelas: Dance the Eagle to Sleep (1970); He, She and It (1991); City of Darkness, City of Light (1996); Storm Tide (escrita con su esposo Ira Wood, 1998), y Sex Wars (2005).

ToBeOfUse-thumb
Del libro To Be of Use, 1973
:

Conflictos de la fortuna
Como una invisible ciudad de gorriones
he crecido. Relojes mis pechos se tornaron.
Y hallé ceremonias en mis sueños.

Tal vez vivíamos durante el sol de octubre.
Las calles, pausadamente, hervían como
retortas de laboratorio. Tú me tomaste
de la mano. Era una tarde-calabaza
con cáscara brillante y una sonrisa recortada.
Corrimos por las escalinatas.
Me tocaste y volé.
Plumas color índigo y naranja
cayeron de mi piel. Rodé sobre
tu rústico cabello de muñeca de trapo.
Te chupé, maduro albaricoque,
hasta el corazón. Y sentados
de piernas cruzadas en la cama,
con burdos pespuntes, hilvanamos
en charlas nuestras vidas.

Todo ese encanto se rompió, es cierto,
pero mis brazos ardieron
con las chispas de aquella sidra sol.
Ahora sueño alas de bronce
y leopardos afelpados.
No nos unió el verdadero tacto
sino la química falsa de palabras.

El reflejo de un frío sol me quema ahora
y, el día entero, mi energía musita
como un té que hierve en la tetera.

Sitio oficial Marge Piercy: http://www.margepiercy.com/

Una respuesta para “Como un té que hierve en la tetera”
  1. Lucrecia dice:

    Leí a Marge Piercy, Mujer al Borde del Tiempo, hace años, en mi adolescencia, recomendada por una maestra de literatura de esas que lo dejan marcado a uno, y me impresionó. Es un libro sobre el cual no he dejado de pensar jamás. Las imágenes que evocó en el pasado siguen reverberando aún hoy. Gracias por traer a la luz a esta autora con cosas tan interesantes que decir.

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